Charlotte
No pude pegar las pestañas en toda la noche, me dediqué a observar a mi madre dormir, fue mi calma antes la tormenta que se avecina, preparó solamente café, sin esa bebida de los dioses, no puedo empezar mi tétrico día con mi odioso jefe. Visto con un juego de lencería roja, me observo al espejo antes de cubrir mi desnudez, el encaje transparente es de mis telas favoritas, adoro verme y sentirme sexi, continuo con mi uniforme habitual, falda lápiz color gris, camisa blanca y chaleco gris acompañado de zapatos de tacón negros. Mi cabello lo dejo suelto y maquillo mi rostro de manera perfecta, delineo mis ojos, aplico rubor en mis mejillas blancas y uso labial rojo. Me fascina mi cuerpo, tengo mi autoestima alta y nadie logrará bajarla, aunque trabajo en una clínica estética donde muchas mujeres buscan la perfección quitándose o agregándose, yo me siento conforme con mis caderas anchas y mejillas redondas.
Preparo mi topper con el desayuno y el almuerzo, desde que mamá enfermó aprendí a reducir gastos, no salgo a comer a restaurantes, solamente que sea estrictamente necesario. Escucho la puerta abrirse Samara viene a mí —Darling —Me abraza — Es hora de irte, cada minuto cuenta. —Respondo su abrazo.
—Gracias Samara, ya me voy, deje fruta picada, un batido y café. —Tomé la caja de pastel.
—¿Iras en bus con ese pastel? —Me observa con seriedad.
—Me toca hacerlo Samara, no tengo otra alternativa, rogaré que el bus no venga lleno o el pastel se arruine. —Intento no sonar preocupada, Samara me conoce.
—Mi niña éxitos, ten cuidado al salir. —Son las 6:00 de la mañana, dudo llegar una hora antes como lo pidió el gran doctor, indirectamente lo estoy desobedeciendo, pero directamente no, ya que mi horario de entrada es a las 7:00 a.m.
—Cualquier inconveniente con mamá no dudes en llamarme. —Antes de salir voy a su habitación y beso su frente. —Te amo —Susurro para que no despierte, colocó camino hacia la salida y sin más inicie mi recorrido, son dos buses, uno que me lleva hasta el centro de Berlín, luego el otro que me deja a unas cuadras de Mitte, ya que es la zona más costosa y glamurosa de la ciudad, puedo ir en tren vía, llegaría más rápido, pero eso implica más personas y en este momento con la carga del pastel prefiero el bus.
No dejo de mover mis piernas con nerviosismo, cincuenta minutos más tardes me encontraba entregando el pastel —Disfruta, el pastel —Le brindo una sonrisa cariñosa —No olvides decirme que tal quedo.
—Con ese amor que le pones a tus pasteles, no dudo que haya quedado delicioso Charlotte, ten —Me entregó un sobre —Es lo acordado, te estaré avisando cuando el jefe desee más, desde que probó tus pasteles quedó encantado.
—Gracias —Sonrió de inmediato, es hermoso saber que el amor por lo que haces sea recompensado, no de manera monetaria, sino por halagos tan bonitos como estos. —Es un placer atenderlos, ahora debo irme o el ogro de mi jefe se enojará. —Camino con rapidez y al ver el imponente edificio me persigno cinco veces «Dios apiádate de esta humilde servidora» pido en una súplica, siento terror, pero si él decide echarme no me opondré, me encuentro capacitada de encontrar otro empleo.
—¡Bienvenida Charlotte! —Saco de mi bolsa dos caramelos y se los entregó a Miel —Si es dulce, le hace honor a su nombre, es la recepcionista.
—Feliz día Miel —Marcó mi hora de llegada y subo al último piso, el presidencial. —Dejo mis cosas en el cajón del escritorio y como cada mañana entro a la oficina del señor Ossian para encender la luz, abrir las persianas y encender su computador. —Absorbo una bocanada de aire para fijarme que no ha llegado. Como de costumbre lleno el bol con golosinas, aunque no se las coma, siempre las desecho, por eso es tan amargado.
El chirrido escalofriante de la silla presidencial al girarse me hace gritar de miedo suelto las golosinas en el aire y bol cae al suelo. no me percaté que mi gruñón jefe se encontraba en su oficina ¡Dios apiádate de mi! Vuelvo a pedir. —Llega una hora tarde señorita Charlotte —La voz ronca eriza mi piel, sus ojos café se ven oscuro a través del cristal de sus lentes, tiene el ceño fruncido.
—Lo siento señor, se me es imposible salir antes de casa, conoce mis motivos, jamás le he fallado, pero mi madre siempre estará por encima de todo, hasta de mi —Dije suave, aunque con firmeza. Trago grueso al ver su ropa de quirófano, es un conjunto gris, ese color lo obsesiona, en el lado de su bolsillo se encuentra bordado Dr. Ossian Schwartz, sus brazos musculosos me distraen por escasos segundos, secando mi paladar de inmediato, más cuando detallo su brazo izquierdo adornado con un tatuaje que abarca su piel casi que por completa, supongo es nuevo, no lo había detallado antes.
—¡Quiero mi café cargado! —Ordena con arrogancia —Aunque antes de ir por lo que solicité conversaremos sobre su mensaje. —Mis labios empiezan a temblar, se levanta y rodea el escritorio, su aura es aterradora, siento su presencia cerca de mi espalda. Moriré, no por la confesión, sino por la cercanía. —Dime Charlotte —Susurra a mi oído erizando mi piel, mi corazón estallará, su jodida voz moja bragas. —¿Parezco un pingüino? ¿Un terrorista? ¿Crees que soy un maldito? —Eso sonó peor de lo que realmente esperaba. Junte mis manos, cierro los ojos, decido girar mi cuerpo y enfrentarlo cara a cara.
—Señor fue un momento de rabia, lo de pingüino es porque siempre anda elegante —Me excuso —Referente a lo otro —Tiemblo cuando se acerca mucho más a mí. Baje la mirada aterrada y ansiosa, su mandíbula cuadrada está a punto de rozar mis labios, así que huyó encontrándome con su escritorio donde terminó con el trasero en la madera caoba.
—¿No tienes valor? —Continúa con sus preguntas, sube mi mandíbula, sus dedos rodean con fuerza mi mentón, no puedo negar que este hombre me gusta, así sea un maldito, aunque no volveré a repetirlo. Instintivamente, observo sus labios carnosos. —Dime maldito una vez más… Quiero enseñarte modales Charlotte, solo di lo que necesito y sabrás que Ossian Schwartz disfruta castigar, educar y diciplinar. —Su aliento tibio calienta mis labios cuando se estrellan cerca de ellos. ¡Me dará un ataque cardíaco!