No me niego y después de que él abriera la puerta, me adentro al interior y nos quedamos mirándonos durante unos segundos para después soltar una risa cómplice. — Supongo que no vas a tu casa— murmura a la vez que le baja el volumen a la radio. Sin dejar de sonreír, niego la cabeza. — Aunque parezca una locura, iba en camino— me encojo de hombros bajo su atenta mirada—. Sólo quería pasar a ver como estaba después de dos años. — Solía pasar por allí hasta hace unos meses— su confesión me hace regresar la vista a él, ahora llevaba una sudadera gris y un pantalón de chándal del mismo color, las mangas de la sudadera iban arremangadas hasta el codo dejándome obtener una vista de sus tatuajes—. Hay una familia en ella. Hace un año están viviendo allí. — ¿En serio?— Aiden asiente—. Vaya, es

