Capítulo 4

2193 Words
Llegué al hospital tan rápido como pude, de camino intenté comunicarme con Alessandro, pero no contestaba. Al llegar le pregunté Adriana por él, a lo que respondió que estaba en urgencias, que tal vez por eso no ha podido contestar. Entré a la sala de urgencias y con la mirada busqué por toda la estancia algún rostro conocido que me pueda brindar información, hasta que vi de lejos a Odette y me acerqué hasta ella —hola Odette, ¿Has visto al doctor Alessandro?— —¿Te encuentras bien?— preguntó Odette preocupada —sí, solo necesito hablar con el doctor, por favor— rogué —este algodón y antiséptico es para él, ¿Estás segura que estás bien?... Tu rostro no confirma lo que dicen tus palabras— no conteste a su pregunta, solo me limité a seguirla hasta una de las camillas, al abrir la cortina visualice de espaldas a Alessandro conversando amenamente con una paciente. —Anna debe de estar preocupada Alessandro— —¡Mamá!— la emoción se coló en mi sistema al mismo tiempo que la preocupación —¿Qué tienes?— pregunté acercándome aún más hasta donde estaba y pude ver la cortadura que tenía en la mano. —no es nada cariño, se resbaló un plato y al recogerlo me hice una pequeña cortadura— dijo tranquilamente. —ya te he dicho que yo me encargo de lavar los platos mamá— acaricié su cabello —compréndelo hija, no me quiero sentir como un estorbo— —y yo no quiero quedarme huérfana— —ya hemos terminado aquí— dijo Alessandro tratando de aminorar la discusión entre nosotras —disculpa que pasara sin saludar Alessandro, pero ya sabes, con la joven aquí —fingí hablar en secreto mientras señalaba a mi madre— por todo se alebresta— —estoy aquí— hablo mi madre provocando carcajadas entre nosotros. Volvimos a la casa y una vez allí recibí una llamada de Annette, la esposa de Roan, para invitarme a una fiesta en su casa mañana en la noche por motivo al cumpleaños de su esposo. Acepté la invitación y luego de haber colgado me adentre a la cocina para preparar mi especialidad: “Ratatouille” era lo único que se me ocurría y en verdad era lo único que calmaba mi ansiedad y para cuando lo termine ya tenía una decisión tomada contratar una enfermera aún en contra de la voluntad de mi madre, el hecho de que tuviera a alguien que la ayude no quiere decir que ella sea incompetente para ello, pero hay que ser sinceros por mucho que duele tiene una pequeña discapacidad y jamás me perdonaría que algo le pasara por estar sola en casa. Serví la cena y luego de haber terminado fuimos hasta la cocina a fregar los platos —anteriormente eras tú quien siempre me hacía compañía y mira ahora, se han invertido los papeles — hablo mi madre mientras guardaba los platos —no quiero que te sientas desplazada mamá ni tampoco que estás discapacitada por completo, pero debes de comprender qué hay cosas que aunque quieras aún no estás del todo curada para hacerlo, así es que por tal motivo contratare a una enfermera — —eso jamás, escúchame bien Anna Risz, en el momento que llegue a ver a una de esas mujeres vestidas de blanco entrar por esa puerta me encerrare en mi habitación — —si ese es el problema le diré que venga sin un uniforme— sonreí —hablo en serio Anna— su cara mostraba tristeza —mamá esto no lo hago por llevarte la contraria, porque crea que eres incapaz o en el peor de los casos te sientas una carga, esto lo hago para que no estés sola, para que tengas a alguien con quien hablar mientras trabajo— me acerque hasta ella, me puse en cuclillas y puse mis manos sobre las de ella —hago esto porque te amo mami y se que no resulta fácil para ti estar todo el día sin hacer nada, dónde eres una mujer aguerrida y esto es algo nuevo para ti, no quiero que estés sola— le sonreí —eso lo sé Anna… bueno, lo voy a intentar, pero no prometo nada— puso una de sus manos encima de las mías —gracias