Realmente no sé cómo comenzar a describir las cosas que han estado sucediendo en estos días porque, después de aquella tarde en la cual Eliot había hecho aquel gesto tan increíble (el picnic) hace una semana atrás, todo entre los él y yo ha modificado… bastante. Rememorar la situación bochornosa no es lo más idílico, pero, siendo honesta, me había sentido mucho mejor luego de haberle confesado que me gusta y de haber llorado como una niña pequeña. Eliot fue gentil, amable y atento y no solo me consoló, también estuvo pendiente de mi el resto de la tarde. Y ahora, una semana después, las cosas están siguiendo su cauce normal o, bueno, eso creo. Si bien es cierto que algo había modificado desde aquella tarde, eso no significa que los dos estemos saliendo o algo así. Optamos por dejar que

