|Capítulo 3|

1650 Words
Di un paso atrás cuando él hizo aquella pregunta, su ceño se frunció aún más cuando me vio hacer aquello, en mis labios mostré una sonrisa nerviosa, y pronto me acerqué nuevamente a él. —Fue un pequeño accidente — mentí descaradamente — hace poco tuve un pequeño accidente, si vieras mi abdomen infartarías — intenté bromear — pero ya estoy un poco mejor — dije —Quiero ver Abrí mis ojos incrédula cuando dijo aquello, ¿él estaba bromeando verdad?, si yo levantaba mi ropa aquí para poder enseñarle mi abdomen, mañana amanecería muerta, sabía que Marcos estaba viendo todo ahora mismo, no sería bueno para mi hacerlo. —Quiero ver Alana, muéstrame el morado del abdomen por favor — pidió —Yo, no es necesario Ciro — dije intentando sonreír — el medico ya lo vio y me recetó un ungüento para calmar el dolor — volví a mentir —Si no me muestras el golpe podría llegar a pensar que me estas mintiendo y que en realidad sufres de violencia en tu matrimonio — dijo serio, aunque sabía que bromeaba, solté una risita nerviosa —Estás loco, Marcos es un buen hombre — contesté aun intentando sonreír — ya mejor dime a que viniste — intenté cambiar de tema —Solo quería ver a mi pequeña hermana — dijo — hace mucho que no nos veíamos y dejaste de contestar los mensajes y llamadas de un momento para el otro — se quejo Me atreví a tomarlo de la mano y halarlo para que me siguiera, me senté en uno de los sofás de la oficina y él se sentó junto a mí, aun no me lo podía creer, que estaba aquí frente de mí. —Pasaron muchas cosas en ese momento, en realidad no quería desaparecer así de la nada, pero no pude evitarlo lo siento mucho — confesé Sentí mis ojos llenarse de lágrimas cuando me sonrió anhelante, quería volver a abrazarlo y lo iba a hacer, pero en ese momento la puerta de mi oficina se abrió y por ella entro Sofia, de tras de ella, venia Marcos, sentí mi cuerpo tensarse por completo. —Aquí les dejo los cafés, si necesita algo más llámeme — dijo ella, le sonreí y di un asentimiento de cabeza. Cuando ella se fue me puse de pie y caminé hacia el indeseable de mi esposo, entrelacé su mano con la mía y apoyé mi otra mano en su hombro, él sonrió. —Ya sé que conoces a Ciro, pero me gustaría presentártelo como se debe — le hablé, su ceño se frunció — Ciro creció conmigo, es como un hermano para mi — confesé Los ojos de Marcos se abrieron con sorpresa notable. —Yo no tenía idea — hablo nervioso —Yo tampoco tenía idea de que mi pequeña preciosura se había casado — dijo Ciro Marcos no disimuló su rostro de desagrado al saber cómo era llamada por ellos. —Caio no pudo venir, tenía que atender unas cosas con nuestra madre, pero espera poder verte pronto — dijo, asentí sonriente Ahora mismo lo que más deseaba era poder verlo de nuevo. —Así que tendrás que aceptar una salida a comer — bromeo Miré a Marcos en ese momento, su rostro estaba desfigurado por el enojo, pero sabía que él no se atrevería a decir nada, no podía saber realmente lo que estaba pasando por su cabeza, pero yo sabia que con los chicos cerca, él no podría hacerme más daño, lo malo, es que compartimos vivienda y la mayor cantidad de tiempo. —Estaríamos encantados de compartir una comida con ustedes — habló — es más, podrían venir un día a casa, Alana es muy buena en la cocina — agregó —Eso sería bueno, no es por presumir, pero yo fui quien la enseño a cocinar — dijo, solté una risita Aquello era verdad, muchas veces nos colábamos a la cocina del orfanato y cocinábamos los tres juntos. —Bien, entonces cuando quieran pueden venir a nuestra casa, serán muy bien recibidos — asentí antes las palabras del idiota de mi esposo. —Esta noche, ¿pueden hoy? — hablé rápidamente El agarre de la mano de Marcos en mi cintura se intensifico de una forma tan brusca, que casi suelto un quejido, la mueca de dolor no pude disimularla e inevitablemente los ojos de Ciro fueron a parar al lugar en donde se encontraba la mano de Marcos, vi como lentamente su ceño se frunció y su cabeza se ladeo a un lado, sonreí incomoda. —¿Pueden? Él regreso su vista a mi rostro y asintió sonriente. —Solo le daré una llamada a Caio y estaremos ahí por la noche — dijo —Bien, déjame tu número de móvil, así podré pasarles la ubicación — pedí Sabía que quizás y me estaba sobre pasando, pero debía aprovechar la oportunidad, al menos podré tener sus números por un rato en mi móvil, permitiéndome anotarlos en otro lado, así