POV MATTHEW
La veo salir de la sala de juntas como si el aire le pesara. Pálida. Tensa. Como si hubiera tragado vidrio. Carter va detrás de ella, apresurado, murmurando su nombre en voz baja.
Liam me observa desde el otro extremo de la sala con una ceja arqueada y una expresión que dice más que cualquier palabra. Sé que lo del apodo fue un golpe bajo. Un golpe sucio. Y lo fue. Pero también fue necesario.
Necesitaba recordarle que ya no soy ese maldito niño débil que una vez le abrió el alma para que lo pisoteara.
Ya no soy su “tigrecito de bengala”.
Soy Matthew Dearwood. El CEO de BengalSoft. Y ningún par de piernas largas ni sonrisa peligrosa va a doblegarme. Mucho menos ella.
No después de lo que hizo. No después de dejarme con el corazón hecho mierda, mientras el mundo se reía de mí. No después de que me convirtieran en un chiste, en una broma cruel proyectada en los pasillos del instituto. No.
Ella no vino a firmar un acuerdo. Vino a provocarme. A probar si todavía quedaba algo de aquel idiota al que convirtió en polvo.
Y yo necesitaba que entendiera que ese tipo ya no existe.
Ahora soy un maldito depredador. Y no me doblego. No por ella. No por nadie.
Pero verla así...
Verla salir como si se estuviera deshaciendo por dentro...
No me dio la satisfacción que esperaba.
Pensé que iba a saborearlo. Pensé que iba a sentir que por fin gané. Pero solo hay un sabor metálico en mi lengua. Amargo. Como si algo dentro de mí también hubiera perdido.
El equipo legal sale minutos después, algo alterado. Murmuran entre ellos, intercambian papeles. Intentan entender qué carajos pasó. Liam los deja ir con una seña y luego se acerca a mí.
—¿Quieres decirme qué putas fue eso? —me suelta, sin rodeos.
—Defender lo que es mío.
—¿A gritos? ¿A cuchilladas disfrazadas de argumentos? ¿Con sarcasmo de secundaria?
—No voy a permitir que nadie venga a mi empresa a hacerme sentir menos.
—¿Menos? ¿Estás escuchándote? Nadie vino a hacerte menos, Matt. Esa mujer trajo tecnología, cifras, argumentos... y tú lanzaste veneno como si estuvieras en una pelea de bar.
—No me importa. No voy a tolerar arrogancia vestida de empoderamiento barato.
—¿Empoderamiento barato? No mames... ¿Ahora sí vas full machito CEO de Silicon Valley? —suelta con una risa incrédula—. ¿Qué te pasa, cabrón?
—Lo que me pasa —le espeto— es que no pienso dejar que una empresaria que se siente sexy con un traje ajustado y una sonrisa de “mírame y tiemblen” venga a mi sala de juntas a decirme cómo manejar MI empresa.
Liam me observa en silencio por un segundo largo. Después se cruza de brazos y suelta, tranquilo pero directo:
—¿No será que te gusta?
Bufo.
—No digas estupideces.
—Es en serio. Te arde porque te gusta. Porque te prende. Porque esa mujer se paró frente a ti, te dijo que no, y no bajó la mirada. Y tú estás acostumbrado a que las mujeres bajen la mirada, se quiten la ropa y digan sí sin chistar.
—¡No me jode porque me gusta, Liam! Me jode porque es una hipócrita. Porque viene aquí fingiendo ser la salvadora de la tecnología cuando no es mas que una cara bonita, con un poco de materia gris en la cabeza.
No le digo que me jode que es la misma que me dio una patada en los huevos hace años. Me jode porque no entiende que ya no soy su maldito perro faldero. Me jode... porque cree que todavía puede mirarme con esa cara de “te conozco” cuando no tiene idea de quién soy ahora.
Liam me mira en silencio. Exhala. Luego suelta:
—Te calienta. Y te duele. Por eso estás hecho mierda.
—El sexo es biología. Hormonas. Necesidad. Se coge. Se termina. Punto. Ella puede tener el culo más perfecto del mundo, eso no cambia nada.
—Ajá. Claro. Díselo otra vez a tu reflejo cuando te encierres en tu penthouse solo, con una copa en la mano y la v***a en la otra.
No respondo.
