Cap 2 Los estragos de una noche

2238 Words
Tal como Lía dijo, fingió que nada sucedió y los tres días siguientes, todo fue normal. Su hija no sospechó y volvieron todos felices a Grecia. Así debía terminar eso. Así debió ser... —Entonces, para resumir, estas teniendo sueños húmedos con esa niña. Los detalles de esa noche, vienen a tu mente por las noches. —Si.... No lo entiendo, sucedió diez días después de que ellos volvieron a la universidad. —Eso es porque tu mente lo había bloqueado y simplemente lo está desbloqueando y mostrándote la verdad. ¿Ahora ya estás convencido de que eres un asalta cunas? —No es gracioso Margaret. —Entre más lo niegues, más te atormentará tu cabeza. Ya supéralo, ella lo tomó con madurez y no te hizo ningún drama. Llevas una semana soñando con eso. —Me dices lo obvio. —¿Te sientes culpable por Core? —Si, creo que un poco. Técnicamente no le he sido infiel durante mi matrimonio, pero, no sé, de alguna manera la culpa me invade. —Mereces rehacer tu vida. Tienes que vivir sin la sombra de Core, ella también lo querría. Después de esa charla, volvió a casa, había una chica de pelo rosa esperando en la entrada con un gran abrigo de piel blanco. Empezó a imaginar lo peor, estacionó su coche y bajó. —Lía, ¿qué haces aquí? —No lo sé... —¿Cómo que no lo sabes? —No puedo dejar de pensar cada noche en lo que pasó. Te dije que no recordaba mucho, pero ahora lo recuerdo todo y no logro sacarlo de mi cabeza, así que estoy aquí. Entonces no era el único que tenía ese problema. —Vamos adentro. Abrió la casa, todo estaba limpio y en orden, Otilia, la ama de llaves, iba cuatro veces por semana a limpiar y llenar la despensa. La señora de cincuenta años era muy responsable y buena en su trabajo. Para su suerte que ese día ya se había marchado, si no, habría visto a Lía y entonces se lo informaría a Skdy. Una vez adentro, ella se quitó el abrigo y él lo colgó en el perchero junto al suyo de color tabaco. —No estoy embarazada. Creo que pensaste en esa posibilidad, pero no es así. —Gracias a Odín que los condones de mi cajón aún servían. Lía suspiró y se sentó. —Vine aquí para poner fin a esto, no quiero que se convierta en un trauma. —¿Exactamente que buscas de mí? —Repetirlo. Si lo hago estando consciente, mi mente lo procesará mejor, incluso si no llegamos a lo mismo, todo quedará claro en mi subconsciente y no volveré a mirar hacia atrás. —En resumen, lo quieres repetir estando sobria para que tu cerebro no siga mostrándote el pasado y entienda bien la situación, ¿correcto? —Si... Me costó mucho venir aquí, casi me voy pero llegaste justo a tiempo. Ella estudiaba psicología, así que no estaba hablando por hablar y si de verdad era la solución para acabar con esos sueños, podría intentar. Ella misma dijo que no necesariamente tenía que haber coito. —Todo esto no debió suceder en primer lugar. ¿Skdy o alguien de tus amigos sabe que viniste? —No, sólo saben que tenía que salir por un encargo familiar. Me iré mañana. —Tu petición es muy... —Lo sé, no creas que es sencillo pedirte esto. Es lo único que puedo intentar por ahora. Oliver buscó un cigarrillo, no podía estar relajado con una joven pidiéndole una paja. —Bien, vamos a poner condiciones. Esto es sólo para que el trauma termine, después, ninguno aceptará que esto sucedió ante nadie, evitaremos que salga a la luz. —Vine aquí teniendo todo eso en cuenta. Encendió su cigarrillo, inhaló el humo una y otra vez, hasta que se terminó. La observó, era bonita, parecía delicada pero tenía curvas, sus labios se veían suaves y su piel pálida, muy lisa. Sus ojos azules temblaron y apartó la vista. —No creo que ésta vez alguno de los dos pueda intentar algo estando sobrios. —Eso parece. Ambos estaban plenamente conscientes de todo lo que conllevaría ese acto. Sobre todo tenían el peso de Skdy en la consciencia. Un cigarro más y los dos se sentaron cerca. Podían distinguir aunque no lo aceptarían del todo, la creciente tensión s****l entre los dos. Lía ya había consultado con uno de sus asesores del curso, definitivamente la raíz de esos sueños era que en el fondo deseaba repetirlo. Pero esa solución