— No sé como lo haces, pero los tragos son mejores cuando los traes tu, rubia... —dijo coqueto uno de los chicos de la mesa 5.
Él y sus 2 amigos había llegado hace unas horas. Y no parecía que tuvieran la intención de moverse. Mejor para mi, cada vez que el rubio de ojos azules compraba un par de cervezas de 10 dólares, me pagaba con 50 y me daba el resto en propina.
— Es que escojo la que tienen la temperatura perfecta, ya se como te gusta —Le guiñé un ojo siguiendo el juego.
— Creo que te amo — suspira dramáticamente.
— Amas que te traiga cerveza y patatas fritas — Me rio.
— Nuestros hijos serán hermosos — respondió siguiendo con su delirio.
— ¿Y como se llama la madre de mis futuros ahijados? — Bromea el moreno de cabello rizado que estaba a su lado.
— Cordelia, pero todos me llaman Lia.
— Nombre de chica pija — dice otro de los chicos —, a tu padre le gustara — le da un codazo al rubio con pinta de Ken fiestero.
Les converso un poco mientras recojo las botellas vacías sobre la mesa y me voy a atender a otros clientes cuando están distraídos discutiendo sus respuestas para mi.
Era un coqueteo inocente y divertido que me entretenía mientras trabajaba. Incluso a Eric le divertía. Me lanzaba besos o fingía que el restaurante tenía karaoke para dedicarme cursis canciones.
Lamentablemente los tres mosqueteros se tuvieron que ir, y maldije el momento en que me queje que la tarde se tornaría aburrida. La mesa 5 fue ocupada por una morena que me parecía familiar, pero no lograba ubicarla hasta que Lucas se sentó a su lado.
Mierda. Al menos ahora estaba con camiseta.
Que pecado...
— Bienvenidos, ¿Qué les traigo? — pregunte lo más profesional posible.
—Dos coronas — respondió él.
— En realidad yo quiero... — La chica se detuvo al ver que él rodaba los ojos asteado.
Les lleve su orden, pero en la mesa solo estaba la chica. Lucas se había levantado y estaba hablando con Hunt en la puerta de la oficina de este.
— Lucas puede ser intimidante, pero tu pide lo que quieras... — intente animar a la chica que no parecía estar a gusto sola.
— ¿Lo conoces?
— Estoy viviendo en la casa de huéspedes de Maggie, me lo tengo que topar lamentablemente — bromeo —. Apenas lo conozco, ¿Ustedes salen hace mucho?
— Yo no diría que salimos... más bien nos encontramos de vez en cuando y si esta de buen humor me deja estar a su lado...
— Eso no suena lindo— Se me escapó.
— ¿Vas a interrogar a todas las chicas con las que salgo? — pregunta Lucas.
¿En que momento llego? Dios, al parecer solo estaba para pasar vergüenza en presencia de este hombre. Intento retirarme, pero él me toma del brazo antes de poder huir.
—No tientes al destino Corderito, que la curiosidad mato al gato.
Odiaba mi nombre, por eso siempre decía que me llamaran Lia. No era primera vez que alguien se burlaba de ese pomposo nombre, pero si era la primera vez que no me molestaba del todo que lo hicieran.
Quise tomar en serio su advertencia, pero mientras más intentaba apartar la vista de él más me preguntaba idiotamente si me estaba observando. Y que nuestras se cruzaron en más de una ocasión no ayudaba a mi propósito.
*
Había ganado tanto dinero esta semana, que si Maggie no volvía en todo el verano, ya no me importaría.
Estaba motivada con poder ir a la academia de mis sueños, tanto así que hoy en cuando me desperté envié la solicitud para mi reingreso.
Me estaba volviendo loca actualizando a cada minuto mi correo, esperando una respuesta de la facultad de arte.
Que hoy fuera mi día libre no ayudaba a distraerme. Decidí que saldría a tomar el sol a la playa. Al menos eso evitaría que dejara de morderme las uñas como una maniática.
Solo tenía dos trajes de baño. Cuando todo lo que tienes debe caber en tu coche aprender a desprenderte de las cosas. En realidad uno de ellos era el del trabajo, así que solo tenia uno.
