Cap. 1. Cueste lo que cueste.
La melodía de fondo y sentir su frágil cuerpo pegado al mío, esa enternecedora mirada, esa piel tan blanca y esos labios tan rosados, me tienen totalmente encantado. El mundo ha dejado de existir, solo somos este bello ángel y yo.
—Señorita, baila usted muy bien para ser alguien que no gusta de estas festividades —digo sonriente, intentando hacer plática y endulzarme con su dulce voz.
—Fui muy bien educada mi Lord, es parte de mi educación saber bailar, pero saber hacerlo no es lo mismo que disfrutarlo —Lo dice con su bella voz, pero con ese tono frío e indiferente que no he de negar me dolió el pecho saber que alguien no disfruta de mi presencia y más ella, pero también me provoca más.
—¿Me está diciendo que no está disfrutando el bailar conmigo? —Le digo, mirándola fijamente a los ojos. Es tímida, no sostiene mi mirada y parece una niñita asustada.
—No fue eso exactamente lo que quise decir, le dije que no me gusta bailar.
—¿Entonces sí disfruta de mi presencia? —vuelvo a preguntar—, apenas dice, con una gran sonrisa.
—Hasta el momento ha sido un caballero, pero si le soy sincera, no sé cómo se puede disfrutar de la presencia de alguien a quien apenas se conoce —Pues ni tan tímida, más bien bastante directa y cruel, ¿no notara que me hiere con lo que dice?
—Eso me dolió, señorita, porque yo he disfrutado de su presencia, apenas cruzo la puerta.
—Es usted un caballero bastante adulador, pero no se moleste en ser así conmigo, no disfrutó de bailes, ni de compartir con caballeros, solo estoy aquí para cuidar a mi padre, así que le recomiendo mi Lord, que no pierda su tiempo y sus freces conquistadoras conmigo —Dice cuando termina la melodía y quedamos pegados viéndonos de frente. Su mirada dice que eso no es exactamente lo que siente, a lo que acaba de decir, puedo sentir su cuerpo temblar.
—Decir lo que se siente, pienso que no es perder el tiempo. Estoy siendo totalmente franco con usted.
—De ser así le agradezco sus palabras, mi Lord, pero yo también he sido sincera con usted y espero que me comprenda. Ahora, si me disculpa, iré a cuidar de mi padre —dice y se va dejándome ahí como un tonto.
—¿No cayó la palomita? —Robert, se acerca a mi burlón.
—La tengo más que conquistada —le digo sonriente.
—Pues no fue eso precisamente lo que ella dijo.
—Es solo tímida.
—Vamos, William, no te quieras hacer el galán enfrente de mí. La joven no se interesó en ti y ya está, vamos ni que fuera la única —Robert dice en tono cínico y burlón, ese en el que siempre hablamos, pero esta vez de alguna manera me molesta.
—Es la única que llamó mi atención esta noche y, a pesar de lo que pienses, yo sé que algo le provoqué.
—Sí, miedo o repugnancia —ríe el muy maldito —. Se fue casi corriendo de tu lado.
—¿Qué vas a saber tú de mujeres? Ella puede que se esté haciendo la difícil, pero sé que ella sintió la misma atracción que yo.
—Si tú lo dices, te dejaré que te sigas engañando, pero igual podemos probar. ¿Qué te parece si ahora voy yo a solicitarle un baile? Si dice que no es que tal vez estés en lo cierto, pero si me lo concede, entonces quedará claro que el que no le agrade eres tú. —Dice, y yo solo lo miro con enojo —¿Tienes miedo, de comprobar que tengo razón? —dice con su maldita sonrisa que ahora mismo quisiera borrarle con un puño.
—Está bien, ve y comprueba que ella no está interesada en nada de esto y que solo seré yo el afortunado de haber bailado con ella, así como el que será su dueño —Digo firme y rogando por tener la razón, ella bailó conmigo porque su padre se lo pidió, así que espero que este idiota sea rechazado. Y solo sea yo el afortunado de tenerla tan cerca.
—¿Su dueño? Vaya interesante afirmación. Creo que el incasable, tal vez sí sea atrapado. —El maldito Robert dice burlándose y se va hacia donde ella se encuentra.
Yo me quedé ahí solo observando y esperando que lo mandé al diablo de inmediato. Es extraño, mi corazón comienza a latir con fuerza, no entiendo lo que me pasa, tal vez es solo el no querer ser la burla de ese idiota y mucho menos el perder. Ninguna mujer me había rechazado y mi bello Ángel no será la excepción.
—¿Qué pasa? ¿Qué miras con tanto interés? —Mi primo, David, se acerca y me pregunta —Ah, Robert, ¿está intentando conquistar a esa belleza? ¿No es la misma con la que estabas bailando? —Se responde solo al mirar hacia donde está el imbécil de Robert.
—¡Sí! Lo sabía, lo rechazo —digo con emoción.
—¿A qué juegan ustedes?
—No estamos jugando, es solo que ese imbécil creyó que ese bello Ángel, me había rechazado, pero le acabo de demostrar que yo tenía razón, ella solo es mía. —Le respondió feliz y sonriente.
—¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? —Robert, llegó a nosotros y de inmediato le preguntó. Estoy ansioso por saber qué le dijo.
—Dijo que no le gusta bailara, que no está aquí en disposición para ningún caballero, que solo está cuidando a su padre y que te dijera a ti, que dejes de enviar caballeros para provocarla, que fue clara contigo y que no la molestes más —Dice y yo sonrió como un tonto, mirando hacia donde está ella, quien también nos observa. Le doy una bella sonrisa con la cual le respondo que no, no la dejaré en paz y que será mía, cueste lo que cueste.
No voy a descansar hasta lograr que ese bello Ángel, caiga rendida de amor por mí, y no es que ya haya decidido que será ella la mujer con la que me casaré. No nada de eso, solo que nunca me había gustado tanto una mujer y mucho menos una que me haya rechazado. Ella se ha convertido en mi objetivo, en mi capricho, me ha incitado a jugar y sé que ganaré. Nadie se me ha resistido nunca y no pararé hasta probar esos dulces labios.