Capítulo 3

1422 Words
— ¿Te enseño a conducir un niño de kínder? — gritó Lucas sacudiéndose la tierra del pantalón. No fue un gran golpe en realidad, más que nada es susto de lo que pudo haber sido. Que llorón. — Según tú, yo soy de kínder — le discutí. — ¿Cuántos años tienes? — pregunto, pero no había sarcasmo en su voz esta vez. Creí que me venía a echar de su propiedad, o de Maggie, o de quien fuera... ¿Y resulta que veía a hacer conversación? Quizá quería saber si tenía de verdad licencia de conducir... No lo sé, que hombre más raro. Raro, pero sexy. — 18 — respondí subiéndome al coche nuevamente. — ¿Ni siquiera te va a disculpar por atropellarme? — Fue un topón de nada... ni siquiera se dañó el coche. — ¿Si sabes que una pierna es más frágil que un parachoques, verdad? — No es culpa mía que tú seas frágil. Él disimulo una sonrisa, cambiando de tema. — Así que 18... — ¿Quieres ver mi carnet de conducir para que me pueda ir? — Es que pareces más joven, deberías maquillarte un poco para parecer de tu edad. Muchas mujeres pasan media vida intentando lucir más jóvenes gracias al maquillaje, y este idiota quería que me maquillara para hacer todo lo contrario. Inteligencia masculina cariño. — Oye, la casa de invitados frente a la piscina es de Maggie, yo no dejo que mis invitados la usen, para eso tengo la mía. Si ella te la ofreció es porque quiere que te quedes... al menos esta noche —sugirió cuando no respondí. Mi orgullo se vio tentado a mandarlo a la mierda, pero luego recordé los pocos ceros que hay en mi cuenta bancaria. Cada centavo contaba para regresar a casa, y no debía desperdiciar dinero en moteles, por muy baratos que fueran. — Solo porque no sé dónde hay moteles por la zona — baje de coche —. Mañana me voy. Iba a sacar mi bolso del asiento del copiloto, pero algo se interpuso en mi camino. Un cuerpazo de 1.80 metros, que olía a una mezcla entre licor y sal de mar. El olor de los Dioses. — Llevare esto por ti, no soy un idiota, ¿sabes? —sonrió intentando ser amable, pero no compensaba lo idiota que había sido antes. — Gracias — susurre, aunque no se lo merecía del todo. Pero su mirada me confundía, o quizá solo me hipnotizaba, ¿Cómo podía tener unos ojos tan intensos? Sus tupidas y oscuras pestañas no ayudaban. Al llegar a la entrada de la mansión Hunt iba saliendo. — Me alegro que la encontraras, iba a ir yo por ella si no movías el culo. —Siempre el hermano bueno — Se burló Lucas —, ya que eres tan buen samaritano instálala tú, la clave es la misma y la llave esta donde siempre. Y sin más, desapareció con la misma chica que se sentó en sus piernas antes. — ¿Hermano? — pregunte sin saber si eran hermanos de verdad, o si solo era una apelativo de amistad. — ¿No te lo dije? — fingió inocencia. — No. — Bueno, en este grupo social hay tantos matrimonios y divorcios que es difícil seguirle el ritmo a todos los hermanastros, medios hermanos... — Pero parecen quererse. Caminamos un rato en silencio, y por un momento creí que no me contaría su historia, hasta que se detuvo para que lo escuchara. — Nunca conocí a mi padre biológico — dijo como si nada, pero podía notar que si le importaba —. Mi madre se casó con el padre de Lucas cuando yo tenía 7. Un día desapareció y me dejo solo con mi nuevo padrastro y un hermanastro mal humorado que aparecía de vez en cuando. Fin. — Lo siento mucho — dije sinceramente. Si a mí me había dolido que mi madre se fuera, no me puedo imaginar lo que sería haber vivido eso siendo una niña. — Al menos me abandono en un buen lugar. Marcel siempre fue genial conmigo, pago mi educación y fue una buena figura paterna. Hasta el día de hoy sigue siendo un buen padre. — Lastima que no te diera esta casa a ti... — Oh, pero me dio un club en el centro de la ciudad, que es mucho