Daisy apretó los labios y esperó en silencio. Listo, ya lo había dicho. Ahora solo podía esperar a las preguntas de James y a que le confirmara como lo había descubierto. Se arrepintió de mirarlo cuando lo hizo. Su rostro era la viva imagen de la ira. Sus ojos verdes tan intensos, ardían con ira. Su fuerte mandíbula, apretada con fuerza; y aquellos carnosos labios que le encantaban, apretados en una firme línea que los volvían cada vez más blancos. Un escalofrío recorrió su columna, provocando que su respiración se entrecortada. Quizá, debería haber abarcado el tema de otra forma. Una posiblemente menos agresiva y, sin dudas, mucho menos dramática que como ella lo había hecho. -¿Lo que dices es cierto? -el tono tosco y grave de su voz revelaba lo enfadado que se encontraba. Ella asin

