Tuve que cerrar los ojos ante semejante vistas, por el contrario, el poco autocontrol se me hubiese escapado. —Tu pene sabe delicioso —Acuné su nuca con una mano, incitándola a ir más rápido—. Te encanta tener tu pene en mi boca, ¿cierto? —Mi respiración se detuvo, por unos segundos, cuando su lengua lamió desde la base hasta la cabeza de mi pene—. Mhmm, Eliot, estás tan… duro. Ella lamió, chupó y succionó, haciendo sonidos obscenos que me produjeron un cortocircuito cerebral. Me tenía a su mereced. No recuerdo muy bien cómo habíamos llegado a esto. Había llegado a casa después de un día de trabajo en el gimnasio y fui recibido por mi esposa, vistiendo únicamente una bata de seda bastante pecaminosa. No le di tiempo a nada. La ceñí entre los brazos y la besé. En la cama, la cubrí d
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


