Irene sintió que se estaba dejando llevar demasiado por esa situación, y que no, no esperaría a que le explicara nada — ¿Dónde estamos? — logró balbucear con dificultad mientras caminaba a paso lento por el inmenso jardín que adornaba la entrada a esa mansión. Las puertas se cerraron tras que su zapato pisó el suelo de ese hermoso sitio, nunca antes había visto algo similar. Los hombres que los custodiaban también quedaron afuera, y ahí adentro, solo estaban Hugo e Irene, con sus miradas apagadas y llenas de preguntas, confusiones que no encontraban fin ni reposo, cada uno tenía una verdad y una pregunta diferente. — En la casa que será tuya, la que te mereces, la que escogí para ti — contestó Hugo con seguridad, después de un rato que se quedó detenido mirándola, él creía que esa era u

