Capítulo 7

1969 Words
La fiesta resulto ser una extensión de la barbacoa. Los cochazos de lujo volvieron a llenar la entrada de la mansión a eso de las 9 y a las 11 ya era todo un desmadre. Siendo sincera conmigo misma no tenía ganas que ir a la fiesta, desde el ventanal de la casa de huéspedes ya había visto a 4 chicas coquetear con Lucas, se había besado con al menos dos y estoy segura que una de ellas, la chica del restaurante, había conseguido algo más. Termine por oscurecer por completo las ventanas para no quedar más frustrada con el espectáculo. Cuando estaba decidida que no iba a salir, un curioso sonido inundo la sala de estar, y me hizo sonreír. Dios, había olvidado que esta pequeña casa tenía su propio timbre. La suave melodía me remonto al pasado de inmediato. Un pequeño fragmento de mi vida, en donde mamá me tenía sentada en la encimera y papá tocaba el timbre, diciendo que era el repartidor. Cuando mamá abría la puerta estaba él al otro lado con enormes ramo de flores para mí. Era un padre celoso, y solía decir que no importaba lo que hicieran los chicos para conquistarme, él siempre habría sido el primer hombre en regalarme flores. Pero cuando yo abrí la puerta no estaba mi padre al otro lado, estaba mi mosquetero rubio, Thomas, con una cerveza para mí. Que romántico. — Te estás perdiendo de la fiesta, futura esposa. Thomas en realidad era un chico bastante agradable, era guapo y sobre todo divertido, con un humor ligero y cuando me miraba solo sentía esa amistosa cercanía. No como la intensidad de Lucas, que parecía quemarme con cada mirada. — ¿Me dejaras con la cerveza extendida? — fingió un puchero que me hizo tanta gracia que termine aceptándola. — Solo un rato, mañana tengo que trabajar. — Tu jefe también está de juerga. Dudo que se entere si mañana no estas al 100, ¿Y qué más da? tu 10% es el 100 de las otras. — Este bien, espera un momento. Entre a toda velocidad al cuarto, me cambie el vestido playero por uno más acorde que había seleccionado más temprano. No tarde ni 5 minutos, pero el cambio pareció agradarle a Thomas. Yo apenas había estado en la casa principal la primera noche que llegue. Toda esta semana me había mantenido en "mi terreno seguro" lo más lejos posible de cualquier cosa que me llevara a estar cerca de Lucas. Thomas me guio por la casa como si fuera la suya. En algún momento noto mi interés por los cuadros y se aferró a eso para mantenerme entretenida. Hacia comentarios graciosos y fingía ser un fantoche, experto en arte, tratando de venderme una obra. Debe haber sido mi cuarta cerveza o en realidad lo estaba pasando bien a su lado, no me importaba, solo sabía que en esta noche había reído más de lo que lo había hecho en 6 meses. — Y esta última pieza, Madame. Un Picasso, pintada en óleo hace 300 años y traída desde Francia por el último Zar de Rusia. — Obviando que Nicolás II murió en 1918 y Picasso en los 70'. Eso es acrílico... no óleo, y no fue pintado en Francia, sino que en esa misma terraza — señale hacia el exterior —. Por mí. Ambos reímos a carcajadas. — No es verdad — dijo una chica que iba pasando y se metió en nuestro bizarro recorrido personal — Ese cuadro tiene como 10 años. — 12 en realidad. Fue un obsequio de cumpleaños para Maggie, de niña solía venir a vacacionar aquí con mi familia — Le explique a Thomas, a la otra chica no le debía ni una explicación de mierda. — Eres muy talentosa — dijo este impresionado —, ¿Pintarías algo para mí? La chica que continuaba pegada a nuestra conversación hizo un sonido de desagrado. Obviamente aun no creía que una niña de 7 años pudiera pintar algo. En realidad no era la gran cosa, básicamente era una impresión abstracta de las olas de mar. Era lindo, pero carecía de técnica y los materiales no eran de buena calidad. — En ese entonces no sabía cómo firmar un cuadro, así que puse mi pulgar con pintura negra en la esquina. Si quieres compararla no tengo ningún problema, ¿y tú? Las risas y murmullos no se hicieron esperar. Como era de esperar la chica se fue refunfuñando como una niña pequeña diciendo que se lo diría a Lucas. Que inmadura la perra. — No la tomes en cuenta, está enojada porque es una mala artista... — ¿Ella pinta? — Hace esculturas, Maggie nunca la ha querido meter en la subasta de final de temporada y siempre le ha tenido un resentimiento especial... eso y que es sumamente posesiva. Odia a cualquier mujer que según ella le quite la atención de su amado Dios Lucas. — Bueno, parece que es mutuo porque él viene ahora mismo, y no se ve feliz. Y efectivamente parecía que iba a estrangularnos en cualquier momento. Especialmente a Thomas y a mí. Sería bueno recordar para el futuro no meterme con las chicas de Lucas. — ¿Se puede saber que mierda estas diciendo de mis cuadros? — Mejor vuelvo a casa de Maggie, es obvio que no me quieres aquí. No se esperaba que le respondiera tan cortante, por lo general era intimidante tenerlo cerca, pero el alcohol le daba valor a los cobardes, osea a mí. — Amigo, ¿Por qué no te vas a follar a Zoé? Parece perra en celo y nos fastidia la noche... ¿verdad esposa mía? ¿Qué la pasaba a estos chicos y su forma de tratar a las mujeres? La perra fue una perra... Aunque viendo cómo se refregaba contra el brazo de Lucas podía entender la referencia. Ella quería la atención del chico y