El golpe resonó con fuerza en el pequeño espacio. Leandro se incorporó de inmediato, y se lanzó hacia él. —¡YA BASTA! —gritó Esmeralda, interponiéndose entre ambos justo antes de que Leandro respondiera al ataque. —¡Estás loco! —le gritó a Rafael, mirándolo con rabia—. ¿Qué crees que ganas con esto? —¡Aléjate de mi esposa! ¡No quiero verte cerca de ella otra vez! —rugió Rafael, jadeando. —¡Basta los dos! —Esmeralda giró sobre sí misma, mirándolos con furia a ambos—. ¡Tenemos suficientes problemas como para que ustedes se estén golpeando como niños de escuela! Miró a Rafael, temblando de rabia. —¿Qué pasa contigo? ¿Perdiste el control? ¿Ese es el presidente que vas a ser? ¡Con un ataque de celos eres capaz de arruinarlo todo! Rafael respiraba agitado, pero no replicó. Su mirada aún s

