Respiraba boca arriba. No podía abrir los ojos, otra vez estaban sellados como aquella vez que habían cambiado de color. Sus muñecas ya no se sentían presionadas por las sogas, y el cuerpo lo tenia recostado sobre algo tan cómodo. El pecho le ardía. Otra vez fue arrastrada por otro sueño profundo. —¿Crees que sanará?—escuchó la voz de Barbara, cuando poco a poco iba recuperando el conocimiento, pero seguía adormecida. —Le hemos puesto la sangre de todas las razas, fue nuestra única opción.—le respondió Travis, con un tono cansado. —¡Eso puede ser peligroso para la salud de ella! Puede que dejarle secuelas.—lo regañó Barbara. —Es imposible que eso le suceda.—le negó él. —¿Cómo estás tan seguro?¿Acaso eres Nectisaled?—largó la mujer, con su voz sarcástica—¡Ja! Hazme el favor de marchar

