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1661 Words
Sus gemidos y jadeos perforaban mis tímpanos, sus respiraciones irregulares y profundas, las maldiciones y ruegos que salían de sus labios, todo, me estaba agobiando. En ese instante no me importó que tuviese un arma, no me importó que mi vida universitaria se convierta en un infierno después de esto, pero no lo soportaba más. Con mi visión borrosa por las lágrimas y si a eso le sumamos que no tengo mis gafas, se me dificultó encontrar donde estaba mi mochila. No sé de dónde reuní toda la valentía necesaria para como una loca desesperada lanzarme hacia mi mochila y salir despavorida de ese horrendo lugar. - Riddell!!!! Gritó o más bien gruñó mi nombre desde lo más profundo de su garganta, pero nada me importó, nada hará que me detenga y ser capturada por él. Sequé mis lágrimas mientras sollozos sonoros abandonaban mis labios secos. Bajé las escaleras como alma que lleva el diablo, habían un grupo de alumnos charlando en una esquina apartada del pasillo. Estaba sola en este lugar, no le podía pedir ayuda a nadie, y si se la pudiera nadie me ayudaría de solo escuchar el nombre de Viktor. Miré hacia atrás asustada de que estuviera persiguiendo. Caí de nalgas en el suelo al sin percatarme choqué contra alguien. - Mira por donde vas!!! Exclamó molesta, alcé la mirada encontrándome con la persona menos indicada. La pude reconocer por ese piercing en la ceja y labio, mirada esmeralda enojada característica de ella. Inconfundible. Mina Hogredy Su presencia hace temblar a cualquiera, es la típica chica solitaria que de solo mirarla sabes que es peligrosa. Unos fuertes pasos provenientes de la escalera me alarmaron, es él. La miré suplicante por ayuda, mis lágrimas salieron una vez más. - Por favor.... ayúdame - rogué - Maldita sea! Agarró mi brazo con mucha fuerza a la vez que tiraba de él hacia una puerta que de una patada logró abrir. Me empujó dentro de esta mientras la cerraba a sus espaldas. Todo estaba oscuro, no podía ver nada, tropecé con unos palos causando ruido. - Puedes quedarte quieta de una puta vez! - gruñó molesta - Lo siento - susurré Miré a mi alrededor con la poca iluminación que había y con mi visión borrosa prácticamente no veía nada pero el olor a humedad me hizo saber que este era el cuarto de limpieza. - Ya no hay peligro, parece que se fue - me miró - de quién huías con tanto desespero? - Gracias por ayudarme - le agradecí de todo corazón - y bueno...eso es una larga historia... - No te pregunté la historia sino de quién huías? - reviró los ojos Jugué con mis manos - de Viktor Vinogradov - susurré - Que!! Cerré los ojos asustada ante su grito - Como carajo se te ocurre meterte con él, y nada más él! - No me metí con él...todo fue un malentendido - susurré Llevó su mano a su frente mientras maldecía en voz baja. - Solo a mí se me ocurre ayudarte, no quiero problemas así que - hizo un gesto con su mano - pierdete. Bajé la cabeza tímida cuando pase por su lado, dirigí mi mano al pomo de la puerta, su fuerte mano se enrredó en mi muñeca impidiendo mi andar. - Que mierda le pasó a tus gafas nerd? - dijo extrañada No sé cuándo ni cómo había tomado mis rotas gafas, solo se que las tenía en su mano mientras la miraba con total atención. - Fue él verdad? - me miró molesta Asentí levemente con timidez - Maldito narcista - gruño molesta - vamos! Tiró de mi brazo hasta sacarme del cierto de limpieza, los estudiantes que se hallaban en el pasillo nos miraba con atención y curiosidad, los murmullos no se hicieron de esperar, no es muy visto que ayuden a la estúpida nerd, es mejor humillarla. Salimos al parqueo a la vez que soltaba mi mano y se dirigía a un auto rojo para sacar del bolsillo de sus jeans ese aparatito que hace un ruido extraño cuando desbloquea la alarma del coche. - Sube - abrió la puerta del copiloto La miré con dudas, no es bueno subir en coches de extraños..verdad?, o soy solo yo? - No tengo todo el día cariño - se quejó Con rapidez ingresé en el interior de su lujoso auto, olía a nuevo, la busqué con la mirada ya que aún no se había subido. Mi boca formó una O del asombro, esta chica estaba loca, con una cuchilla había rayado el coche n***o, y adivinen de quién es el coche? Si, de él. Lanzó la cuchilla a la densa nieve mientras daba media vuelta y regresaba muy sonriente. Una vez dentro accionó la llave y nos pusimos en marcha. Había un silencio, ninguna se atrevía a iniciar una conversación, pero no me quedaría con las