En el centro de la ciudad, en el sitio en donde había empezado todo, cuando llegó de México, después de huir de la maldad de sus padres, era hija única, no tenía a nadie que la amparara. Ahora solo debía olvidar lo sucedido con ese tipo, lo difícil que había sido enfrentarse a eso y no entenderlo, y aunque en su cabeza seguía resonando esa frase: Tú me salvaste la vida debía enfocarse en lo que más importaba, conseguir dinero para recuperar a Sara. No le quedaba más que regresar al bar, al bar en donde trabajó de mesera, cuando era una recién emigrante, ahí estaría Minerva, la dueña de ese lugar, caminó mucho ante la mirada de las personas, por su aspecto tan decadente, estaba a punto de desmayarse de hambre y de frío. Lo que había vivido no había sido nada fácil, pero era una mujer fuert

