El despacho de la tía Caroline está ordenado como siempre, por el poco uso que le da. Todo el interior está lleno de una calma que podría agradecer, pero no con la tormenta que hay dentro de mí. Al verla sentarse en el sofá los dos imitamos la acción, quedando frente a ella. —Esa niña… —comienza a hablar y mi corazón salta, porque no creí que fuese a tocar el tema tan rápido—. La conozco. «Ejemplar F-8258» —dice muy segura de sus palabras, con la voz quebrada por la misma rabia contenida, mirando los ojos de Ariel—. Así la llamó esa desgraciada de subastadora cuando dio inicio a La Subasta. —Sí —dice mi zmeya, no la contradice porque no tiene caso mentirle, aunque por su cabeza se pregunte cómo carajos es que mi tía sabe esa información—. Es ella. Los ojos de mi tía Caroline vuelven h

