8: eres un niño.

1035 Words
La sala de emergencias era ruidosa, rey condujo hasta ahí sin saber que pasaba por la mente de Darío. La doctora paso frente a ellos de repente, iba con el delantal abierto, atando su cabello ondulado, sostenía una liga entre sus labios cuando se giró para verlos. Termino de amarrar su cabello mientras se dirigía a los dos hombres. —¿qué es eso? —accidente—dijo monótono Darío. —¿nadie los atendió aun? —eso es muy obvio... —supongo que estas acostumbrado a las clínicas privadas, si te hubieran atendido aun tendrías que esperar, este es un hospital universitario. —perdón. —rey abrió la boca sorprendido su jefe se disculpó al ser regañado por la chica. —bien. Espera aquí. —la mujer se apartó, fue hasta una fila enorme de carpetas, hablo con una enfermera y señaló a los dos, volvió con una ficha y los llamo. —llena esta ficha con los datos de él. Darío obediente, camino con ella y rey hasta un box apartado del personal, era más una oficina con una camilla. Acercó una mesa metálica llena de implementos médicos, quito la toalla que cubría la herida de Darío mientras el hombre sentado de manera pacífica la observaba. —debes quitarte la chaqueta, ¿puedo cortar la manga de la camisa? —puedes. —Darío, nuevamente calmado y obediente, sin ningún reclamo y con ayuda de carisa, se quito la chaqueta, luego la observó cortar la camisa. —si te haces un corte así nuevamente, no cubras la herida, los cristales están profundos... —la mirada de la mujer parecía triste, sus manos con guantes manchados de sangre sostenían las pinzas con cuidado. —supongo que la emoción te gano. Después de quitar los cristales y decir esto, movió las ruedas de su silla y alcanzó otros implementos de una mesa. —¿la emoción? —rey qué es mucho más experto que su jefe, sobre el mundo. Negó mirándolo fijo. No hacía falta que siguiera esa línea de conversación, no debía seguir ese camino. —la mayor parte de accidentes de emergencia son por culpa de conductores ebrios, y ebrios teniendo sexo. —esa mujer manejo las palabras con una emoción perspicaz qué incluso lo hizo sonar como un dato duro irrefutable. —yo no... —¿tu no? Bueno. —ella hablo con desinterés. Darío observó sus pestañas concentrando su vista en la mano sobre la mesa metálica. —no es una herida profunda, evita el agua por un par de días y cambia las vendas. —no tuve sexo—refuto Darío. Ella levantó la vista, se quito los guantes manchados y bajó su mascarilla. —en este momento soy tu doctora, no me importa con quien te acuestes, solo fue una charla casual. —tienes este tipo de charlas con tus pacientes. —Es mi forma de regañarlos, si vas a tener sexo, evita herirte en el proceso, no es necesario, adema los dos huelen a alcohol y sexo, sería mejor si no conducen. Esta listo. Darío qué había estado distraído excusandose, vio su mano limpia y vendada. —en verdad no tuve sexo. —en verdad no me interesa. Carisa se puso de pie, hace unos días había pensado que ese hombre, aunque había contratado los servicios de una mujer, no era tan promiscuo, pero ahora otra vez estaban en una situación así. Además había estado con su hermanastra y si lo ve de esa forma, lo más normal es que conociendo a su hermanastra, y a este sujeto. Ya pasó de todo. ¿Cómo se puede conocer tanto de dos personas? Se ha cruzado en una semana tres veces con este hombre pero ya se dio a entender que es la peor clase de hombre que puede cruzarse en su camino, lo malo es que siente una horrible atracción por él. Darío arreglo su ropa solo un poco como pudo. —dices que no te interesa pero se volvió el tema de conversación. —claro, tipos como tu vienen a emergencias, hacen que perdamos el tiempo, solo por comportarse como adolescentes libertinos, no tengo motivo para molestarme. No creo que este sea el tipo de establecimientos que debas visitar. —entonces debo verte en el turno de la clínica privada para la que trabajas. —señor tassara, debo pensar que me investigó por habernos cruzado en una ocasión desfavorable, de todas maneras si su intención es asegurarse que no comente sobre asuntos privados, le digo que no lo haré, ensuciaria mi imagen tanto como la suya, si, trabajo para un clínica pero solo me llaman como especialista, no atendería emergencias así. Ahora, tengo otros pacientes así que ya que terminamos, pase por el mesón y cancele la factura. —sale conmigo... Una cita. Darío levantó la mirada y se encontró con los hermosos ojos almendrados de ella. Carisa sintió ese ronroneo desde su pecho como aquella noche. Pero no. No es tan simple aunque sabe que el hombre tiene algo, algo que la atrae demasiado y le resulta molesto saber que su corazón se acelera por él. —¿Estás en posición de pedirme por una cita? Me insultaste en nuestro primer encuentro, en el segundo también, ahora estas en emergencias, con aroma alcohol y hedor a sexo, no eres muy asertivo. Lamento decirlo pero no me interesa, le dije que tenia una cita ese día, y salió bien luego de aclarar todo así que a diferencia de usted, no soy tan promiscua para buscar entretencion así. Darío abrió la boca pero no respondió, ella se disculpó y salió. Carisa camino por el pasillo hacia el mesón para ir con su siguiente paciente, era una noche tranquila entre lo que se espera de emergias. Sintió los pasos pesados y fuertes, más un segundo par de pasos que parecían apresurados. El tirón de su mano alertó a las enfermeras qué ya se preparaban para hablarle a a Carisa. —¡quien! ¿Con que bastardo sales? —sus ojos no reflejaba la anterior tranquilidad. —¿es spencer? Estás diciendo que prefieres a ese maldito que a mi... —señor tassara, suelteme. No es un niño para estar actuando así.
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