❝CALLEJÓN DIAGON.❞
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
Los mellizos no habían estado antes en Londres. Aunque Hagrid parecía saber adónde iban, era evidente que no estaba acostumbrado a hacerlo de la forma ordinaria.
Se quedó atascado en el torniquete de entrada al metro y se quejó en voz alta porque los asientos eran muy pequeños y los trenes muy lentos.
-No sé cómo los muggles se las arreglan sin magia -comentó, mientras subían por una escalera mecánica estropeada que los condujo a una calle llena de tiendas.
-Es aquí -dijo Hagrid deteniéndose- El Caldero Chorreante. Es un lugar famoso.
Era un bar diminuto y de aspecto mugriento. Si Hagrid no lo hubiera señalado, Hydra no lo habría visto.
-No parece para nada un lugar magico... -le susurró Hydra a Harry quien asintió.
Para ser un lugar famoso, estaba muy oscuro y destartalado. Unas ancianas estaban sentadas en un rincón, tomando copitas de jerez. Una de ellas fumaba una larga pipa. Un hombre pequeño que llevaba un sombrero de copa hablaba con el viejo cantinero, que era completamente calvo y parecía una nuez blanda. El suave murmullo de las charlas se detuvo cuando ellos entraron. Todos parecían conocer a Hagrid. Lo saludaban con la mano y le sonreían, y el cantinero buscó un vaso diciendo:
-¿Lo de siempre, Hagrid?
-No puedo, Tom, estoy aquí por asuntos de Hogwarts -respondió Hagrid, poniendo la mano en el hombro de Harry y obligándole a doblar las rodillas.
-Buen Dios -dijo el cantinero, mirando atentamente a los hermanos- ¿Ellos... puede ser...?
El Caldero Chorreante había quedado súbitamente inmóvil y en silencio.
-Válgame Dios -susurró el cantinero- Hydra y Harry Potter... todo un honor.
Salió rápidamente del mostrador, corrió hacia Harry y le estrechó la mano, para despues hacer lo mismo con Hydra.
-Bienvenidos.
-Gracias.. -se apresuró s decir Hydra.
Hagrid estaba radiante.
Entonces se produjo un gran movimiento de sillas y, al minuto siguiente, Hydra y Harry estaban estrechando la mano de todos los del Caldero Chorreante.
Un joven pálido se adelantó, muy nervioso. Tenía un tic en el ojo.
-¡Profesor Quirrell! -dijo Hagrid- Harry, el profesor Quirrell te dará clases en Hogwarts.
-P-P-Potter -tartamudeó el profesor Quirrell, apretando la mano de Harry- N-no pue-e-do decirtes l-lo contento que-e estoy de co-conocerlos.
-¿Qué clase de magia enseña usted, profesor Quirrell?
- D-Defensa Contra las Artes O-Oscuras -murmuró el profesor Quirrell- N-no es al-algo que u- ustedes n-necesiten ¿verdad, P-Potter? -soltó una risa nerviosa- Están reuniendo el e-equipo, s-supongo. Yo tengo que b-buscar otro l-libro de va-vampiros.
Al fin, Hagrid se hizo oír.
-Tenemos que irnos. Hay mucho que comprar. Vamos.
Hagrid los llevó a través del bar hasta un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos.
Hagrid miró sonriente a Harry
-Se los dije, ¿verdad? Les dije que eran famoso. Hasta el profesor Quirrell temblaba al conocerlos aunque te diré que habitualmente tiembla.
-¿Da clases de verdad? ¿En ese estado? -preguntó Hydra.
-Sí. Pobre hombre. Una mente brillante. Estaba bien mientras estudiaba esos libros de vampiros, pero entonces cogió un año de vacaciones, para tener experiencias directas... Dicen que encontró vampiros en la Selva Negra y que tuvo un desagradable problema con una hechicera... Y desde entonces no es el mismo. Se asusta de los alumnos, tiene miedo de su propia asignatura... Ahora ¿adónde vamos, paraguas?
Hagrid, mientras tanto, contaba ladrillos en la pared, encima del cubo de basura.
-Tres arriba... dos horizontales... -murmuraba- Correcto. Un paso
atrás.
Dio tres golpes a la pared, con la punta de su paraguas. El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
-Bienvenidos al callejón Diagon.
Hydra sonrió, eso si que era magia. Entraron en el pasaje.
-Vayamos primero a conseguir el dinero.
Varios chicos de la edad de los hermanos pegaban la nariz contra un escaparate lleno de escobas.
-Gringotts -dijo Hagrid.
Habían llegado a un edificio, blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había...
-Sí, eso es un gnomo -dijo Hagrid en voz baja, mientras subían por los escalones de piedra blanca. El gnomo era una cabeza más bajo que Hydra.
Tenía un rostro moreno e inteligente, una barba puntiaguda.
Dos gnomos los hicieron pasar por las puertas plateadas y se encontraron en un amplio vestíbulo de mármol. Un centenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, detrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuentas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes. Las puertas de salida del vestíbulo eran demasiadas para contarlas, y otros gnomos guiaban a la gente para entrar y salir.
-Buenos días -dijo Hagrid a un gnomo desocupado- Hemos venido a sacar algún dinero de la caja de seguridad del señor Harry y Hydra Potter.
-¿Tiene su llave, señor?
-La tengo por aquí -dijo Hagrid, y comenzó a vaciar sus bolsillos sobre el mostrador- Aquí está -dijo Hagrid, enseñando una pequeña llave dorada.
El gnomo la examinó de cerca.
-Parece estar todo en orden.
-Y también tengo una carta del profesor Dumbledore -dijo Hagrid, dándose importancia- Es sobre lo-que-usted-sabe, en la cámara setecientos trece.