busco cualquier excusa para tenerla. Lucas parecía no prestarle atención, ahora mismo estaba centrado en como Thomas ponía su mano alrededor de mi cintura, y como yo me apoyaba en su hombro para no perder el equilibrio. — No pensé que fueras a salir de tu jaula de cristal — Enarco una ceja y me miró fijamente. — Y yo pensé que tu invitación había sido sincera. — Si, bueno... también pensé que sabías comportarte y respetar a los invitados ajenos. — Es evidente que ambos pensamos mal... mejor vuelvo a mi jaula de cristal — Le dije antes de darme media vuelta e irme. — ¿Qué mierda pasa contigo? —Oí decir a Thomas —, ni que tu perra chismosa valiera tanto. Antes de poder llegar a mi refugio, unos fuertes brazos me rodearon e impidieron que siguiera avanzando. Esperaba que esos brazos me confortaran, que de ese cuerpo saliera un disculpa, o que simplemente su profunda voz me calentara como lo había hecho desde que lo conocí, pero eso brazos no le pertenecían a Lucas, ni Thomas. — Él intenta protegerte... tiene una manera rara de hacerlo, pero no quiere ser cruel contigo, créeme — dice Hunt. — Siempre pensamos lo mejor de las personas que queremos. — ¿Qué es lo que piensas tú de él? — Eso no importa. Estoy cansada, y mañana tengo que trabajar. Mi jefe es un pesado — bromeo para quitarle hierro al asunto. — He oído que ese hijo de puta es de lo peor... y la comida en su restaurante ni siquiera es tan buena. — Es un asco, las chicas en bikini le mantienen el negocio a flote. — Si llegas a trabaja con el bikini de esta mañana estoy seguro que ganaría un par de estrellas Michelin. No era un coqueteo directo, solo una broma ligera, y eso era agradable. Volví a la casa de huéspedes y me bebí un enorme vaso de agua. Suelo tener las peores resacas de la vida y en verdad mañana quería estar a tope para tener buenas propinas. Mi actual cajita de cristal estaba más o menos insonorizada, de lo contrario, no habría escuchado el timbre por el bullicio de la fiesta. Creí que sería Hunt para seguir bromeando o Thomas rogando para volver a la fiesta. Para mi sorpresa se trataba de Lucas. Un muy enfadado y sexy Lucas. — ¿Qué te propones con Tom? — exigió. — ¿No lo sabes? Nos vamos a casar y tendremos hijos muy rubios y hermosos — Me reí de él mientras me quitaba los zapatos. — No te quiero revoloteando alrededor de mis amigos. — ¿Qué problema tienes con que la gente sea amable conmigo? — Tom no es amable, solo quiere meterse entre tus piernas un par de veces. — ¿Y? Mi contestación no bajo los ánimos, por el contrario, estoy segura que le salieron nuevas venas en su cuello. Oh-Oh. — ¿Te vestiste así para él? — Señalo mi vestido con desprecio. Y eso dolió más que nada, porque era un vestido especial para mí. Lo había escogido mi padre. Teníamos esa tradición de ir al centro comercial juntos y darnos consejos de moda que ninguno sabía en realidad. Era liso, sin tirantes y ahora me quedaba mucho más ajustado que cuando lo compre hace años. Yo había querido el rojo para que fuera sexy, y al menos dos talla más pequeño, pero él me convenció que el celeste cielo combinaba con mis ojos y que si me gustaba tanto mejor me compraba la talla correcta para usarlo por más tiempo. — Me puse este vestido pensando en un hombre en específico si esa fue tu pregunta. No sé porque dije eso. No es como si mi provocación fuera a tener efecto sobre él. ¿Quieres que lo tenga? No lo vi venir, pero en cierta forma lo esperaba... lo deseaba. — ¡Mierda! — soltó con frustración antes de aferrarse a mis caderas. La caricia fue repentina, así como la intrusión de su lengua dentro de mi boca. Sus labios eran demandante. Por un momento pareció recapacitar de lo que estaba haciendo, pero yo no estaba dispuesta a dejar de degustar estos deliciosos labios. Lamí el inferior antes de mordisquearlo. Eso lo volvió loco, sus manos se volvieron más exploradoras, y su boca más exigente. — Tus labios saben a pecado y gloria, Corderito... Yo no respondí, no porque no fuera capaz, más bien me parecía un desperdicio en comparación a chuparle la boca y jugar con su lengua. Su inmenso cuerpo me hizo retroceder hasta chocar con la encimera. No perdió tiempo en sentarme sobre ella. Ahora estábamos a la misma altura. Sus manos separaron lentamente mis rodillas, como si esperara mi permiso.... Como si tú fueras negarle el acceso. Claro que no se lo negué. Sus manos se deslizaron cada vez más arriba, y no se detuvieron aunque toco el borde de mi vestido. Sus dedos quemaban como hielo, necesitaba que siguiera o me iba a consumir desde adentro. Pero cuando la yema de sus dedos llegar al vértices de mis muslos se apartó de improviso. — j***r, ¿Por qué no llevas bragas? Uy lo había olvidado, intente decirle que el vestido se marcaba mucho como para usar cualquier cosa, pero no me dio el tiempo. Salió de la casa de huéspedes como si el diablo lo persiguiera. Le había gustado lo que hicimos, lo sé... lo sentí. Eso lo hacía más doloroso. Lo había visto y escuchado tirarse a cualquier chica que mostraba interés en él. Eso me demostraba que a pesar de sus bajos estándares, yo no era suficiente. Al parecer nunca era suficiente para nadie. Si no eres suficiente para tu madre, que está programada para amarte... ¿Te hace pensar que lo serás para él?
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