para cuando él decida romper mi móvil, no podrá lograr su cometido. Ciro no lo dudo cuando me extendió su móvil para que pudiese darle mi número, lo tome de inmediato y marque mi número para luego llamarme, le devolví el móvil con una sonrisa en mi cara, él sonrió también. —Sera muy bueno estar en contacto nuevamente preciosura — me dijo Cuando se acercó para alejarme de Marcos y envolverme entre sus brazos, mi cuerpo se tensó, hasta aquí todo estaba bien, pero sabía que, para el idiota de mi esposo, todo tenía un límite. —Nos vemos por la noche entonces — murmuró, asentí alejándome de él —Los estaremos esperando — contesté. Cuando Ciro se despidió de Marcos y se marchó, caminé lo más lejos posible del último nombrado, dirigí mis pasos con presura hacia el baño, quería encerrarme allí, pero me fue imposible cuando su mano se afianzo al cabello de mi nuca, solté un quejido, mi espalda se pegó a su pecho y podía sentir su respiración agitada debido al movimiento de este. —¿Creíste que eres inteligente Alana? — dijo en voz baja y entre dientes — ¿piensas que vas a asustarme con hacer eso? ¿quizás pensaste que podrías salvarte de mí teniéndolos cerca? — consultó furioso — ¿olvidaste lo que le paso a la última persona que intentaste meter en nuestra relación? — negué mordiendo mi labio con fuerza para no soltarme a llorar — no quieras pasarte de lista conmigo Alana, porque vas a lamentar mucho hacerlo — amenazó. Marcos soltó el agarre de mi cabello y cuando se alejó de mí, tuve que hacer un esfuerzo por mantenerme en pie, mi cuerpo aun dolía y poder mantenerme firme se hacía algo difícil. —Apresúrate en bajar, nos vamos a la casa ahora mismo — dijo Solté un suspiro y terminé de entrar al baño, mi cuerpo entero temblaba solo con saber que iríamos juntos a casa, eso solo significaba una cosa, que no era buena para mí y mi salud física, sabía que, si él tenía planeado agredirme nuevamente, mi cuerpo no resistirá, me sentía lo suficientemente dolorida y débil como para aguantar otra golpiza más. Di tres respiraciones profundas antes de salir del baño, caminé hacia el perchero y tome mis cosas antes de salir de la oficina y anunciar a Sofia que ya no volvería por el día de hoy, luego de despedirme caminé hacia el ascensor y tan pronto como llegó me subí. Cuando llegue al estacionamiento subterráneo baje de la caja metálica y caminé con falsa seguridad hacia el auto de Marcos, quien ya esperaba dentro del mismo, cuando me subí al mismo él solo se puso en marcha sin decir ninguna palabra, mi vista estaba puesta al frente y no me atrevía a mover mis ojos hacia otra dirección. Mis pensamientos iban tan perdidos pensando en lo que pasaría cuando llegáramos a casa, que no me di cuenta de que ya habíamos llegado, solo reaccioné cuando la puerta del lado del conductor fue azotada con fuerza, solté un suspiro entre cortado antes de bajar del auto y pronto caminé de tras de él, cuando entramos a la casa caminó hasta estar en medio de la sala y entonces cuando se detuvo yo también lo hice. —Pasa la dirección a los Reis y ponte a trabajar en la cena — dijo dándome la espalda — más te vale que no quieras pasarte de lista hoy, porque si no te va a ir muy mal — advirtió mirándome, solo asentí. Cuando él desapareció al meterse a su estudio, solté todo el aire que tenía contenido en mis pulmones, vi a Mar salir de la cocina apresurada y cuando estuvo a mi lado comenzó a inspeccionar todo mi cuerpo y rostro. —Estoy bien, él no me hizo mucho más que las pequeñas torturas y amenazas diarias — dije, ella suspiró — vendrán mis hermanos a cenar Mar — dije emocionada Ella abrió sus ojos con sorpresa y sonrió feliz por mí. —¿Los encontraste? — susurró, asentí —Ellos me encontraron a mi — le conté —Tu enamorado también volvió entonces — afirmó, sonreí apenada — te atreves a llamarlo hermano aun cuando estas enamorada de él — regaño, mordí mi labio —Ya Mar, ayúdame con la cena por favor — pedí Ella no opuso resistencia ante mi pedido y nos fuimos a la cocina, en cuanto me coloque el delantal y lave mis manos, me puse a hacer la comida, iba a preparar el plato favorito de los tres, el que comíamos casi todos los miércoles, cuando nos escapábamos del colegio, poco después de que me adoptaran, a mis quince años. En este momento me sentía ansiosa por tenerlos aquí, mejor dicho, por tenerlo aquí y verlo un poco más.
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