Capítulo 8: Confesiones

2793 Words
CHARLOTTE En un mes las cosas habían cambiado drásticamente. Desde mi relación con Aiden hasta las cosas en casa. Elizabeth hace un mes se había ido junto a su madre y Jackson, su hermano a vivir a Australia, si bien yo pensé que era solo un viaje, ella me había informado sobre ello a través de una pantalla. Estuve enojada con todo el mundo—aunque parezco siempre estar enojada con el mundo— durante una semana. Con el tiempo comenzaba a superarlo, ya que no vería a mí amiga vaya a saber por cuánto tiempo y aquello sólo sirvió para que Aiden empezara a ganarse mi confianza, solo lo veía como un conocido, pero en un mes se puede decir que me hizo de gran compañía. En cuanto a las cosas en casa, James había dejado de golpearme cuando vi las maletas de mí hermano mayor de vuelta en casa, Christian, quien parece haber vuelto para quedarse y en varias ocasiones me había salvado.  Su presencia me salvó. Mi hermano mayor había decidido irse de casa cuando mamá decidió rehacer su vida junto a aquel hombre repugnante, hice mal en no haberme largado con él. Christian era diez años mayor que yo y todos en casa estábamos felices, excepto James, por supuesto, ninguno de los dos podía verse. Las cosas estaban en paz y me atrevía a decir que en gran parte me siento feliz, aunque temo que esa felicidad no dure por mucho tiempo. — Hola, bombón — susurra Aiden cerca de mí, causando que me sobresalte. Ya me había acostumbrado a su apodo, no tuve opción y aunque sigue molestando, ya no lo hace como antes. — Hola. Él toma asiento a mí lado y solo se limita a observarme a la vez que esboza una sonrisa. — Comienzo a pensar que mi presencia te molesta. Entrecierro los ojos y él me mira divertido. — Es solo tu imaginación— respondo irónica. Él ríe y hace que sonría también, quien hace un mes creía un completo idiota ahora ríe, habla e incluso me canta la mayoría de las veces causando que me ruborice irremediablemente. — ¿Puedo confesarte algo?— pregunta a mí lado— Pero promete que no le dirás a nadie. A veces lo consideraba el ser humano más irritante de la faz de la tierra, pero solo a veces. Asiento al escucharlo hablar muy despacio. — Cuando sonríes te ves linda— susurra y no evito sorprenderme ante su comentario—. Pero no digas nada, eso podría arruinar mi reputación. Generalmente, Aiden siempre era muy cuidadoso conmigo y eso me hacía sentir cómoda, él todos los días me hacía comentarios halagadores acerca de mí aspecto o mi cabello, era muy observador conmigo y siempre que tenía la oportunidad lo decía en forma de broma. Pero en algunas ocasiones me hacía pensar que me veía con otros ojos y no como solo una amiga, pero luego lo veía absurdo y me enojaba por ello.  Decido pasar por alto su halago y bromeo yo también: — La reputación que ya perdiste, quisieras decir. Él toca su pecho y frunce el ceño como si mi comentario lo hubiera ofendido. — Auch, eso dolió, bombón. Pongo los ojos en blanco y reprimo una sonrisa, no quiero que vuelva a decirme aquellos comentarios que, en cierta forma, llegaban a incomodarme. De todos modos, él parece darse cuenta ya que suelta una carcajada que termino ignorando. El profesor estaba tardando más de lo normal y lo más probable era que se hubiera ausentado por alguna situación. De pronto, los amigos de Aiden entran por la puerta y yo solo deseo alejarme de él, Aiden hacía un buen tiempo había dejado la fraternidad, había dejado de asistir a fiestas y también se había alejado de sus amigos, quienes yo creí en más de dos ocasiones que eran inseparables. Ahora solo estaba conmigo y aquello no había dejado de hablarse por los pasillos las últimas dos semanas pero a él no parecía molestarle en lo más mínimo. Todos decían que era mi culpa que Aiden esté tan diferente, lo reconocía, y debo admitir que el Aiden de hace unos meses atrás no era el que estaba hoy día sentado a mi lado. Ahora es incluso mejor o al menos para mí.  — Viejo, jamás nos dijiste que tenías bien escondida a tu nueva amiguita con beneficios—exclama uno de ellos. Examino de reojo la reacción de Aiden y sé está luchando por mantenerse tranquilo pero deduzco que no será por mucho tiempo. — Será mejor que cierres la maldita boca, Josh— dice entre dientes―. ¿Por qué mejor no te metes en tus asuntos? Me remuevo en el asiento nerviosa y puedo notar que muchos de los compañeros con los que compartimos clase están atentos a lo que sucede.  Odiaba a la gente curiosa. — ¿O sino qué? ¿Golpearás a tu amigo por una chica? ¿En serio harías algo como eso? ― ¿Amigo?― Aiden suelta una risa cargada de frialdad―. Tu no eres mi amigo, Josh. Los amigos no hacen estos shows de porquería por un poco de atención. Aiden y Josh son amigos desde que tengo memoria y que se peleen por mi culpa no evitará que me sienta peor. Aiden se coloca de pie y mi respiración se acelera en cuanto hace aquello, Aiden era mucho más alto que Josh. Pero el muy imbécil no dio el brazo a torcer y Aiden lo miraba como si quisiera matarlo. Aunque lo que había dicho no fue más que una tontería, Aiden tenía problemas de ira desde pequeño y probablemente Josh sabía de aquello. Así que es muy probable que Josh solo haga aquello para provocarlo. — Solo somos amigos— aclara dándome una clara visión de su espalda con la cazadora negra que traía la mayoría de las veces—. ¿Algún problema? Te recuerdo que te ves ridículo intentando humillarme, amigo. Dijo esto último con sarcasmo a lo que Josh frunce el ceño y niega la cabeza para luego soltar una risa que llegó a hacer que las piernas me flaquearan. Aiden aprieta los puños. Debería detenerlo antes de que haga algo de lo que en un futuro pueda arrepentirse. — Sólo mírate, me avergüenza haber sido amigo de alguien que le ruega a una chica como ella— me apunta y puedo sentir desprecio hacia a mi en su mirada—. Cambiaste. Y la culpa es de ella. Escucho a Aiden soltar un gruñido y estaba segura que sí no lo detenía lo golpearía allí mismo sin importarle ni un poco haber sido amigos durante largos años porque si Aiden no estuviera enojado, hubiese dejado la pelea allí. Pero, sin embargo, el enojo lo cegaba y lo sabía porque me había contado varias experiencias en las que no podía controlarse. Aiden eleva su puño dispuesto a golpear a Josh, escucho exclamaciones de algunos presentes y Josh se encoge en su sitio. Pero al darme cuenta, lo he tomado de los brazos y él parece tranquilizarse cuando hago aquello. — Aiden, vámonos—susurro. Él asiente y toma su mochila para detenerse a unos centímetros de Josh: — Agradece que Charlotte me detuvo, porque estaba dispuesto a golpearte—musita por lo bajo. Tiro se su brazo y pasando desapercibido los comentarios acerca de nosotros, los fulmino con la mirada y salimos direccionados al campus. Yo no me había dado cuenta que todavía tenía mi mano sobre su brazo izquierdo, y él me examina desconcertado, instintivamente saco la mano avergonzada. — No tenías que ponerte así— murmuro por lo bajo. Él niega con la cabeza y subimos las gradas para tomar asiento en la zona del medio, me quedo de pie delante de él y Aiden permanece con la cabeza cabizbaja. — Él solo está celoso. Y no permitiría de ninguna manera que te trate de aquella manera— responde. Me encojo de hombros y opto por tomar asiento a su lado. — Sabes que no me interesa en absoluto lo que digan de mí— suspiro—. Me han dicho cosas peores. — ¿Y tú lo permites?