Capítulo 8. No digas que no mujer. La música cambió. Un cuarteto de cuerdas empezó a tocar una versión suave de un tema clásico. La pista de baile se abrió. Algunas parejas comenzaron a moverse. -- Baila conmigo – le dijo Damián, tendiéndole la mano. Natalia dudó. Pero algo en su pecho latía con demasiada fuerza. Como si no bailar fuera más insano que ceder. Colocó su mano sobre la de él. Y entonces el mundo desapareció. Él la llevó con seguridad, sin mostrar urgencia, pero con una tensión contenida en cada giro, en cada roce. Cuando sus manos rozaban su espalda baja, cuando ella sentía su aliento en el cuello, era como si ambos olvidaran quiénes eran y donde estaban. En ese momento dejaron de ser jefe y empleada, ellos eran el increíble y conquistador Damián Steele y ella la alocada y

