Una semana después. —¿¡Qué!? —Lo que oíste —Quedé atónita, mi cerebro en cortocircuito… —. Ale, ¿sigues ahí? —Eh, sí… ¿Esto es alguna clase de broma? —pregunté, tratando de procesar bien sus anteriores palabras. —¿En serio, Ale? ¿Crees que estoy para bromas a esta altura de mi vida? —¡Pues no lo sé! —exclamé, frunciendo el ceño—. Es que después de casi cuatro meses sé de ti y lo primero que me dices es… Fran, ¿te das cuenta de que estas cosas no deberían decirse por teléfono? —Te avisé que con Trevor extenderíamos la luna de miel —Fruncí el ceño mientras me erguía de la cama—. De todos modos, estamos pensando en regresar dentro de un mes. —Entonces, ¿no fue una broma? —pregunté, paseándome de un lado al otro por el cuarto. —No, no lo fue y no lo es —replicó—. Aún estoy asi

