Realmente había hecho muchas suposiciones de los lugares a los cuales Eliot me llevaría a rastras, pero todo quedó en la misma nada cuando me dejó en medio del vestíbulo, diciéndome que lo esperase y que enseguida volvería. La cuestión era que ya había transcurrido unos buenos diez minutos y solo podía oír cosas siendo removidas en la cocina. Opté por hacer caso omiso a sus “órdenes” porque había algo o, mejor dicho, alguien que no había visto desde hace un par de horas. Y sí, ese alguien era Cerbero. —¡Cerbero! —grité, importando poco que mi voz hiciese algo así como eco. Me encaminé hacia el ala sur de la casa, intuyendo que quizá cierto canino estaría en el jardín de atrás. Me detuve a pocos metros de la puerta cuando escuché algo estrellarse contra el piso y romperse en muchos peda

