Mi abuelo no se recupera, nada de lo que hacen da resultados lo suficientemente positivos como para que regrese a casa. Un día está muy bien, otro empeora mucho más, no parece tener fin, cada vez se suman más complicaciones a su salud y no hay nada que podamos hacer. A sus setenta años no pensé que se podría deteriorar tan rápido, creí que le tendría hasta los noventa o cien años, aunque debo admitir que la vida libertina de Vlad, la muerte de mis padres y mi abuela, así como mi enfermedad, le han restado paz, felicidad y salud. Veo salir doctores y enfermeras de la habitación, me acerco a ellos lo más rápido que puedo, pues aun pretendo que soy ciego. —¿Cómo está él? ¿Qué pasa? —pregunto. —Su abuelo está teniendo dificultades para respirar. Le hemos medicado y estará usando oxigeno mi

