Capítulo 4, Ya de mi, no conseguirás nada.

1464 Words
El abogado la convención de recibir parte del dinero que le dejó su hermana para pagar el resto de la deuda de la casa, se sintió bien y estaba feliz, también aprovecho de preguntarle a Damaso sobre el Cubo Negr*. —Entonces aceptarás solamente lo que le corresponde a Liam por manutención? —Si, solo eso, aunque,quisiera saber del Cubo Negr*. —¿Quien te dijo del Cubo Negr*? —Bueno Liam me lo dijo, que así se llama la casa donde vivía con mi hermana, ¿cuál es el misterio? El abogado aclaró su garganta, aflojó su corbata y dijo. —Bueno si, asi se llama y si, es la casa que te dejó tu hermana…Celeste, te digo muy sinceramente, esa casa es muy valiosa, sólo que la compró con su esposo por eso, ese bien inmueble está compartido, pero si tu la rechazas le será cedida esa parte a él. Yo no quiero hablar más de la cuenta, pero…solo piensa que si tu hermana te lo dejo a ti es por algo. — ¿Y qué tan bueno o malo es ese señor el viudo de mi hermana? Damaso se puso nervioso con la pregunta si le decía la verdad ella rechazaría todo de una vez. —Celeste solo te diré que si tu hermana te lo dejó a ti, debes apreciarlo. El abogado miró a Celeste fijamente a los ojos, era como diciéndole que cometía un error si no lo aceptaba. —Está bien, está bien, aceptaré la casa solo por Liam, ahora ayúdeme a sacar a Harold de mi casa, porque no pienso dejar lo que con tanto esfuerzo logré. —Muy bien eso es pan comido, ¿trajiste tus documentos? —Si, quiero que se vaya lo más pronto posible. El abogado asintió y recibió los documentos. Al pasar algunos días Damaso le entregó una orden de desalojo a Celeste, para que Harold saliera de su casa. Ese día ella llegó de haber dejado al niño en el colegio y estando a solas con él le pidió conversar. —Harold, necesito hablar contigo. El estaba cocinando, llevaba puesto un delantal y sobre la mesa estaba la tabla de picar con algunos vegetales. —Si claro puedes hablar mientras sigo cocinando. —No, no, ven y siéntate aquí es algo serio. —Pero estamos solos, no está Liam puedes hablar desde allí. Celeste no quería discutir, pero tampoco le quería dar largas al asunto así que fue directa, sacó el papel y lo colocó en la mesa y le dijo. —Esta es una orden de desalojo, quiero que te vayas hoy mismo de mi casa. —Pero…—se quitó el delantal y se acercó a la mesa para ver el papel— esta es mi casa también, no puedes… —No es tu casa yo la termine de pagar, tu no tienes ningún derecho sobre este inmueble. Harold se mantuvo en silencio leyendo la orden. Celeste comenzó a caminar para ir a su habitación pero él le habló y ella se detuvo. —Vamos a negociar Celeste. Yo me voy y te quedas con la casa y con liam, pero renuncia al Cubo Negr* y tu parte me la den a mi. Celeste se detuvo y pensó rápidamente, que algo tenía esa propiedad, algo muy valioso como para que estos hombres lo quisieran, entonces ella entendió la insistencia del abogado en hacer que recapacitara en su decisión. —No pienso negociar eso, tienes una hora para que te vayas de mi casa. —Entonces quédate con el Cubo Negr* y Liam y a mi me dejas está casa Celeste no tengo dinero ni a donde ir. —No voy a ceder nada ni a dejarte nada —Eres una obstinada y egoísta, nada te cuesta dejar algo para mí, Celeste tengo muchas deudas, por favor. —No tengo por qué hacerlo, no es mi problema que andes apostando para perder. —Celeste aún soy tu esposo, solo te pido ayuda. Estoy en bancarrota. —No es mi problema, antes fui una estúpida que cayó en tus juegos y manipulaciones, pero ahora, estoy completamente clara de quién eres y que quieres, pero ya de mi no conseguirás nada. —No, no, tu no me vas a dejar en la calle y sin nada. —Tu solito tomaste tus decisiones Harold, a quien engañaste, humillaste y abandonaste fue a mi o es que se te olvidó. Harold se sintió perdido, no encontró la manera de seguir manipulando