era un mayor problema y peor traición como amiga. Su corazón latía con fuerza, tenía demasiada presión encima y ganas de llorar. Si no hubiera bebido tanto y si no hubiera acompañado a su habitación a Oliver cuando lo vio peor que ella, no habría sucedido nada. Aún así, su asesor le hizo ver una gran verdad, y es que ella había querido, porque aún borracha, pudo decir que no, pudo no haberlo besado y pudo haber salido de ahí antes que las cosas se hubieran calentado más. En pocas palabras, ella tuvo mucho que ver para que eso sucediera. La culpa podía más, ver a Skdy feliz en su casa mientras fingía que nada había sucedido entre ella y su papá. Una lágrima rodó por su mejilla y Oliver entonces suspiró poniendo su cigarrillo en el cenicero. —Mira, creo que no tenemos que hacer esto. Tu no te sientes bien, yo me siento incómodo. Mejor vamos a hablar. —No puedo evitar sentirme como una traidora, Skdy me trajo aquí para festejar tu cumpleaños, pero no así... —Es verdad, yo tampoco me esperaba que sucediera algo así, pero ya pasó y ella no lo sabrá. —Aún si ella no lo sabe, yo lo sé... Verla llorar le ablando un poco el corazón, la abrazó y la estuvo consolando en silencio. Él también sentía mucha culpa, pero sería peor si el hecho salía a la luz. —Calma, esto por ahora nos va a hacer sentir como las peores escorias, pero con el tiempo será nada, sólo un tonto recuerdo de un desliz sin importancia. Ya lo verás y vendrás otra vez con Skdy más relajada y sin problemas. También quería creerlo. Que todo sería simplemente olvidado y superado. —Conoces a Skdy.... —Por supuesto, soy su padre. Ya te dije que no lo sabrá nunca. El contacto físico volvió a producir un cierto deseo en ambos, de pronto hacía mucho calor, se separaron y guardaron silencio. Lía estaba casi temblando, debía estar demente si en esa situación quería lanzarse a los brazos de ese hombre. No había vuelto a buscar a Milo desde entonces, temiendo que él sospechara y descubriera las marcas en su espalda. Se las había arreglado para cubrirlas y esconderlas de todos. Ya se habían borrado y al fin podía volver a usar escotes. El calor y el deseo iban en aumento, tenía que terminar con eso de una vez. —Oliver... Tenemos que hacerlo y cerrar ciclo. ¿Oliver? Él estaba mirándola fijamente, parecía concentrado, pudo darse cuenta de que le sucedía lo mismo. Aunque se asustó en un principio, sus hormonas la empujaron a continuar. Sacó de su bolso un pequeño paquete. —No me digas, ¿es lo que creo? —Dijiste que era un milagro que aún funcionaran los que tenías en tu cajón. —Bueno, al menos eres cuidadosa al meterte en problemas. ¿Qué clase de estupidez hacía? Le daba condones al padre de su amiga, alguien que podría ser su padre para tener relaciones. Él tomó el paquete, parecía estar dudando al igual que ella. Los ojos de color plata de Oliver eran hermosos, tanto que no podía evitar mirarlos. Aquella noche había estado todo el tiempo reflejada en esos ojos. Su cara se puso muy roja al recordarlo. —No sé si se adapten a tu gusto... —Mientras sean resistentes no importa. —Deberíamos ir a una habitación para huéspedes... Lo vio sonreír un poco tenso. Siempre pensó que él era un hombre que sonreía y se tragaba sus problemas con tanta astucia, que nadie lo notaba, pero ahora parecía un ser humano normal que tenía miedo. —Sígueme. Ya estando en la habitación y después de haber caminado como en la cuerda floja durante el breve trayecto, Lía se sentó en la cama. La gran cama kingsai tenía sábanas oscuras y almohadas blancas, unos bonitos sofás, dos armarios grandes de roble, una mesa para té, un librero, entre otros muebles y decoraciones más, componían la habitación de huéspedes número uno. Olía a cedro fresco, la luz permitía visualizarlo todo y sobre todo a las personas en ella, con un gran balcón con vista al bosque y también la bonita lámpara de plata. Lía pensó que todo estaba bien armonizado. —Me gusta la decoración. Con los condones en sus manos, Oliver emitió un suspiro cansado. —¿Estás segura de que quieres intentarlo? Lía entendió que si ella no quería, él se detendría al momento. Era un alivio que