Salgo del despacho con el corazón apretado, no porque necesite ver a mi pequeña niña, sino porque siento que Christopher necesita un momento a solas con su tía. En este instante siento que estamos en un punto donde todo nos puede explotar de repente. No sé por qué tengo esa sensación. Podría quedarme afuera del despacho y escuchar, pero no soy eso. No soy la que traiciona de esa manera. Ganas no me faltan, porque mis presentimientos son muy fuertes, por la manera en que Christopher me miró y no le detuvo, su silencio, su tensión, su forma de tragarse las palabras. Incluso su propio semblante y todo lo demás que he notado y callado. Lo sé. Sé que me oculta algo y que no es actual. Y no me refiero a lo típico, no son mis celos hablando, no son las inseguridades que a veces se me cuelan