mami, ya verás que no te vas a arrepentir — terminamos de lavar los platos y fuimos cada una a su respectivas habitaciones. La mañana siguiente fue la misma rutina con la excepción de que le hice una breve entrevista a la mujer que enviaron de la agencia esta mañana, me pareció la ideal para acompañar a mi madre; tenía alrededor de 40 años, piel morena, acento español, sabía hacer muchas cosas y sobretodo era muy agradable, en el corto tiempo que la entrevisté me di cuenta de ello. Antes de presentarle a mi madre le alerté sobre su negativa de tener un acompañante y sin más las presente, mi madre se mostró un poco distante, pero era algo de esperarse –mamá trata bien a Midred, ¿sí?, ya verás que lo bien que la pasaran juntas— le guiñe un ojo y salí a todo velocidad para la empresa. Me encontré extraño que al llegar no se veía a nadie más que no fuera el personal de seguridad, ya que la situación no era algo normal me asomé hasta Antón para preguntarle el porqué de la falta del personal —hay una reunión con todo el personal señorita Ritz, ¿no estaba informada?— cara estaba perfectamente serena a diferencia de la mía, agradecí por la información y fui hasta la sala de reuniones donde ya todos estaban de pies para salir de dicho lugar, algunos que salían me veían con cierto asombro, ya me estaba sintiendo un poco abrumada por todo aquello. Mirando entre todos a ver quien me podría dar un breve resumen de la reunión visualice a Rosaura y fui hasta ella —¡Anna!— saludó con cortesía La tome del brazo y la lleve hasta un lugar un poco más apartado –no es momento para saludos Rosaura, necesito saber a qué se debió esta reunión y porque no estaba informada — —El señor Jerome a sufrido un infarto y está bajo cuidados intensivos, así que técnicamente su hijo Raphael quedó a cargo de todo— sus palabras estaban cargadas de tristeza, al igual cómo me siento ahora, el señor Jerome fue el primero en creer en mí después de mi madre y escuchar aquello me causaba cierto pesar —esto es algo… ¡por Dios!— tape mi boca con la mano derecha y la otra la coloqué sobre mi pecho y luego agarre mi cabello, no sabía cómo reaccionar ante algo así, tal vez esté exagerando un poco, pero … aaasgh. No se como explicarlo, tengo ese horrible sabor amargo en mi boca que me advierte de que todo irá mal a partir de ahora. Sin mediar más palabras con Rosaura fui hasta mi oficina, traté de concentrarme en todo el trabajo pendiente hasta que lo conseguí, cuando ya estaba completamente sumergida el teléfono sonó lo cual ocasionó que diera un pequeño salto desde mi silla —señorita Ritz el señor Raphael quiere verla— hablo Liz la secretaria —gracias Liz— colgué el teléfono y fui hasta la oficina del joven, solo espero que no esté altanero; al llegar Liz me indicó que podía pasar, entre y le vi, estaba mirando hacia su computador y transcribiendo en una hoja, ni siquiera se inmutó al sentirme entrar —antes que nada señor Raphael, lamento mucho el estado de su padre— en ese momento dejo de escribir y me prestó atención —te mande a llamar y no fue precisamente para escuchar tus lamentaciones, te mande a llamar para saber ¿por qué carajos llegaste tarde hoy?— se veía molesto —solo me retrase cinco minutos y no fue precisamente por mí, la avenida Saleya está siendo reparada y tuve que tomar otro camino— —no me interesan tus excusas, espero que esto no se vuelva a repetir o de lo contrario cada minuto que llegues tarde será descontado– me puse de pie, esto era algo absurdo —no soy una máquina como para tener todo cronometrado, lo siento mucho, ni tampoco puedo predecir las cosas, así que de ser así… La puerta fue hubiera bruscamente y tras ella la figura de una mujer, era hermosa, tenía la piel como si fuera de muñeca, su cuerpo estaba muy definido, su larga cabellera rubia con ligeras ondulaciones y un perfecto atuendo, que no usaría ni en mis mejores sueños —¿te piensas quedar ahí parada como boba?