Abro los ojos con pesar, hace una semana que regresamos a la ciudad de Nueva York, Axel se porta raro, ya no me deja acercarme ni intentar nada y eso me hace enojar un poco. Me ha tenido en mi oficina todo el tiempo, me llena de documentos en diversos idiomas para que los traduzca lo cual hago con facilidad... Pero me cansa. Llegó puntual a la oficina como siempre, bueno, no siempre. Me siento en mi silla que tanto adoro y espero a que los nuevos documentos en sabrá Dios que idioma para empezar a traducirlos y salir de aquí de nuevo. La tarde se me va traduciendo trámites y finanzas, me levanto de la silla y voy por un refresco ya que "señor remilgos" no me deja tomar alcohol. Regreso para encontrarlo sentado en mi silla, es la primera vez que lo veo desde que regresamos. Hace una seña

