Charlotte
Continuó cancelando la apretada agenda de mi jefe, reorganizando y terminando los horarios de las próximas cirugías. No comprendo cómo las personas gastan tanto dinero en hacerse una nariz más delgada y respingada, o que licuen su grasa corporal hasta que se les observen las costillas, no estoy en contra de las cirugías que se realizan porque son un problema de salud evidente, la autoestima juega un papel fundamental para el bienestar, pero muchas veces acuden mujeres tan superficiales y banales que me producen dolor de cabeza. Si yo tuviese tanto dinero llevaría a mi madre a viajar así nuestros recuerdos serían los más felices, me encargaría de revivir cada instante de mi niñez a su lado, quizás no se olvidaría de mi tan pronto.
Bebo otro poco de café antes de continuar, ya el sueño me domina y la cafeína es la única bebida que me mantiene despierta, froto mis ojos, mi cansada vista pide clemencia, algunas veces solamente logró dormir cuatro horas, o quizás menos, pero mi madre vale cada esfuerzo que hago, muchos lo ven como un sacrificio, mi ex solo desperdicio mi juventud, por eso hoy en día es mi ex. Cada cuidado hacia ella es un tributo que realizó con amor, así no me recuerde, soy su hija.
La amo y nunca dejaré de luchar por su salud, mamá lo es todo y no podría vivir sin tenerla, es duro ser una desconocida para ella, sus momentos de lucidez se vuelven más escasos, por ella soporto a mi irritante jefe, por ella despierto a las 4:30 a.m. para venir a trabajar, por ella horneo pasteles por horas, solo por esa hermosa mujer soy una guerrera que luchas batallas en silencio y las enfrenta con una gran sonrisa así se esté rompiendo por dentro.
Bebo un poco más de café, me sobresalto al escuchar la voz ronca de mi jefe, manche un poco mi falda, lo que me faltaba para completar mi tarde —Pensé que ya te habías ido Charlotte —Mi nombre sale despacio de sus labios, se supone que no vendría por el resto del día.
Elevo la mirada, lleva puesto un cambio de ropa distinta, un traje de saco y corbata, se ve muy bien —Señor mi horario de trabajo es hasta las cinco, faltan dos horas. —Dije segura.
—Ven a mi oficina —Mis nervios se dispararon, camina y mi celular empieza a timbrar, es Samara no dude en responder.
—¿Samara le pasó algo a mi madre? —Mi jefe detiene su andar y me observa fijo. —¿¡Qué!? No puede ser… voy para ya —Mis manos comienzan a temblar, colgué la llamada, solamente deseo verla, no pienso, los nervios me consumen, comienzo a llorar con desesperación, no quiero perderla, mi madre lo es todo para mí. —Lo siento señor, debo irme, tengo una emergencia familiar. —No alcance a decir nada más cuando apague el computador.
—¿Estás bien Charlotte? ¿Qué le sucedió a tu madre? —Su pregunta me sorprende.
—Mi madre se encuentra hospitalizada, debo irme señor. —Tomé mis cosas y camino hacia el ascensor, él me sigue.
—Te llevaré —Parpadeo nerviosa. ¿De cuándo acá es tan amable?
—No se preocupe señor, puedo llegar sola, iré en un taxi o quizás en tren vía. —Estar encerrada en un auto con él no es una opción. Siento miedo, mi pecho se oprime al saber que mi madre se encuentra inconsciente, respirar duele.
—Charlotte, es una orden. —Muerdo mi labio inferior queriendo decir algo, pero mejor me reservo mis palabras, solamente quiero llegar cuanto antes a la clínica. Presiono varias veces el botón del ascensor y él sostiene mi mano. —Calma, debes respirar —Las puertas metálicas se abren, retire mi mano de la suya, él dudó en soltar la mía, al adentrarnos a la caja metálica muevo mis pies con nerviosismos. Los sentimientos me mueven, lloro con intensidad, el sonido del ascensor me trae a la realidad, no salude a nadie, solamente quiero irme. —Por aquí —Coloca una de sus palmas abiertas en mi cintura, ocasionando que mi sistema nervioso empeoré.
Me guía hasta el estacionamiento, su camioneta es extravagante y alta. Me ayuda a subir, la ansiedad de saber por mamá me atormenta, deseo llegar pronto y ver sus ojitos. Llevamos varios minutos andando —¿Puedes darme la dirección? —Pregunta.
—Mi madre se encuentra en la Clínica Seger —Me observa. Reconozco que es la clínica más cara de la zona donde vivimos, en ese momento la otra preocupación llegó como una ola ¿Cómo pagaré algo tan costoso? Espero que el seguro acepte hacerse cargo esta vez. Al llegar bajé del auto apresurada —Gracias —Dije y de inmediato corrí por los pasillos hasta ver a Samara sentada en la sala de espera.
—Darling —Me abraza —Fue mi culpa, la descuidé solo dos segundos y se cayó por las escaleras —El Alzheimer limita también la movilidad, al ser una enfermedad degenerativa que afecta tu vida y cuerpo por completo.
—No te culpes… Dime cómo se encuentra ella. — La expresión facial de Samara indica cuan atormentada se encuentra, no tiene culpa, ninguna. Mamá ya no sabe lo que hace y Samara es muy buena cuidadora.
Me regala una sonrisa entristecida —Busquemos al doctor que la atendió, ya que no me dieron mayores detalles por no ser su familiar directo. —Asiento y obedezco. Nos perdimos por los pasillos pulcros hasta llegar a una oficina donde estaban dos enfermeras y un médico.
—Buenas tardes, soy la hija de su paciente, específicamente de Jazmín.
—Mucho gusto señorita, la estaba esperando —Extiende su mano —Soy Maddox, el neurocirujano tratante —Tomé su mano con educación.
—Un placer ¿Cómo se encuentra mi madre? —Pregunte de una vez.
—Seré sincero, señorita su madre se encuentra en la etapa final del Alzheimer, en pocos días dejará de hablar, moverse e incluso sus días de lucidez se apagaron, lamentablemente pese al esfuerzo por encontrar una cura, aún no existe, el tratamiento muchas veces actúa de forma exitosa y en otros casos no hace el efecto esperado. —Mi mundo se cae a pedazos, me siento rota, el dolor al escuchar esa noticia quema mi alma, no quiero perderla, no tan pronto —Como es el caso de su madre, según los resultados de los estudios realizados indican que las medicinas ya no causan el efecto deseado en su recuperación.
Quiero gritar, ella es lo único que tengo, los abuelos viven fuera de la ciudad, de pronto me siento mareada. —La señora Jazmín necesitará ayuda las 24 horas del día, recomiendo internarla, en un centro especializado, ya que llegará el momento donde lo mejor será tenerla sedada. —Deje de escuchar, mis ojos pesan y mi vista es invadida por una nube negra, mis pulmones se cierran dejándome sin oxígeno.
—¡Charlotte! —Escuché esa voz tan conocida y temida para mi, es lejana, pero se de quien se trata. —¡Charlotte! —Siento un agarre en mi cintura, no supe más de mí.