—¡Cobarde!—gritan a mi lado—¡Sácale la cabeza, Harry! El tipo no debe pasar los treinta años. Es fornido, aunque no tanto. Cuando alzo la vista hacia él, sus ojos negros me miran también con un brillo de maldad que jamás haya visto en nadie más. —¡Hazlo mierda, Harry!—grita otro por detrás de mí. —¡Mata a esos monstruos! Intento contenerme. Realmente lo intento, cosa que me lleva a preguntarme el por qué yo no puedo ser parte de los exorcistas. Le dije a Aaron que estaría dispuesta a ser uno de los suyos, pero me di cuenta que no estoy lista. Nunca voy a estar lista para ir en contra de los demonios, porque estoy perdida en medio de un gran vacío del que no puedo escapar. Ya sabes, como cuando quieres ser una niña buena y no acusar a tu hermana con tu padre por algo que habrá roto. Y s

