— Gracias por venir tan pronto — Hunt parecía aliviado de verme llegar a la dirección que me indico.
— Gracias a ti por contratarme... pero creí que era un club nocturno — pregunte al ver que estábamos en una especie de bar/ restaurante en la playa.
— Ambos son míos. Mis trabajadores se mueven entre ambos, pero no te preocupes que el transporte está incluido.
— Ok, bueno dime... ¿Qué hago?
— Primero te pasaré el uniforme para que te cambies.
Me entrego unos pantalones cortos blancos, una camiseta azul cielo con el logo en n***o, e increíblemente, un bikini con el logo en las tetas y el culo. Todo completamente nuevo e impecable.
Lo mire esperando una explicación, pero él no parecía captar, simplemente me daba las indicaciones de lo que tenía que hacer. Que en pocas palabras era llenar una bandeja de cocteles y venderlos en el borde de la playa.
— ¿Tienes alguna duda? —pregunto al final.
— Solo una ¿Qué se supone que haga con esto? — Levante el diminuto bikini que no eran más que 4 triangulitos que no me tapaban ni la conciencia.
— A veces hacemos juegos y cosas en la piscina del hotel vecino... tienes que entrar a entregar tragos... dentro de ella....
— ¿Sabes? Mejor no pregunto.
Me cambien en el camarín que me indico y me puse a trabajar.
La verdad es que a pesar del calor era un trabajo agradable, simple. El chico del bar me llenaba la bandeja de cocteles surtidos y yo los salía a ofrecer a las personas que estaban en las mesas o tumbonas de la playa. La mayoría pagaba en efectivo y no pedían el cambio, las propinas en este lugar eran impresionantes. Unos pocos pagaban con pulseras del hotel o tarjeta, y aun así dejaban propina en efectivo.
Distinguí de inmediato a los locatarios de los turistas. Porque los primeros solían preguntar si era nueva, e intentaban entablar conversación.
Yo ya había trabajado de camarera antes y sabía que si quieres buenas propinas tienes que buscar los grupos de hombres mayores, dan excelentes propinas y son súper amables. En cambio los hombres que están con pareja apenas te miran o hablan y si la pareja es celosa no te dan ni un centavo, es una lotería que a nadie le gusta jugar.
Yo lo había comprobado en Texas y esta playa no era la excepción.
— ¿Otra vez? — pregunto Eric, el chico del bar, cuando volví por quinta vez con la bandeja limpia y la riñonera llena de dinero.
Cada vez que rellenábamos teníamos que "pagar" por así decir los tragos llevados, por eso era tan importante no dejar caer ninguno... al tercero te los comenzaban a descontar.
— Lia, estas que ardes chica. Esos hombres están dispuestos a bebes agua del inodoro con tal de que les sirvas...
Nos reímos mientras preparaba más tragos, me indico cuales estaban un poco más fuertes de lo normal... para que se los diera a los clientes que habían sido generosos... y siguieran siendo aún más caritativos... Este chico me caía bien.
Hunt, no quiso ser un explotador. Me dejo ir cuando el bar de la playa cerró. Muchos de los trabajadores se cambiaron de ropa ahí misma para ir al turno nocturno en el club.
Me dio un poco de envidia porque si las propinas en el club eran la mitad de buenas que en el restaurante, fácilmente podría ahorrar lo suficiente como para solo necesitar un trabajo de medio tiempo mientras estoy en la academia de artes.
Lamentablemente no había faltado nadie en ese turno. Había hecho un trabajo tan bueno esta tarde que Hunt me prefirió dejar en el restaurante sirviendo tragos, y solo iría al club si alguien fallaba.
Eran casi las 9 cuando llegue a la casa de Lucas. Esperaba que Maggie hubiera hablado con él para no tener problemas.
Lamentablemente lo primero que veo cuando cruzo la terraza para llegar a la casa de huéspedes es el trasero de Lucas.
¿Este hombre no sabe vestirse o qué?
Esperemos que no...
De pronto escuche un fuerte gemido y me di cuenta que, con la impresión de ver ese lindo trasero, no me percate que sus caderas se estaban moviendo... se estrellaban contra una chica recostaba boca arriba en la tumbona que estaba a medio metro de la entrada de la casa de huéspedes.
¿No se la podía tirar en otro lugar?
Lucas hizo un moviendo rápido y la chica rubia se levantó, sin despegar sus caderas, cruzando los brazos por su nuca.
Nuestras miradas se cruzaron, y definitivamente este es el momento más incómodo que he tenido en la vida.
Tenía dos opciones avergonzarme como la virgen inexperta que era, o fingir que no era nada del otro mundo.
Ok, como si las caderas de Lucas moviéndose así no fueran algo fuera de esta galaxia.
Pase de largo por su lado como si no me importara, pero por dentro mi corazón iba a mil. Abrí la puerta con toda calme y entre... directo a darme una ducha, lo más fría posible, porque la envidia que sentía por esa chica desconocida no era sana, mucho menos sabiendo como él trataba a sus ligues.
*
A la mañana siguiente salí temprano de casa. Hunt tendría un evento especial y necesitaba que estuviera entes de abrir, y yo quería ir aunque fuera un ratito a disfrutar de la playa.
La brisa mañanera era una delicia, y aunque el agua que tocaba mis pies estaba muy helada se sentía una calidez especial en este lugar.
Esta vez no tuve recuerdos vividos de mi padre, pero no importo, la sensación en mi pecho era suficiente.
— ¿Qué haces con eso puesto? — Pregunto una voz a mi espalda, que lamentablemente reconocí como el fornicador de tumbonas.
El delicioso y guapo fornicador...
— Hola Lucas — intenté ser amable, y me arrepentí de volver a mirarlo.
Al parecer le gustaba salir a correr por las mañanas, pero lo hacía solo con pantalones deportivos corto.
En verdad empezaba a dudar que fuera rico... la gente rica suele vestirse bien, él no se vestía para nada.
Podía ver las gotas de sudor por todo su pecho. Me picaban los dedos por pasarlos por la piel expuesta.
— No me has respondido...
— Ni tú me has saludado.
— ¿Por qué llevas el uniforme de mi hermano?
— Hunt debe verse estupendo con el bikini —bromee, pero a él no le hizo una pizca de gracia —. Estoy trabajando en su restaurante mientras vuelve Maggie... no es para tanto...
— ¿Por qué? Ella dijo que te estaba pagando — Así que si había hablado con él. No lo parecía dado su espectáculo no tan privado de anoche.
— Si, pero necesito más dinero para la universidad. Solo aprovecho el tiempo.
— Apuesto a que te estas llenando de dinero... Ese uniforme es... —, pero no termino la frase.
— No me quejo.
— Aléjate de mí — dijo de pronto, sorprendiéndonos a ambos —. Sé que anoche me viste — acorto la distancia que nos separaba.
— No tenía muchas opciones, estabas en la puerta. Y aun no desarrollo la capacidad de atravesar murallas.
— Antes, te vi por el reflejo cuando llegaste... y te quédate mirando. Eso me volvió jodidamente loco. Saber que me mirabas mientras me follaba a otra... ¿te gusto? No me lo he podido sacar de la cabeza como me mirabas...
— Yo...
No supe que decir. La vergüenza me invadió y me fui sin mirarlo o responder.
¿Qué se suponía que le tenía que decir?
La verdad. Dile que te calentaste tanto por verlo que usaste la ducha para apagar las ganas que dejo esa imagen en ti... Dile que después mordiste la almohada para no gritar su nombre mientras te dabas placer con los dedos.
No, vocecita... no le puedo decir eso a alguien como él.