—¿Vas a empezar a contarme o tengo que sacarte las respuestas a putazos? —gruño rabiosa cuando entramos al área del gimnasio. El ático donde nos escondemos es enorme. Tiene dos pisos y en la planta baja hay un gimnasio, además de un jacuzzi. Uno en el que he querido meterme desde que nos trasladamos aquí, pero que por algún motivo, no lo he hecho. «Y no será el día, parece. Tengo cosas que saber con urgencia». Christopher se gira un poco para dedicarme una sonrisa pedante y soberbia. —Siempre tan sobrada de ti misma, zmeya. ¿Crees que puedas? Ruedo los ojos y me cruzo de brazos. Él se aleja un poco, se mueve hasta una de las esquinas, donde empieza a quitarse la chaqueta del traje que lleva puesto. —Si no empiezas a hablar, puede que te lleves una sorpresa. Mi tono de voz deber

