El trayecto hasta la casa de mi tía Caroline se siente más largo de lo que realmente es. No porque la distancia sea mucha, sino porque dentro de mí todo pesa más de lo normal. Las palabras que no dije, lo que callé frente a Vlad, frente a mi hermano. Todo arde dentro de mí, pero afuera finjo serenidad, dureza, impasibilidad. Finjo ser un hombre que no le duele la distancia que ha tomado desde La Subasta, que no le pesa separarse de sus hermanos y hermana, que se siente enaltecido por seguir arrastrando el orgullo que al principio abrió la brecha entre todos ellos conmigo. No hay orgullo. Ya no hay nada en mi corazón que alimente ese sentimiento que una vez me dominó. Solo hay resignación en mí, y creo que mi zmeya lo nota. Ella siempre lo nota, aunque no me diga nada, aunque solo me mir

