No sé cuánto tiempo pasa conmigo abrazando y consolando a Christopher, solo tengo claro que él sigue temblando entre mis brazos, como si el cuerpo le fuera a colapsar de pura emoción contenida, de todo lo que lleva cargando y que por fin se rompió. Las dudas, esas que no dejan de bombardear mi mente con su estado de salud, me gritan, me abruman. Veo a Chris sintiendo que esto, el secreto de sus padres, era la última línea que lo sostenía en pie. El último obstáculo para soltarlo todo. Yo lo sigo sosteniendo. No me atrevo a moverme ni a decir nada más de lo que ya dije. Le acaricio el rostro con mis pulgares, lo beso donde puedo, le doy calor con mis manos, con mi pecho y con mis piernas rodeando su cuerpo, como si así pudiera protegerlo del mundo. Por un momento, uno donde ignoro lo