Mi única opción es un regalo de Sam. Nunca me lo había puesto, a simple vista se veía mucho más revelador que el otro, pero al menos era simplemente blanco, sin ningún logo de algún restaurante.
La arena estaba a unos metros de la puerta. En ese momento me pareció una buena idea salir solo con el bikini puesto, la toalla y teléfono en la mano.
Mala idea.
Un silbido me puso en alerta que no estaba sola en la terraza.
Genial Lucas estaba haciendo una barbacoa con sus amigos, Hunt entre ellos. Él me agradaba, pero era mi jefe al fin y al cabo, era vergonzoso que me viera usando solo un bikini.
— Pero si es mi futura esposa — Escuche decir a uno de sus amigos, que pronto reconocí como el rubio coqueto del restaurante.
Sus otros dos mosqueteros le siguieron el chiste, pero la cara de Hunt y Lucas mostraba la poca gracia que le hizo la broma. Los demás chicos no entendían lo que pasaba y yo aproveche para escabullirme de los al menos 10 pares de ojos que me veían el culo en ese momento.
Mal momento para ir en tanga, cariño.
La arena estaba tibia, su calor traspasaba la toalla en la que me recosté y al cerrar los ojos solo puede escuchar las olas del mar. No tengo idea de cuanto tiempo pasé vegetando como una estrella de mar.
Fui muy poco consiente de que alguien se acercaba a mi, pero no le tome mucha importancia, hasta que ya lo tuve encima.
— Te estas quemando...
— Esa es la idea.
— Tu piel es muy suave y delicada, te pondrás roja y te dolerá todo.
— Claro que no.
— Ponte protector solar — discutió.
— Quiero estar dorada — argumente —, como una sirena.
— Ya parecer una sirena, solo mírate... — No esperaba escuchar ese tipo de comentarios viniendo de Lucas, o al menos no dirigidos a mi.
— ¿Eso que quiere decir? — Abrí por primera vez los ojos y lo vi sobre mi, o al menos lo que el enceguecedor sol me permitió ver.
Y como siempre era una mala idea mirarlo, él encandilaba más que el mismo sol. He llegado a la conclusión que para comunicarme de forma sana para mi psique, no tengo que mirar a Lucas directamente. Su atractivo me vuelve tonta y olvido lo hijo de puta que puede ser.
— Te mostraste dos segundos en la piscina y no han dejado de hablar de ti en toda la siguiente hora.
— ¿Llevo una hora acá?
Si que fue buena la siesta al sol. Revise mi cuerpo, pero no me veía quemada.
Ni bronceada, estas igual de paliducha que siempre.
Busque mi teléfono para actualizar mi correo electrónico. Decepcionantemente, aun no había noticias de la universidad.
— Que estafa, no me queme ni un poquito — dije con tristeza.
— Por suerte, sería una lastima estropearla — dijo Lucas tocando mi hombro con uno solo de sus dedos.
Creo que fue un acto involuntario, porque en cuanto se dio cuenta de lo que hizo se aparto y volvió a la casa.
¿Qué había sido eso? ¿Por qué actuaba de esa forma conmigo?
Lo que fuera había dejado una corriente eléctrica recorriendo el lugar que él había tocado. Y solo podía desear que tocara mucho más.
— Por cierto... hoy tendré una fiesta — dijo al volver con un pote enorme de crema solar — . Estas invitada por si quieres un par de tragos... Recuéstate — ordenó.
Y sin preguntar o detenerse comenzó a aplicar la crema por toda mi espalda y brazos en cantidades exageradas.
Por alguna razón ni siquiera me cuestione en si debía o no hacerlo. Paso sus manos por mis piernas y estoy segura que cuando llego a mis caderas tuve en pequeño escalofríos, que él no mencionó.
— Voltéate.
Y nuevamente lo hice, ¿Qué le pasaba a mi cuerpo? Parecía que obedecía primero a sus palabras y después se cuestionaba si eso era o no correcto.
¿Sus manos en tus muslos? Claro que es correcto.
Ya no escucharía a mi vocecita en lo que respectaba a Lucas, ella se había vuelto un poco vulgar en lo que respecta a ese tema. Y yo preferí ignorarla.
Pero no puedes ignorar el cosquilleo que tienes entre las piernas al sentir la ausencia de sus manos en ti...