Después de dormir a Ana, conduje a Danilo a nuestra habitación, estaba asombrado y no podía creer que tuviéramos una hija, no dejaba de agradecer a Dios y decir lo hermosa que era. Ayude a Danilo a desvestir con las manos temblorosas, sintiéndome como el primer día que estuvimos juntos. Su mirada era profunda, y yo no dejaba de admirar su cuerpo,ese cuerpo que pensé que no iba a poder ver más. Lo amaba tanto, y deseaba de igual modo que mi cuerpo reaccionaba de solo imaginarme sentirlo. Como un niño pequeño lo ayude a introducir en la ducha, se baño por un rato largo mientras me contaba todo lo que había vivido ese pueblo, como las personas lo trataron y ayudarlo siempre. —Báñate conmigo — pidió, tomándome por la mano. Yo me quité la ropa y me sumergí con él en la bañera, metiéndome en

