Una hora más tarde, ambos se encontraban sentados en la mesa del comedor almorzando en silencio. Daisy no se atrevió a mirarlo, incapaz de detener los recuerdos de la conversación que habían mantenido anteriormente. James había dicho que la quería. Jamás habría esperado que aquello fuera posible. Lo quería. Había deseado con todo su corazón ser tan importante para él como lo era para ella. Maldición. Se había resignado a tenerlo como un anhelo, algo imposible. Y, sin embargo, aquello se estaba convirtiendo en una realidad. Su realidad. Disimuladamente, trató de mirarlo. Había vuelto a tener la expresión imperturbable y estoica que tanto lo caracterizaba. Quiso suspirar; era precisamente por esa mirada y esa actitud que le costaba creer que pudiera ser real. Las últimas palabras que

