3. Psicoanálisis

1921 Words
Artemisa Damien Ivanov. Un hombre … pintoresco. O mejor dicho, estrambótico, presumido y hablador. — Entonces, ¿Cómo te gustaría que te dijera? — volvió a tomar asiento — ¿Code Breaker? — tamborileo los dedos de su mano derecha sobre la mesa entre cada pregunta — ¿Reina Negra? ¿Artemisa Steele? O, tal vez … ¿Artemisa Blake? — aguanté la respiración mientras contaba hasta diez mentalmente. « Maldito imbécil » — No deberías jugar con fuego, y menos cuando solo traes un guardaespaldas — estreché mis ojos al enmascarado. — Lo tomaré como un “no” a la última pregunta — sonrío sin mostrar los dientes cabreándome aún más — así que la Yakuza y la ’Ndrangheta juntos — se recostó en la silla ahora mirando a Akira. — Nos unimos con muchos propósitos — le respondió éste mientras Borgia y yo compartíamos una mirada — entre ellos bajar al Boss de Rusia — Ivanov silbó. — Espero ya hayan pasado de esa idea, la verdad no quiero morir tan joven, el mundo merece presenciar más la belleza de este galán y no soy tan hijo de puta como Anatoly — el enmascarado apartó la mirada de mí por primera vez en la noche. Que mirara hacia la mesa me dio a entender que también le había dado pena ajena tener como líder a semejante charlatán. — Eso nos dimos cuenta, liberaron todas las niñas que tenían como esclavas sexuales, ¿Qué hicieron con ellas? — Ivanov alzó los hombros para restarle importancia a mi pregunta. — Abrimos un centro de rehabilitación — todos nos quedamos en silencio durante unos segundos, acto que hizo que el ruso se riera — sí, también fue nuevo para mí, pero … — clavó su mirada en mí — no todos estamos tan corrompidos — volví a mirar el enmascarado como un imán atrayendo a otro. — Entonces … — Akira se aclaró la garganta — de acuerdo a lo pactado esta noche decidiremos que hacer con ustedes — el estrambótico ruso ladeo su cabeza. — ¿Cómo es que están unidos teniendo secretos entre ambos? — nos señaló a ambos — porque tú — miró a Akira — no tenías ni la más mínima idea que ella es Code Breaker — Akira tensó su mandíbula. — ¿Y cómo es que sabes quién soy? Solo pocas personas con vida conocen mi pseudónimo — volvió a sonreír travieso. — Tengo una fuente bastante confiable, seguro querrás conocerlo — alcé una ceja — y tú también — miró a Borgia — se los puedo presentar hoy mismo pero antes quería asegurarte algo, no tienes por qué preocuparte por tu secreto, no se lo diré a nadie — cerró su boca como si de un cierre se tratase — y tú deberás prometer lo mismo — señaló a Akira. — Yo ya lo sabía — giré todo mi rostro hacia él — ¿Cómo no voy a saber los secretos de mi futura esposa? — abrí mis ojos de par en par. Inhalé y exhalé profundo, tragué saliva y me removí incómoda en mi asiento. « ¿Por qué dijo eso? No venía al caso » Al mirar al ruso este pasó sus ojos de Akira a mí unas tres veces y luego miró a su guardaespaldas, quién muy quito e implacable tenía su rostro girado al hombre a mi lado. Me aclaré la garganta ante el silencio incómodo y raro que nos había envuelto. — Antes de pasar a los temas en concreto — volví a removerme incómoda — me gustaría saber cuál es tu fuente — el enmascarado se puso de pie y el silencio volvió a reinar por unos segundos. — Creo que no se va a poder — arrugué mi entrecejo a Ivanov quien también se puso de pie dejando a la vista todo su pecho. — ¿Cómo que no se va a poder? — me puse de pie arrastrando mi silla hacia atrás. — La conversación se puso tensa así que nos vamos, no se preocupe, nos volveremos a ver, por ahora le puedo asegurar que no tenemos intenciones de atacar la ‘Ndrangheta, en cuanto a la Yakuza … — miró a Akira — no lo tenía previsto pero creo que las cosas van a cambiar — Akira se puso de pie lentamente como un dragón asfixiando un pez. Solo que Ivanov no era un pez … pero tampoco un tiburón. Con un asentimiento se dio la vuelta y empezó a caminar con su guardia detrás. Con tatuajes hasta en la garganta, aretes, anillos extravagante, piercing como un adolescente y un buen cuerpo con nalgas apetecibles, este estrambótico ruso no era lo que decía ser, de eso mi intuición me lo aseguraba. — ¡Damien Ivanov! — se detuvieron ambos ante mi llamado — espero, por la paz de todos los presentes, que la próxima reunión si sea con el verdadero líder de la Bratvá — todos me miraron como si estuviese loca menos él. Su reacción me confundió, sonrío de oreja a oreja y llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón. — Lo tienes al frente, Reina Negra — me guiñó el ojo y siguió su camino. Al desaparecer tenía que soltar mi frustración, así que como una niña pequeña hice una pataleta. Apreté mis manos en puños, fruncí mis labios y di una zapatazo. La carcajada de Borgia me hizo mirarlo con mis ojos entornados sin dejar mi postura de niña malcriada. — ¿Cómo se te ocurre decirle que él no es el jefe? — ¡Porque no lo es! — me relajé cruzándome de brazos — el estrambótico ruso ese esconde algo — Borgia negó poniendo los ojos en blanco. — ¿Así como lo escondes tú? — miré