|Capitulo 1|

1897 Words
—Regresaré por ti preciosura — sonreí al oír aquella palabra, él realmente amaba llamarme así —¿Y me llevaras contigo lejos? — consulté en un susurro coqueto, sonrió —Vendré por ti y quemaré el mundo si alguien se interpone entre nosotros — aseguró Mi sonrisa se amplió aún más al escuchar aquello, asentí con alegría y llevé mis manos a acunar su rostro, para luego dejar un cálido beso en su mejilla izquierda. —Es una promesa — susurré —Es una promesa preciosa... Desperté. Lo primero que mis ojos vieron fue al rostro lleno de lágrimas de Maritza, mi ama de llaves, ella limpio sus lágrimas al verme despertar y se acercó a mí de inmediato. —Mi pequeña niña ¿duele mucho? — consultó, negué Puse de mi esfuerzo físico para levantarme de la cama, pero al final, fui ayudada por ella. Cada parte de mi cuerpo duele, quizás después de estos cuatro años de abuso y maltrato físico por parte de mi esposo debería de estar acostumbrada, pero nunca te acostumbras al dolor, quizás si a los golpes, llega un momento en el que ya no los sientes, que tu mente solo se queda en blanco y no sientes, el dolor llega después, más tarde, cuando te despiertas con cada centímetro de tu piel amoratada y lastimada. —Deja que haga la denuncia Alana — pidió ella La miré de inmediato y negué, sus ojos se llenaron de lágrimas y yo sentí los míos escocer. —En cuanto la denuncia caiga en la delegación, mi padre estará dentro de un ataúd Maritza, no puedo hacer eso, no a él — susurré con cansancio Las primeras lagrimas comenzaron a bajar por mis mejillas, ella con suma delicadeza paso sus dedos pulgares por mi rostro, limpiando aquellas lagrimas interminables, me solté a llorar entonces, lloré con fuerza y en altavoz, mi cuerpo se sacudía a causa del llanto, mientras Maritza me abrazaba y daba cálidas caricias en mi nuca y espalda. El sueño que había tenido me removía aquella ilusión que tenía, ¿Qué sería de mi si él realmente volviera? ¿Me ayudaría a salir de este sufrimiento constante?, en realidad la gran incógnita aquí era, ¿Me dejaría ayudar por él?, la respuesta seria no, no me dejaría, porque la última persona que lo intento terminó muerta y los pedazos de su cuerpo fueron encontrados por todos lados. Aquella había sido la gran advertencia silenciosa que Marcos me había puesto, eso sucederá con todas y cada una de las personas que metas en nuestra vida matrimonial. Al principio de nuestro matrimonio tenía tan solo diecinueve años, era una chica altanera y no me le callaba para nada, cada una de las cosas que él me decía o reprochaba yo se las contestaba y si él me agredía verbalmente yo le contestaba de la misma manera, pero todo aquello acabo un 30 de abril a tan solo seis meses de casados, la primera paliza que llego a mi cuerpo me dejo en cama por dos días, recuerdo que había salido de fiesta, se suponía que él no estaría así que acepte esa salida con mis amigos de la universidad, cuando llegué a casa esa noche él me estaba esperando. Preguntó que donde había estado hasta altas horas de la madrugada, solo sonreí con sorna y no contesté, después de todo, me había casado con él por un arreglo, no lo amaba y sabía que tampoco me amaba a mí, pensaba que nos teníamos un odio mutuo y que nos llevábamos mal por eso, confiarme fue mi peor error. Ese día al ignorarlo me tomo desprevenida, mi cabello fue halado por la parte de mi nuca y mi cuerpo fue a dar al piso cuando él me soltó con brusquedad. Fue mi primera advertencia, mi primera golpiza y mi primera agonía en este matrimonio, luego de eso, mi voz se silenció, ya no le respondió y todo lo que él decía para mí era ley. Me callé tanto, que aquello también habían sido motivos para recibir un golpe. Claro que intenté buscar ayuda, la primera persona a la que acudí después de cuatro meses de abuso, fue a mi madre, ella solo me dijo que no podía meterse en mis problemas matrimoniales, que esas cosas debía resolverlas por mí misma, que, si me dejaba golpear por mi esposo, era por ser una cobarde y debilucha chica, que ella no tenía nada que ver en eso. Y cuando quise acudir a las autoridades, solo gané que padre sufriera un accidente y se quedase en coma. 《—Eso es lo que ganas por desafiarme —》 Aquellas habían sido sus palabras, frente a la sala de hospital donde estaba mi padre, después de eso, desafiarlo o buscar ayuda no estaba en la lista de prioridades. Solo tenía como meta estudiar y graduarme, para poder trabajar y despejar la mente en eso. Pero como todo en mi vida no era color de rosas, estudiar y graduarme tampoco lo seria, pues a tan solo una semana de recibir mi diploma en comercio internacional, recibí la no tan grandiosa notica, que comenzaría a trabajar para él en su empresa, el gran Marcos Abrego quería que yo trabajase para él, sabiendo mi gran capacidad, no era tonto y sabía que yo podía llevarle muy buenos inversionistas y como tenía muy claro que no iba a oponerme ni tampoco iba a sabotearlo, hizo que me uniera a su equipo de trabajo. ... —Me ducharé y si puedes, ayúdame a tapar los morados — hablé entrecortado Puse de mí misma para poder dejar de llorar y ponerme de pie, caminé con