— pregunta centrando su atención en mí. Aiden conocía cosas simples de mí, mí edad, el nombre de mi familia y algunas otras estupideces. Pero también sabe que evito siempre hablar sobre mí y las cosas que perturban constantemente mí vida, no me gustaba sentir aquella mirada de compasión y la única que sabía sobre aquello era Elizabeth, pero nunca me había mirado con compasión y justo ahora que aunque todo parecía estar bien, sé que no será por mucho tiempo y también sé que Elizabeth no estará allí para mí, como siempre fue. Miro a Aiden y no puedo descifrar su mirada, solo me observa fijamente y con el ceño fruncido. — Ya no. Puedo sentir su mirada sobre mí, pero eso solo hace que me coloque nerviosa al igual que su cercanía. Sin embargo, él parece notarlo y se dispone a contemplar a las animadoras entrenar a unos metros de nosotros. Me limito a observar distraído mirando a su alrededor, puedo distinguir algunos pocos lunares en su rostro, sus finos labios y rosados, también sus ojos café. Aquellos ojos café que por las noches los veía a través de una pantalla y no se cerraban hasta que yo tuviera sueño. Había noches que no dormíamos por estar hablando de cosas sin importancia y a la vez interesante para ambos, definitivamente sus ojos eran como el mismísimo café; te mantenían despierto. Él voltea hacia mí y me sorprende mirándolo, pero él no quita su mirada y mis mejillas comienzan a arder obligándome a ocultar mi rostro entre mi alborotado cabello. ¿Qué sucede conmigo? El silencio entre nosotros era especial, no era incómodo, la mayoría de las veces podíamos permanecer callados y a ninguno de los dos molestarle, esa era una de las tantas cosas que me agradaban de Aiden.  — Ayer por la tarde me mudé a un departamento. Y una cosa más que se suma a la lista de lo que me agrada de Aiden, esa habilidad de cambiar de tema cuando algo me incomoda.  Suelto un suspiro y contemplo su perfil, para que prosiga hablando sobre su nuevo departamento. — Mi padre insistió en irme a vivir con él, pero me negué a hacerlo. No quiero volver a esa casa. Oh. Aguardo unos segundos y puedo notar los músculos bajo su cazadora, contraídos, el tema familiar era algo del cual a ninguno de los dos nos enorgullece. — No tengo buena relación con mi madrastra— cierra los ojos intentando calmarse—, mi padre intenta reemplazar el amor maternal que alguna vez tuve, con aquella mujer que se encuentra ahora a su lado. Me encuentro prestando atención ya que era la primera vez que me relataba sobre su familia aunque yo aún no me sentía preparada para hacerlo. Suspira y gira su cabeza, para establecer conexión visual por algunos segundos conmigo, pero luego coloca su cabeza entre sus manos con notoria frustración. — Aiden, no tienes que hablar sobre ello si no quieres. Él voltea hacia mí y sonríe agradecido. Aiden era una persona que no podía controlar la ira, por lo que yo tenía entendido, la relación de sus padres no fue muy buena y aquello le afectó mucho. — ¿Tú no has pensado en irte a vivir a algún otro lugar?— cuestiona mi acompañante. ¿Lo había pensado? Por supuesto, más de una ocasión se había cruzado por mí mente aquella maravillosa idea de dejar ese infierno al que llamaba hogar, pero luego recordaba sus amenazas y recordaba a las personas que más amaba; mi madre y Sam. Él haría lo imposible para hacer de mi vida un infierno aún así yo no esté bajo su techo, y con ello me refiero a que mí madre y Sam pagarían por todo lo que yo hiciera mal.  Simplemente no podía irme de casa, estaba entre la espada y la pared. — No— miento. Él frunce el ceño.  Repito, a veces Aiden suele ser muy irritante cuando se trata de mí y las cosas que me molestan. — ¿Por qué no?