a Celeste, necesitaba un lugar para vivir y ganar dinero. Así que dejó todo tirado y se fue al lugar donde le podían solucionar el problema. Llegó a la casa de las apuestas, un lugar muy reconocido, pero peligroso, allí podías ganar mucho o perderlo todo y apostar lo que sea(...) No solo Harold la estaba pasando mal, Baltazar estaba destruyendo todo en su oficina porque Manuel le había informado sobre la decisión del Cubo Negr0 y la heredera había decidido quedarse con su parte. —Quiero saber ¿quién demonios es? —La identidad nos la revela el día de la cita. —Pero qué puta madre están tramando, juro que ese malnacido no va a querer estar en el Cubo Negr* y llorando me va a pedir clemencia— Baltazar gritaba enfurecido. Para quitar su molestia llamó a sus mejores hombres, sería día de cobros, así que con sus mejores vestimentas se fueron al club de apuestas. Siempre se sentaban en el área VIP, pero nadie sabía quién era el jefe ya que quedaba en alto. Allí estaban los cuatro hombres vestidos con sus trajes negr0s hechos a medida, de aspecto intimidante, se podía notar algunos tatuajes en el cuello y nudillos de las manos, nadie, absolutamente nadie podía acercarse a esa área, pero desde lejos sabían que en ese grupo rondaba el jefe. Uno de los trabajadores le indica a los hombres que Harold había llegado, seguramente a pagar lo que debía. Baltazar le hace seña a Renzo, su mano derecha para que se haga cargo del tipo. Renzo acudió a la solicitud de Harold, pero este solo quería apostar nuevamente. —No, el jefe te dió hasta hoy para pagar ya no puedes apostar o mejor dicho no tienes nada para apostar. Y no anda de buen humor, la última vez nos diste mal la información. —Solo pido jugar una sola vez y lo que gane lo daré como pago de mi deuda. Y prometo indagar mejor. Renzo hizo una seña y desde la zona VIP le dieron permiso para que subiera a Harold. El creía que estaba recibiendo un trato especial, ni siquiera se imaginaba lo que le esperaba. —Creo que hoy tendrás un trato especial con el jefe— Dijo Renzo riendo con maldad —Solo quiero apostar para poder pagar. Harold veía a tres hombres frente a él, pero no sabia cual de todos era el jefe Baltazar se carcajeo, le pareció gracioso escuchar la estupidez que dijo Harold lo estaba viendo a través de una pantalla.Un hombre vestido de n***o se acercó y le dijo —Jefe ya está todo preparado. —Perfecto tendremos acción temprano, llevenlo al sótano. —Quiero apostar, algo muy grande y valioso—Harold se veía y se sentía desesperado, cosa que percibió Baltazar en un instante. —A ver dime, ¿qué apuestas? se breve porque te están esperando en el sótano—dijo Renzo. —Es una propiedad grande, recién pagada al banco. Baltazar frunció el ceño y con burla le dijo. —Para qué quiero una casa si tengo mejores propiedades. La voz se escuchó por un micrófono y Harold entendió que el tipo que tenía frente a él no era el jefe. Renzo lo amenazó con un arma y lo llevó al sótano. Baltazar bajó muy rápido al sótano, antes de entrar al cuarto donde estaba Harold se quitó el saco y arremangó la camisa, se colocó unos guantes de cuero fino, colocó un pasamontañas y luego agarró un balde con agua, entró y se lo lanzó al hombre que estaba amarrado a una silla, agarró un cable de electricidad y lo colocó en un costado descargando voltajes en el pobre Harold. Harold estaba asustado, pero se mantenía firme. Baltazar realizó varias descargas en el cuerpo, este ya estaba agotado una descarga eléctrica más y ya no la iba a resistir, entonces se acercó a la mesa y agarró un bisturí, caminó alrededor del hombre mientras decía. —Esto les pasa a los traidores, a los que no respetan, a los que creen que pueden destruirme, a los que hablan de más. Quiero que te grabes esto gusano, por que lo pensaras mil veces antes de volver a deber dinero y menos a mi.
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