Porque en el fondo, sé que tiene razón.
Pero no lo voy a admitir.
No ahora.
No nunca.
POV EVI
Me lavo el rostro. Me observo en el espejo con los ojos enrojecidos, la respiración aún agitada. Pero algo dentro de mí... se acomoda. Se endurece.
No me voy a romper por él. No otra vez.
Matt Dearwood no va a destruir lo que me ha costado años construir. Hoy, dejo de ver al chico que amé y empiezo a ver al CEO. Al negociador. Al rival. Separaré mi recuerdo... para poder hacer negocios.
Respiro hondo. Me seco el rostro. Salgo del baño como si llevara una armadura invisible.
Carter está esperando fuera. No dice nada. Solo me observa. Sé que le esperan mil preguntas, pero por ahora, agradezco su silencio.
Volvemos a la sala. Solo están Matt y Liam. Liam sonríe, relajado. Matt... no. Matt sigue siendo esa estatua de hielo en traje de diseñador.
Me aclaro la garganta y hablo, firme.
—Confirmaremos la cita para mañana. Evaluaremos internamente la propuesta y, dadas las circunstancias de hostilidad en esta reunión, también comenzaremos a explorar otras opciones de colaboración. Es lo más prudente.
Matt asiente con indiferencia.
—Está en su derecho. —Su tono es seco, como si nada le importara.
—Gracias —respondo, mirándolo solo un segundo antes de girarme hacia Liam—. Fue un gusto conocerlo, señor Rowe. A pesar de todo, su disposición fue... grata.
—El gusto fue mío, señorita De Jong —responde con una sonrisa encantadora—. Espero que mañana podamos hablar de negocios sin tanta... fricción.
—Eso espero —le contesto, amable pero diplomática.
Doy un paso hacia la puerta mientras Carter le da una última palabra a los dos hombres. Justo entonces, vibra mi teléfono. En la pantalla aparece una foto de Damian, dormido, abrazando su peluche favorito. Sonrío sin querer. Contesto.
—Hola, mi amor... —mi voz cambia por completo—. ¿Cómo estás, corazón?
La diferencia es inmediata. Mis ojos se iluminan. Mi postura se suaviza.
—¿Ya quieres nadar? ¿Y comer hamburguesa con papas? —lo escucho hablar emocionado—. Ya voy, mi amor. Dame unos minutos y llego.
Cuelgo y miro a los dos hombres.
—Disculpen —digo con una sonrisa leve
Y salgo sin mirar atrás.
En el ascensor, Carter y yo descendemos en silencio. Al llegar al auto, me acomodo en el asiento y suspiro. El momento de paz no dura mucho.
—¿Quieres contarme qué carajos pasó allá arriba? —pregunta Carter al fin, cruzando los brazos—. Porque eso fue más que una simple negociación fallida.
—Intentó hacerme menos —respondo, sin rodeos—. Como si todo lo que he hecho, lo que he creado, no valiera. Quiso humillarme. Y no voy a dejar que lo haga.
—¿Y por qué? ¿Te conoce de antes?
—Sí. Del instituto. Pero... —me detengo, dudando.
Carter me observa en silencio. Y luego, suelta la bomba con una voz serena pero directa:
—Claro. Tiene todo el sentido. El hecho de que Damian sea igual a Matthew no tiene nada que ver con esa discusión, ¿cierto?
Lo miro, congelada. Él sonríe con calma, sin juicio, solo certeza.
—Cariño... sé sumar dos más dos. Damian tiene casi seis años. Tú conoces a Matt desde el instituto. Cabello n***o. Ojos azules. Es un puto clon en miniatura.
Gruño, molesta, y giro la cara. Pero sé que no tiene caso seguir ocultándolo.
—Está bien. Sí. Matthew es el padre de Damian. Pero no lo sabe. Nunca se lo dije.
Carter asiente, sin sorpresa. Solo con una ceja en alto.
—Bueno... eso explica muchas cosas. —Pausa—. ¿Y qué vas a hacer?
—Nada. —Respondo de inmediato—. No tiene por qué saberlo. No ahora. No así.
Y me juro otra cosa en silencio.
Matt Dearwood no volverá a romperme.
Nunca más. Y sin duda, no sabrá de Damian, no le daré la oportunidad de humillarlo