Charlotte
El ambiente se vuelve pesado, la tensión se disipa en el aire, su mirada me hace sentir desnuda, el cristal de sus anteojos se empaña cuando suelta una bocanada de aire con agresividad. Sus dedos continúan apretando mi mandíbula y mi lengua se duerme. —Te comieron la lengua los ratones —Desliza uno de sus dedos por mis labios abriéndolos de inmediato, masajea la punta de mi paladar humedeciendo la comisura de mis labios. Una oleada de calor me hace apretar las piernas, el cosquilleo debajo de mi vientre me hace sentir como una desvergonzada. —Ten valor Charlotte, es tu única oportunidad de insultarme como se debe, repite cada frase de ese mensaje de texto. Dime que me odias, para enseñarte a convertir ese odio en algo —Su mirada recae en el inicio de mis pechos sin descaro alguno ¿Qué le sucedió? Nunca se había insinuado de esta manera. Es la primera ves en dos años que sobrepasa la lineal de su ética. —Grande —Saborea ¿Mis pechos? Reduce la cercanía por completo y cuando pensé que iba a besarme quedé como tonta batiendo mis pestañas tupidas con desespero, se acerca a mi oído —Es una orden Charlotte —Susurra, su voz gruesa, rasposa eleva mi temperatura, jadeo cuando muerde el lóbulo de mi oreja de una manera lasciva ¿Estoy muerta? O quizás ¿Soñando? —Serás castigada —Mi sistema nervioso colapsará, deseo responder, decirle al pie de la letra cada una de las palabras que está ordenando, estoy ansiosa por recibir mi castigo, pero las palabras no salen, se quedan estancadas en lo profundo de mi garganta.
Todo mi cuerpo pide su atención, soy un manojo de nervios, tiemblo y por escasos segundos crucé mi mirada con la suya, no pude retenerla, es intimidante a un grado que continuó congelada encima de su escritorio, su olor a jabón me enloquece y si no sufro un infarto en este momento será un milagro —¿Qué haces con la gorda? —La voz chillona de su desagradable novia rebota en el cristal del ventanal. Arruinando nuestro mágico momento, ocasionando que un golpe de moralidad me de justo en la boca ¿Cómo permití esto?
—Aún no hemos terminado de conversar señorita Charlotte —Se aleja con una sonrisa descarada dibujada en su rostro.
—No es tu problema Nerea, es mi clínica, mi oficina y te lo he advertido más de una vez, cuida la manera en la que te refieres a mi personal, debes anunciarte, que seas mi novia no te da el privilegio de entrar a mi oficina como si esta fuese tu casa —La rubia me observa con enojo, retomo mi postura profesional. —Ve por lo que te pedí —El doctor me habla a mí, trago grueso una vez más.
—Como lo ordene señor. —Cuando estaba a pocos centímetros de la puerta, la rubia falsa clava sus uñas en mi brazo —No te quiero ver cerca de mi novio —Aprieto mi puño queriéndolo estrellar en su pómulo, para que se lo reconstruyan una vez más.
—Es imposible, trabajó cinco días a la semana con tu novio, de siete de la mañana a cinco de la tarde, a menos que me despidan, pídele que se deshaga de mí, así no vería tu odiosa nariz respingada —Sus mejillas se tornan rojas. No soy débil, solamente odio la violencia, soy fiel creyente que el amor es el camino; sin embargo, existen personas que solo pueden ser odiadas, como por ejemplo esta desagradable muñeca reconstruida, es la obra viviente de mi jefe.
—Deja en paz a mi asistente. —Me suelta con molestia.
—Quedas advertida gorda —La reconstruida expresa, Me observa con desprecio y no me contuve.
—Gorda, pero natural, no fui reconstruida en un quirófano como lo hicieron con Frankenstein. —Deseaba decirle que a esta gorda como me llamó estuvo a punto de ser besada por su perfeccionista novio si no fuese interrumpido con su chillona voz.