— pregunta con insistencia. Pongo los ojos en blanco y desvío mi vista hacia el campus. — No puedo dejar solo a Sam. Presiento que muere por preguntar el porqué, pero guarda silencio mordiéndose la lengua para no hacerlo. — James. Él... A veces tiene cambios de humor bruscos y Sam tiene miedo cuando eso pasa— susurro tan rápido y despacio, que temo que no haya oído una sola palabra. No todo era del todo mentira, pero tampoco estaba dispuesta a contarle todo lo que sucedía en casa. Tengo la necesidad de ocultar mis manos entre mis piernas y apretarlas para que dejen de temblar, era a la segunda persona que le confesaba lo que sucedía en mí casa, luego de Elizabeth. — James— murmura pensativo para sí mismo—. ¿Él es tu padrastro? Asiento. El silencio vuelve a sumarse a nosotros y solo se escucha el canto agudo de las animadoras a lo lejos. — Él nunca te ha hecho daño, ¿verdad? De repente, unas incontrolables ganas de llorar y contarle todo me consumen. Pero me detiene el hecho de que estaba con alguien que apenas hace un poco más de un mes estaba conociendo y no era con Elizabeth con quien hablaba. Vuelvo mi vista hacia él y niego la cabeza con firmeza.  — No. — ¿Segura?— cuestiona. Cierro los ojos por milésimos segundos y suspiro, no sabia que hacer, quería hablarle, contarle, pedirle ayuda. Pero nada sale de mis labios y no puedo confiar en alguien que para mí todavía sigue siendo un desconocido. — Ya, Aiden. Detente. — Lo siento— se disculpa—. Solo sabes que puedes confiar en mí y si él llega a hacerte daño puedes decírmelo. Si tan solo supiera. Afirmo con la cabeza, sabía que si abría la boca para hablar, comenzaría a llorar por lo que me limito a quedarme en silencio. Las últimas clases se habían pasado demasiado rápido para mí gusto, suena el timbre para salir y el profesor se despide de nosotros y luego sale primero que cualquier otro universitario por la puerta, apresurado. Comienzo a caminar hacia la puerta abarrotada de estudiantes y encuentro a Aiden con su móvil, esperándome. Sonrío un poco hasta llegar a él. Eleva su vista hacia a mi y me sonríe, le sonrío de vuelta con los labios apretados y nos encaminamos hacia su coche. Me ubico en el asiento del copiloto y su aroma masculino me abruma de repente. Él se sube luego de unos segundos. — ¿Hay que pasar por Sam? Niego mi cabeza, a la vez que me obliga a colocarme el cinturón. Sam y Aiden habían entablado una hermosa relación, Sam siempre me preguntaba por Aiden y Aiden siempre disfrutaba tener cerca a Sam. Luego de alrededor de veinte minutos, Aiden se detiene en la esquina de casa y me despido de él. Hoy era viernes, quizá nos veríamos el fin de semana, pero no era seguro. Abro la puerta de casa y el olor a la comida de mamá me abruma, en el piso de arriba escucho las risas de mis hermanos y el televisor a un volumen sumamente alto. Me asomo a la cocina y veo a mamá cocinando, deposito un beso en su mejilla y ella sonríe.  — ¿Cómo te fue, Charlie? Abro el refrigerador para sacar el zumo y verter el contenido en un vaso de vidrio. — Supongo que bien. Al parecer hoy tenía el día libre, durante estos días, al tener la visita inesperada de Christian; mamá estaba más tiempo en casa y James estaba casi siempre fuera de casa. — Mamá, debo decirte algo— murmuro. Mis manos comienzan a temblar y me veo obligada a dejar el vaso sobre la encimera para no provocar ningún accidente. Ella deja de hacer lo que está haciendo y se limpia las manos en su delantal. El delantal que le había obsequiado de niña por algún día de la madre. Me emociona el hecho de que aún lo conserve, ya que desde la llegada de James a la casa, nuestra relación se había dado por perdida. Intenté muchas veces confiarle a mamá lo que me hacía, pero el temor se apoderaba de mí o siempre el rondaba por allí. — Te escucho Charlie. Me preocupas, estás pálida, ¿te encuentras bien? — Mamá, James, él... me golpea— confieso de golpe
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