Cuando las luces rojas del auto desaparecen en la rampa me quedo solo en la penumbra del estacionamiento, con las manos temblando de furia y el corazón convertido en ruinas. La gritos y golpes de Ariel en el carro hacen un eco en mi cabeza. Me sacuden, me siento temblar con la angustia, el dolor por ella. La parte de mí que es devota a mi mujer sufre y quiere ir detrás, para aliviarle todo. Pero la parte de mí que necesita desahogarse no me lo permite. Estoy saturado, abrumado. Si voy con ella voy a romper mi promesa de cuidarla pase lo que pase. Camino hasta mi auto, necesito salir de aquí. Si todo hubiera salido bien, estaríamos yéndonos juntos de este edificio que lo cambia todo en nuestras vidas. Pero no todo salió bien, o mejor dicho, terminó. Ariel cumplió su parte. Eliminó