a Akira y tragué saliva. Sus ojos achinados estaban más fríos que Oymyakon y tenía esa mirada con una mezcla de ira, decepción e incluso me juzgaba. — La esperaremos arriba Reina — Carlo arrastró a Luis y todos los hombres con él. Apenas estuvimos solos Akira se cruzó de brazos y se sentó sobre la mesa y yo me descrucé jugando con mis dedos un tanto nerviosa. — Akira … — me interrumpió. — ¿Sabes cuántas veces mi gente contraatacó a Code Breaker? — fruncí los labios al escucharlo reírse sin ganas — pues claro que sabes, porque tú eres la propietaria de ese pseudónimo. — No me pienso disculpar — tensó su cuello — era mi deber y amaba hacerlo … aún lo hago — alzó una ceja. — ¿Pensabas decírmelo en algún momento? — aparté la mirada. — Debo cuidar a las personas que quiero, por eso solo algunos saben que pertenezco a ambos bandos — negó. — でたらめ — escuché algo como un “detarame”. — ¡No me hables en japonés! — ¡Y TÚ NO ME LEVANTES LA VOZ! — alcé mis cejas y jadee sin creer que se haya atrevido a tanto. — Tu me vuelves a gritar Akira Shirai y no me importa si eres la mismísima reencarnación de Hitler, te rompo la cara — él inhaló y exhaló cerrando los ojos. — Si tu no te disculpas por ocultarme cosas, pues yo no me disculpo por haberte gritado — dio un paso hacia mí y levanté mi barbilla — en un matrimonio y en una pareja ante todo debe recalcar la verdad — y sin más se marchó. Salió por una pequeña puerta, no podía subir directamente al evento e imagino que deberá acompañar hasta la frontera a nuestro invitados. Suspiré pesadamente y miré a mi alrededor. Que noche más rara y complicada. Negando y sin querer pensar mucho en mi futuro subí las escalas volviendo al primer piso, al llegar Borgia me esperaba con un gesto indescifrable. — No digas nada — alzó sus manos en son de paz. — Solo quería informarte que me quedaré en Italia un par de días — asentí y suspiré mirando a mi alrededor — la chica que parece un ángel empezará a tocar, vamos — lo miré y solté una carcajada caminando hacia la mesa de Carlo y su hijo — ¡Deja de burlarte loca paranoica! — No estoy paranoica, sabes que puedo leer a las personas por su lenguaje corporal — me acerqué a él para susurrarle — e Ivanov no hace las reglas, las sigue, de eso estoy segura — me separé y me senté sonriéndole a todos. El tema murió allí, no podíamos hablar de esto frente a personas inocentes y lejos de pertenecer a este mundo, justo como era yo. Mientras la chica ángel, como la describió Borgia, se preparaba para iniciar su presentación un mesero se acercó a mí y me entregó una pequeña cajita color terracota. — Acá le mandan señorita Steele — la tomé con duda mirándola por todos lados. — ¿Quién la envía? — El caballero del segundo piso — con una sonrisa amable se retiró. Miré hacia arriba y apenas lo vi me tensé, en la esquina del balcón se encontraba el enmascarado mirando hacia mí, o supongo que miraba hacia mí, estaba recostado en la pared descansando su espalda en esta y su brazos cruzados apretando el traje en los lugares necesario para hacer babear a cualquiera. Al momento en que ladeo su cabeza arrugué mi entrecejo y giré bruscamente mi mirada hacia Celeste, mi corazón se aceleró y de inmediato sentí ganas de llorar. La Vie En Rose, esa era nuestra canción, solo de nosotros dos. Al mirar de nuevo al segundo piso ya no lo vi allí. Me puse de pie mirando hacia todos los lados y no lo encontré. — ¿Artemisa? — ignoro el llamado de Borgia y salgo de allí sin terminar de escuchar la canción. La noche estaba bastante fría y mi gabardina había quedado adentro, lo único que tenía era una cajita de regalo en mis manos. Bastante lejos de la entrada lo vi acercándose al auto donde esperaba el ruso. Mi corazón se aceleró aún más al detallarle la espalda, y con cada respiración mi garganta se secaba y el aire salía frío quedando a la vista. Presté atención a lo que había delante de él, Ivanov señaló su mano y me sonrío, arrugué mi cejo y comprendí a qué se refería, así que sin pensarlo más destape la cajita quedándome sin aliento y mucho más fría. Una pequeña cadena en oro rosa relucía junto a un arco y dos flechas unidas por una pequeña piedra que hacían al dije más perfecto y hermoso que por segunda vez había visto en mi vida, el mismo dije que Derek me arrebató en ese día gris. Me quedé unos segundos procesando lo que estaba viendo, y aunque mi corazón latía a mil por hora, mis extremidades estaban frías y había comenzado a marearme reaccioné, cerré la cajita y lanzando los tacones al aire salí corriendo detrás de él. « Esto no puede ser verdad » Me repetía una y otra vez a medida que corría. Pero por más rápido que fuese no lo iba a alcanzar. Ambos ingresaron al auto sin mirar hacia mí ni ningún lado, y arrancaron solo segundos antes de que llegara hasta ellos. — ¡ETHAN! — grité con el último aliento que me quedaba. Cansada y adolorida me desplomé arrodillándome viendo como el auto con placas rusas se alejaba en medio de la noche.
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