—Charlotte, para con todo esto, ve por lo que te pedí. —Me sentí furiosa, pero le regalé una sonrisa amable a ambos.
—Permiso señores —Dije complaciente, totalmente neutral, aunque me esté muriendo por dentro jamás lo demostraré, suelo ser bastante orgullosa. Fui directo al baño, debí quitarme las bragas, se imaginarán porque, no es lo ideal andar con tanta libertad, pero tampoco tan húmeda. Preparé el café de mi jefe, ya que el de la cafetería no le gusta. Toqué la puerta y escuché la autorización, me quedé perpleja al ver a la novia de Ossian de piernas abiertas en su regazo. Agache la mirada y deje lo ordenado en el escritorio. —Permiso —Solté con rapidez al notar que ella asalta su boca, él no despega la mirada de la mía; sin embargo, lo ignoré.
Concentro mi atención en mi trabajo, Ossian tiene la agenda llena, pasa consulta solamente en las tardes, ya que en la mañana se encarga de asuntos de la clínica, con todo el dinero que tiene, se da el tupé de rechazar a quien no le agrade. Mi media mañana va bastante mal, escucho los gemidos de esa mujer, un cosquilleo recae en mi piel, deseo ser ella, es estúpido lo sé, pero soñar no cuesta nada.
Deje mi escritorio, no puedo trabajar con tantos gritos de perra loca que tiene la reconstruida, aunque quizás sea comprensible si Ossian con solamente susurrar a mi oído me dejo como lo hizo, no quiero imaginar que se sentirá ser tomada por esos brazos musculosos y… Muevo mi cabeza de un lado a otro desechando esa idea tonta, es incorrecto, la fecha de su ceremonia eclesiástica se acerca, es claro que los amores cliché solo existen en telenovelas mexicanas, donde se les hace el milagro a la chica de clase baja y se casa con un millonario.
Tarde algunos minutos en la cafetería. —¿Dónde carajos estabas? —Pregunta mi jefe, cierro los ojos, me gane la lotería el día de hoy.
—Fui por un café. —No dije más, pasé por su lado tomando asiento en mi silla.
—Cancela todas mis citas, estaré con mi prometida el resto del día, ah otra cosa no olvide señorita Charlotte usted y yo tenemos una conversación pendiente.
—Lo siento señor, ya lo olvidé, no necesito ser disciplinada, mucho menos por un hombre que se encuentra a unos días de casarse. —Se acerca —Charlotte no me tientes, no sabes de qué soy capaz por obtener lo que quiero y no tienen ni una minúscula idea cuánto estoy deseando cobrar tus ofensas. —Baje la mirada.
—Es lamentable Dr. Ossian que se quede con las ganas, fue un error que cualquier ser humano puede cometer. Puede despedirme si es su deseo. Porque dudo que se repita esa situación tan incómoda entre ambos. —Fue mala idea expresar mi postura, ya que jala mi brazo obligándome a subir a su altura uniendo sus labios con los míos; sin embargo, lo rechacé de inmediato.
—No seré su juguete, mucho menos su segunda opción, usted es mi jefe, así que manténgase alejado de mí. Le pido una sincera disculpa por haberme expresado de esa manera anoche —Retrocedí —Ya no le debo nada, le juro que no volverá a suceder. —No dejo de mirarlo, su rostro se tornó rojo, sus labios formaron una línea recta y las venas de sus brazos se abultaron, el enojo se le nota.
—Charlotte no será la primera que me rechace. —Su novia aparece como un fantasma y se cuelga de su brazo como una sanguijuela.
—¿Podemos irnos? Estoy ansiosa que me hagas tuya una vez más, perdón si mis gritos te desconcertaron querida. —Es claro que se siente amenazada, quien lo diría, tiene que marcar su territorio con una gorda. Mi jefe no expresa ninguna palabra se dedica a caminar. Cuando las puertas del ascensor se cierran caigo de espalda a la silla, literalmente mis piernas temblaban, aún siento ese leve contacto de sus labios con los míos. Dudo que después de hoy todo vuelva a ser igual.