mejor... Puedes ir cuando quieras. — No me quedaré — digo cuando abre la puerta. De inmediato una alarma suena, pero la calla con la misma calve del portón. La casa de huéspedes era hermosa, ni siquiera sabía que la recordaba hasta que las imágenes de mi padre preparando el desayuno en la pequeña isla inundaron mi mente. El lugar era prácticamente una caja de cristal, las paredes solidas del interior daban forma a un cuarto principal con baño privado y otro más pequeño, o al menos eso recordaba, ahora parecía más un almacén de arte. El resto de la casa era un concepto abierto, la cocina americana daba a una luminosa sala de estar. Recuerdo que la casa solía tener finas cortinas por todas partes, que cuando se cerraban parecía una carpa de circo. Ahora no había ni una sola. Y cuando Hunt me enseñó a usar el panel entendí porque. Habían cambiado los cristales por unos que se podían oscurecer desde afuera para dar más privacidad, pero se seguía viendo todo desde el interior. También se podían oscurecer por completo para que no entrara luz, pero dudo que alguien alguna vez quiera privarse de una vista panorámica como esta. — Maggie a veces me dejaba quedarme aquí... Es un buen lugar... — ¿No vivía ella aquí? — Me extraño al solo ver un cuarto. — No. Ella solo que quedaba acá cuando la madre de Lucas aparecía de sorpresa... Flabia solo finge ser la dueña de casa cuando Maggie está de viaje, pero estas de suerte, dudo que aparezca porque esta "cuidando" a su hija de su décima apendicetomía... Era obvio que no le agradaba Flabia, ni su hija. No le había escuchado ni un comentario decente hacia ellas en toda la noche. — Ya te dije que no me quedare. — ¿Por qué no? Podrías aprovechar la temporada. — Porque yo no tengo un padre rico que me dejara una casa o un club — respondí con desdén — Tengo que trabajar. A eso viene para Margaret, y si ella no tiene un trabajo para mí, me tengo que mover antes de quedar más pobre de lo que estoy. — Puedes trabajar en mi club... temporada alta... buenas propinas. No sonaba tan mal, pero desconfiaba. La última vez que acepte un trabajo que parecía caído del cielo, termine varada en otro estado sin que me respondan las llamadas y me dejen el visto en todos los mensajes... puta vida. — ¿Conoces un motel medio decente? Me quedaría en esta casa como parte del supuesto trabajo que tenía Margaret para mí, si no voy a trabajar para ella necesito otro lugar. — A ella no le importara, es más, si te invito es por algo... Todos continuaban diciendo eso como si significara algo. — Ahora mismo me importa una mierda lo que quiere ella, no me quedaré si no estoy trabajando para ella. — Bueno puedes quedarte en mi apartamento si quieres. Tengo un cuarto de invitados. Nuevamente estuve a punto de aceptar impulsivamente, ¿Qué me pasaba con este chico? Tenía ganas de decirle que si a todo lo que me decía. Casi vuelvo a caer en esa mala costumbre, pero algo me detuvo. Por suerte. — Gracias por la oferta lo pensaré, ahora solo quiero dormir un rato. — Cualquier cosa, me llamas... Si Lucas se vuelve un grano en el culo contigo o si quieres que te muestre la ciudad... me llamas — Tomo mi teléfono y guardo su número — Nos vemos texana — Se despidió antes de salir. Me sentía tentada a pedirle que se quedara, aunque fuera solo para hablar un rato. Hunt no solo era amable y atractivo, algo que no siempre se encuentra junto. Por alguna razón creo que nuestras experiencias de abandono nos unen de una forma especial. No vayas por ahí. La gente no quiere escucharte siendo una víctima patética. Le hice caso a mi vocecita, pero algo en ese chico me atraía. Mientras me dormía llegue a la conclusión que simplemente la gente rota de la misma forma se atrae entre sí.
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