Nunca deseé tanto que el suelo se abriese y me tragase por completa como lo había deseado minutos atrás. Fue realmente vergonzoso que Eliot fuese tan… No lo sé, pero la cosa es que él escuchó todo lo que había dicho por la noche y, bueno, me hice la desentendida. Por supuesto, no estaba (ni estaré, en un futuro cercano) dispuesta a decirle semejante cosa en la cara. Una cosa era haberlo dicho a la misma nada (bueno, no a la misma nada porque el muy tonto de Eliot lo escuchó) y otra era volver a repetir esas palabras en toda su cara, viendo fijo sus ojos tan semejantes a los de… No, nada de hacer comparaciones, por amor a Dios. En serio, debía de hallar una manera o forma de evitar hacer comparaciones de sus ojos con los de un perro, en específico, con los ojos de Cerbero. Me refugié e