fuera un hombre muy caballeroso. —Si.... Al emitir su última afirmación, se giró y tomó su mentón, pareció dudar pero le acarició los labios con su pulgar. Ese roce la hizo temblar y cuando él la besó dulcemente, una voz interior pareció decirle "Más". Un beso debajo de su mentón la hizo suspirar, parecía saber, al igual que Milo, donde tocar. Su cuerpo ansió más, el calor de nuevo volvió, tan sólo pensaba en los labios de Oliver sobre su piel. Poco a poco descubrió su cuerpo, las prendas fueron cayendo una a una sobre la alfombra. Su respiración estaba agitandose. Besó su cuello, sus brazos, muñecas, tobillos, piernas, vientre, pero no era exactamente lo que necesitaba, quizá lo hacía a propósito. ¿Evitaba tocar los lugares principales para jugar con ella? Quería señalarle donde debía ir, hasta que al fin tocó uno de sus ya duros pezones; la sensación le puso la mente en blanco, luego de tanta espera, al fin tenía lo que quería. Siguió atendiendo al otro con sus dedos, su cuerpo tembló gustoso. Cuando al fin la boca y los dedos se detuvieron, ella sintió frustración, quería que siguiera, pero él fue a lamer su vientre y abrir sus piernas. Sabía lo que sucedería. Se mordió el labio inferior, estaba empezando a tener un cosquilleo en el vientre que se volvía más fuerte. No tuvo tiempo de prestar atención a eso, porque los labios y la lengua de Oliver pronto invadieron su feminidad con una calma y una suavidad, que hicieron temblar sus piernas con mayor fuerza. Gimió y se retorció, pero sin perturbar su trabajo, pues la tenía bien sujeta de las piernas, que ya había acomodado sobre sus hombros. La humedad creció y lo siguiente fue su llegada a la cima, con un grito de placer. Su cuerpo se relajó al igual que su mente y sonrió. Miró a Oliver, sudaba justo como ella, pero seguía vestido, no había pensado en eso antes, tuvo vergüenza por ser egoísta. Mientras ella estaba desnuda, él seguía totalmente vestido, eso le pareció injusto. Le quitó la camisa y trató de quitar del camino sus pantalones, pero un fiable cinturón de cuero n***o le impedía hacerlo. —Yo lo haré... Con expectación observó como finalmente el cinturón cedía y los pantalones junto con los zapatos, calcetines y boxers salían. Su cuerpo se acaloró más al ver la longitud erguida, él simplemente se acomodó el pelo hacia atrás y se sentó junto a ella. —Creo que es suficiente... Hay que continuar, pareciera que sólo yo he recibido atención.... ¿Qué debería hacer? —¿Quieres tocarlo? Comprendió a qué se refería. Llevó su mano justo a su erección para empezar a deslizarla con cuidado hacia arriba y hacia abajo. Si él le había dado placer con su boca, podía devolverle el favor. Él le permitió actuar a su gusto, así que lo llevó a su boca. No lo pensó antes mucho, pero era grande, definitivamente la experiencia de ese hombre evitó que antes saliera lastimada. Ayudada por sus delgadas manos y su boca, emprendió la tarea de devolver placer por placer. Él estaba lo bastante duro como para pasar al coito, pero quería saborear un poco más, porque lo sentía temblar en su boca y le causaba satisfacción porque era alguien mayor, exploró con su lengua distintos ángulos, hasta que fue detenida por él. —Basta... Llegó el momento de usar tu regalo... Una alegría se instaló, había logrado desesperar a ese hombre. Se recostó con impaciencia, lo necesitaba deprisa. Escuchó como abrió el paquete con el condon y unos segundos después él estaba frente a ella, le sujetó una pierna y se hundió en ella lentamente. Los dos jadearon, su calor le resultó agradable, quería besarlo. Apenas entró totalmente, como si hubiera pensado lo mismo que ella, la besó. Los besos de Oliver eran con cautela, con temor a mezclar sentimientos, sólo por consideración a ella, era natural, tenía el duelo de su esposa y también la cuestión sobre que era amiga de su hija y menor que él. No lo culpó. La fricción de ambos cuerpos fue deliciosa, como si encajaran perfectamente, la sincronización parecía calculada y en general, la química en la cama que ambos tenían era espantosamente maravillosa.
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