El gnomo leyó la carta cuidadosamente.
-Muy bien -dijo, devolviéndosela a Hagrid- Voy a hacer que alguien los acompañe abajo, a las dos cámaras. ¡Griphook!
Griphook era otro gnomo. Siguieron a Griphook hacia una de las puertas de salida del vestíbulo.
Griphook les abrió la puerta. Estaban en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas.
Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron (Hagrid con cierta dificultad) y se pusieron en marcha.
Al principio fueron rápidamente a través de un laberinto de retorcidos pasillos. El carro iba tan rápido que Hydra prefirió cerrar los ojos y agarrar la mano de Harry.
-Lily... ya llegamos -le susurro Harry apretando su mano.
Hydra abrió los ojos y vio una pequeña puerta.
Griphook abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Dentro había montículos de monedas de oro. Montones de monedas de plata. Montañas de pequeños knuts de bronce.
-Todo es de ustedes -dijo Hagrid
sonriendo.
Hydra pasaba su mirada de las monedas a Harry sin poder creerlo.Hagrid les dio una bolsa a cada uno para que pongan una cantidad.
-Las de oro son galeones -explicó- Diecisiete sickles de plata hacen un galeón y veintinueve knuts equivalen a un sickle, es muy fácil. Bueno, eso que guardaron será suficiente para un curso o dos, dejaremos el resto guardenlo para ustedes -se volvió hacia Griphook- Ahora, por favor, la cámara setecientos trece. ¿Y podemos ir un poco más despacio?
-Una sola velocidad -contestó Griphook.
Hydra protestó al escuchar la respuesta.
. . .
Después de la veloz trayectoria, salieron parpadeando a la luz del sol, fuera de Gringotts.
-Tendrían que comprar el uniforme -dijo Hagrid, señalando hacia «Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones»- Oye ¿les importa que me dé una vuelta por el Caldero Chorreante? Detesto los carros de Gringotts. -todavía parecía mareado, así que Hydra y Harry entraron solos en la tienda de Madame Malkin.
Madame Malkin era una bruja sonriente y regordeta, vestida de color malva.
-¿Hogwarts, guapos? -dijo, cuando Harry empezó a hablar- Tengo muchos aquí... En realidad, otro muchacho se está probando ahora.
En el fondo de la tienda, un niño de rostro pálido y puntiagudo estaba de pie sobre un escabel, mientras otra bruja le ponía alfileres en la larga túnica negra. Madame Malkin les dijo que primero iban a medir a Harry y despues a Hydra asique la muchacha se puso a recorrer el local.
-Hola -dijo el muchacho hablandole a Harry- ¿También Hogwarts?
-Sí -respondió Harry.
-Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas -dijo el chico- Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carrera. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera.
-¿Tú tienes escoba propia? -continuó el muchacho.
-No -dijo Harry.
-¿Juegas al menos al quidditch?
-No -dijo de nuevo Harry, preguntándose qué diablos sería el quidditch y pensando en que si su hermana estuviera al lado ya le hubiese dicho que se callara.
-Yo sí. Papá dice que sería un crimen que no me eligieran para jugar por mi casa, y la verdad es que estoy de acuerdo. ¿Ya sabes en qué casa vas a estar?
-No -dijo Harry, sintiéndose cada vez más tonto.
-Bueno, nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Te imaginas estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no te parece?
-Mmm -contestó Harry, mirando a su hermana.
-¿Quién es? -preguntó el muchacho mirando también a Hydra.
-Mi hermana.
-¡Pense que era una Weasley! -Harry no sabia que contestar asi que no respondió- ¡Oye, mira a ese hombre!-Hagrid estaba allí, sonriendo a Harry y señalando tres grandes helados, para que viera por qué no entraba.
-Ése es Hagrid -dijo Harry, contento de saber algo que el otro no sabía-Trabaja en Hogwarts.
-Oh -dijo el muchacho- he oído hablar de él. Es una especie de sirviente, ¿no?
-Es el guardabosques -dijo Harry.
-Sí, claro. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama.
-Yo creo que es estupendo -dijo Harry con frialdad.
-¿Eso crees? -preguntó el chico en tono burlón- ¿Por qué está aquí contigo? ¿Dónde están tus padres?
-Están muertos -respondió en pocas palabras. No tenía ganas de hablar de ese tema con él.
-Oh, lo siento -dijo el otro, aunque no pareció que le importara- Pero eran de nuestra clase, ¿no?
-Eran un mago y una bruja, si es eso a lo que te refieres
-Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no te parece? No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres. Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya te imaginarás. Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos. Y a propósito, ¿cuál es tu apellido?
Pero antes de que Harry pudiera contestar, Madame Malkin dijo:
-Ya está listo lo tuyo, guapo.
Y Harry, sin lamentar tener que dejar de hablar con el chico, bajó del escabel y se acercó a su hermana.
-Te toca -le dijo señalando donde antes el estaba- Te espero afuera con Hagrid.
-Hola -saludo Hydra al rubio.
-Hola, ¿Eres la hermana de él? -preguntó mirando por donde se habia ido Harry.
-Si, ¿Por que? -preguntó de forma desafiante.
-Nada -dijo el muchacho sonriendo por la forma en la que lo habia atacado al preguntale eso- ¿Cual es tu nombre?
-Hydra.
-Draco. Me gusta tu nombre.
-Bueno el tuyo no esta tan feo -Hydra rio.
-Ya esta lo tuyo, guapo -dijo Madame Malkin.
Draco antes de irse se giro para ver a Hydra.
-Creo que vamos a quedar en la misma casa. Nos vemos.
Hydra no entendio eso de la casa pero no dijo nada.