cuidado hacia el baño mientras apretaba mi abdomen, justo en mi costado derecho, donde horas atrás había recibido más de tres patadas mientras me encontraba tirada en el piso. ... Al final Maritza termino ayudándome en todo, a ducharme, secarme el cuerpo, secar y peinar mi cabello. Cuando fue hora de vestirme para poder presentarme a mi trabajo, opte por ponerme una polera de hilo grueso con cuello, en color café, un traje en color gris, que consistía en un pantalón ancho y un chaleco que llegaba hasta mis rodillas, unos tacones de punta fina y taco aguja en color café y para terminar mi vestuario, una bolsa del mismo color que los tacones y polera. Maritza hiso una coleta alta en mi cabello y me ayudo a tapar los morados de mi rostro con mucho corrector y base, en los labios me puse gloss y en los ojos una sobra color café muy clarita, un delineado sutil y un poco de rímel para estar lista. Si me miraba en el espejo me miraba en perfecto estado, la ropa que llevaba cubría hasta las marcas de sus dedos que estaban alrededor de mi cuello y el maquillaje aquellos golpes en mi rostro, pero como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro y yo, yo no lo era, el dolor que sentía en mi cuerpo no se describía con palabras y tampoco lo demostraba, o al menos, eso intentaba. —Intentaré solo asistir a la reunión y volver Mar — le dije, ella asintió —Espero que el señor apruebe eso, necesitas descansar — dijo con pena Sali de mi habitación y baje la pequeña tarima en desnivel de la sala, que había para poder llegar a las habitaciones de la casa, cuando llegué a la puerta recibí por parte de Maritza mi abrigo y bufanda, ya que afuera estaba helando, una vez me lo coloque salí al exterior donde ya me esperaba Pedro, para hacer el mismo recorrido de siempre. Ya no sabía lo que era salir de esta casa a pasar un buen rato, pues en el último mes, mis días se habían resumido a ir de la casa a la empresa y de la empresa a la casa. Todo se había vuelto un caos desde que el último proyecto de Marcos salió mal y desde entonces, golpes constantes fue lo que recibí, yo me había convertido en su saco de boxeo, donde él descaraba toda su ira, por eso le pedía al cielo que el trato de hoy saliese bien, esperaba que aquel nuevo socio aceptara el trato y firmara el contrato para poder exportar nuestros productos a Portugal. —Buenos días, señora —Buen día Pedro — contesté Antes de subir al auto y que él cerrase la puerta que sostenía abierta para mí, una vez dentro del vehículo se puso en marcha, el viaje fue silencio y rápido, ya que vivíamos a tan solo quince minutos de la empresa y el tráfico a esta hora en Madrid no era tan espeso. Cuando llegamos no esperé a que Pedro abriera la puerta para mí, solo me bajé con el sumo cuidado para que los golpes en mi cuerpo no doliesen tanto. —¿La espero señora? Lo miré al oírlo consultar. —Espera solo media hora, si no bajo puedes marcharte y volver al horario habitual — contesté —Bien, que tenga buena jornada —Gracias Después de despedirme de él ingresé al edificio, mientras caminaba con tranquilidad, desde que desperté esta mañana aquel recuerdo convertido en sueño, no paraba de repercutir en mi mente, a veces llegaba a desear aquella calidez que sentía con él, ya que no recordaba con seguridad, lo que se siente cuando te abrazan o besan con cariño, lo único que recordaba eran los golpes y mal tratos recibidos estos últimos años. —¡Señora! Sacudí mi cabeza al oír la voz de Sofia, mi secretaria, la miré con sorpresa y ella con pena, ya que me había asustado su llamado en altavoz. —Lo siento, estaba distraída — dije —Solo quería informarle que ya está todo listo, la esperan en la sala de juntas — informó —Bien, vayamos Continue mi caminata hasta llegar a los ascensores y una vez que uno de los tantos que había llego, lo abordamos, Sofia solicitó el penúltimo piso, donde solo se encontraba mi oficina y la sala de juntas, creo que no tengo por qué explicarle el motivo de eso, ya que se lo deben imaginar. Una vez llegamos al piso, me saque el saco y bufanda para pasárselos a Sofia, ella los tomo para luego llevarlos hacia mi oficina, mientras yo tomaba camino a la sala de juntas. Cuando estaba llegando a la misma, una pequeña punzada de dolor me atravesó el bajo vientre, por lo que tuve que detener mis pasos y apoyarme de la pared, mientras mi mano derecha viajaba al lugar afectado, solté un suspiro entrecortado cuando las lágrimas se acumularon en mis ojos, al no poder soportar aquella dolencia, me tomé varias respiraciones para poder recuperarme. Cuando creí que aquel dolor ya estaba pasando, sentí como un par de manos se posaba en mi cuerpo, una en mi cintura y la otra en mi brazo, justo a la altura de mi codo, se sentían cálidas y grandes, cuando la sorpresa de aquel toque invadió mi cuerpo, levanté la mirada para saber de quien se trataba. Mis ojos chocaron con unos colores miel tan claros y tan hermoso como los recordaba, el aire se estancó en mis pulmones, haciéndome pensar que me desmayaría aquí mismo. —¿Estas bien preciosura? Espero no estar alucinando.
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