dudas, debía obtener respuestas. - Porque hiciste eso? - pregunté tímida - El muy cabrón no me cae bien - me miró por un segundo para después centrarse en la carretera - solo quería joderlo un poco - sonrió con malicia. - Adónde vamos? - Haces muchas preguntas sabes? - Lo siento - susurré - Bueno, saben lo que dicen... - Que? - la miré curiosa Una sonrisa de medio lado adornó su rostro antes de responder. - Eso que dicen, que todos los chicos buenos van al cielo...pero los chicos malos traen el cielo a ti. - concluyó - Que? - la miré sin comprender No dijo nada, al contrario, su sonora risa inundó el ambiente. Cómo es que puede estar tan tranquila y sonriente, es una diferente Mina la que tengo enfrente. - Eres muy inocente e ingenua querida, eres una presa fácil en esa cueva de lobos... - Te imaginaba más diferente. - comenté - Que esperabas? - detuvo el auto - una chica sombría, antisocial se odia el mundo? - me miró burlona Asentí Una sonrisa se dibujó en su rostro. - Debes de dejar de leer novelas cliché, te está afectando el cerebro. Abrió la puerta y salió del auto, yo miré su acción. Miré todo el lugar, lo conocía muy bien, esas sillas metálicas con ese cartel de no fumar, las puertas automáticas con cartel de propaganda del último perfume a la moda. - Que hacemos aquí? - la miré dudando - A por tus nuevas gafas. Tomó mi brazo y a paso rápido ingreso en la clínica óptica, estaba vacía, no había nadie por los alrededores. Sin tocar y sin nada abrió una puerta de una de las consultas ingresando sin recibir respuesta. - Padre! - Mina que te he dicho de entrar así. Un hombre canoso como de unos cincuenta años regañó a Mina, o más bien a su hija. Al mirarlos bien puedes notar el parecido y la similitud en ambos, los dos tienen bipolaridad porqe acaba de regañar a su hija y ahora le sonríe. - Padre ella es.... Me miró interrogante esperando a que dijera mi nombre. - Lucía...Lucía Riddell - estiré mi mano recibiendo un apretón por parte suya. - Y en que te puedo ayudar Luci, te incomoda que te llame así? - sonrió Negué con la cabeza - Unas gafas nuevas a su medida por favor - dijo cogiendo una revista a la vez que se sentaba en un sofá de piel - No es necesario yo... - Si lo es, acaso quieres continuar ciega el resto de tu vida. No me quedó de otra que aceptar, el padre de Mina me indicó sentarme en una silla para comenzar a medirme la vista. Unas horas después ya tenía unas gafas nuevas, y debía admitir que mucho más bonitas que las que tenía, pero aún así me gustaban más las mías, eran un regalo de mi madre. - Ya llegamos - detuvo el auto frente a mí casa - te veo mañana. - Muchas gracias Mina - me lancé a abrazarla - Ok - dijo incómoda - mucho contacto, soy alérgica al contacto Reí por su broma mientras me separaba de ella. - Ahora somos amigas? - pregunté tímida mirándola levemente - Como quieras llamarlo - me miró burlona - Si! - exclamé feliz para después salir del auto Caminé dando saltitos hasta la puerta, me gire para despedirme agitando feliz la mano recibiendo de su parte una sonrisa a la vez que arrancaba el auto y se perdía de mi vista. Estoy muy feliz, por fin tengo mi primera amiga, no lo puedo creer. Saqué la llave de mi mochila e ingresé, al instante un olor a pudín recién hecho golpeó mis fosas nasales. - Madre? - caminé hasta la cocina - Cariño ya llegaste. Dejó lo que estaba haciendo para darme un beso en el cachete a la vez que volvía a sus quehaceres. - Tu prima está en tu cuarto lleva tiempo esperándote - me miró - no la hagas esperar más. - Está bien - susurré Mis nervios volvieron a traicionarme, seguro que está aquí para reprocharme sobre la rayadura que hay en el coche de su novio, pero no fuí yo, a paso lento y corto me fui acercando a las escaleras, si soy sincera no quería llegar nunca a mi habitación, él solo pensar que voy a estar sola con ella mi cuerpo temblaba del miedo. Escalón por escalón fui subiendo hasta estar parada frente a mí puerta con un cartel rosa de My Little pony, si lo sé, muy infantil. Con dudas, nervios y miedo acerqué mi mano temblorosa al picaporte girando este con total lentitud. Fui abriendo la puerta con la mayor lentitud del mundo, hasta que esté después de unos minutos estuvo abierta. Sentada en mi cama con sus piernas de Barbie cruzadas dando un aspecto sereno, muy diferente al de ella allí estaba, es ahora cuando más le tengo miedo, su tranquilidad no es normal, algo trama. - Te estaba esperando....
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