Rafael se acercó a Esmeralda, que ahora estaba recostada en uno de los sillones. Tenía el rostro entre las manos. Temblaba. Se arrodilló frente a ella. Le tomó las manos. —Estoy aquí. Taddeo es joven se va a recuperar. —¿Y si no despierta? —preguntó balbuceando—, no quiero que le pase nada malo… Esmeralda lo miró con los ojos húmedos. Se inclinó hacia él… y lo abrazó. Con fuerza. Como si necesitara algo a qué aferrarse. Rafael se volvió hacia uno de los escoltas con una orden clara: —Consigan un médico. Ahora. —Tranquila cariño, él será atendido por los mejores médicos, si es necesario sacarlo del país, lo haremos, no te alteres, no te veo bien, y debes ser fuerte. Esmeralda, no dejaba de llorar, tenía el rostro más pálido que nunca. Los labios resecos, la respiración irregular,

