Daisy trató de mantener la calma cuando descubrió el lugar al que la llevaba James. Esto no puede estar pasando. Después del almuerzo, James había insistido en que se cambiara de ropa y se preparara para salir. Al principio, había tenido recelado un poco. No sabía muy bien hacia dónde quería llevarla y, después de que él hubiera insistido varias veces en que se trataba de una sorpresa, había temido emocionarse demasiado. -¿Qué te parece? ¿Te gusta? Daisy parpadeó. -Oh, James -suspiró-. Me has traído a los Jardines de Kew -parpadeó hacia él, todavía algo sorprendida-. Pero ¿por qué me has traído aquí? Las flores te dan alergia. La nariz de James se frunció. -Solo en temporadas altas, cuando el polen viaja más en el aire. Ahora es soportable. Ella quería decirle, que dudaba que ese