— no me había percatado de que ya aquella mujer estaba frente a mi —disculpe— esta se rio y fue hasta Raphael y le dio un exagerado beso, así que caminé rápido hasta la puerta y salí de allí. —eres un desgraciado, ¿cómo puedes decir eso?— —Bella por favor, baja la voz — —eso jamás, mejor para que todos tus empleados sepan el tipo de hombre que eres infeliz — —¡YA BASTA!— »escuché aquellos gritos provenientes de la oficina de Raphael —tenemos dos malditos meses saliendo y a la primera terminas revolcándote con la perr* de Roxi, ahora entiendo porque nunca quisiste que formalicemos nuestra relación — »Aquella chica se escuchaba realmente mal —te dije desde un principio que no buscaba nada serio y lo aceptaste, no entiendo porque ahora te pones así, no tienes por que reclamarme nada Bell — —te dije que intentaría que te enamoraras de mí, porque te amaba estúpido, pero ya veo que no vales como hombre— »seguido de aquellas palabras se escuchó un fuerte azote de puerta. Todo parecía indicar que la discusión había terminado así que aunque la curiosidad me inquietaba decidí volver a mi mundo de papeles. Hoy era viernes lo que quiere decir que no volveré a la empresa hasta el lunes, así que adelante mi presentación del nuevo estampado lo más que pude, ya que  el último día sería el martes. Baje a la cafetería por una manzana y me encontré con Paul —¡¡Anna!!— me saludo desde la banqueta en la que estaba. Termine de pagar la manzana y fui a saludarle —¡¡Paul!! ¿Cómo estás?, no sabía que habías llegado de viaje — me senté a su lado —estoy bien— sonrió y miró su reloj —hace exactamente una hora y veinte minutos que estoy aquí — volvió a comer su sándwich —¿pudieron cerrar el trato?— Paul es el encargado de relaciones públicas de la empresa —si, me fue de gran ayuda tu consejo de innovar el estampado, así que ya no necesitarás la presentación para una aprobación, el proyecto fue aprobado, así que solo enfócate en mejorar todo lo posible aquel prototipo que me mostraste y lo puedes mostrar el lunes como etapa final— —¡¿Qué?!— juro que me va a dar algo —como escuchaste, oficialmente cambiaremos el estampado de la Champagne Strazza — —no lo puedo creer— me abalancé sobre él y le di un fuerte abrazo acompañado de un beso en su mejilla —¿así se lleva con todos sus compañeros, señorita Ritz?— Maldición, ¿es que acaso no puedo dar un pequeño paso sin que Raphael esté por ahí cerca? —no, no me llevo así con todos— me despegué de Paul —¿quiere decir que solo lo hace con los hombres?— su pregunta fue muy explícita para mí gusto —no, quiere decir que no tengo porque darle explicaciones — le miré fijamente —le recuerdo que soy su empleador y está en mi empresa — irguió su postura más de lo habitual y me miró de manera amenazante —entiendo que trabaje para usted, pero eso no le da el derecho de entrometerse en mi vida, si realmente no me quiere aquí solo dígamelo, no está obligado a tener una empleada que no le de la talla que espera y si me disculpa, me voy— me despedí de Paul y volví hasta mi oficina, la verdad es que no entiendo que carajos le pasa a este hombre. Apague la luz en la oficina y conduje hasta mi casa, allí me encontré a mi mamá tejiendo con su nueva acompañante —Anna cariño — saludó desde donde estaba —mamá, Midred, ¿cómo la están pasando?— me acerque hasta ellas —Midred me está enseñando un bordado que no sabía, mira, ¿acaso no está hermoso?— me mostró lo que hacía y en verdad estaba hermoso, era una especie de paisaje con pequeños animalitos — Está hermoso mamá, ya luego me enseñarás a mí cómo hacerlo, ahora debo alistarme para la fiesta de Roan— subí hasta mi habitación para arreglarme.  
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