El sonido del teléfono vibrando sobre la mesa interrumpió el silencio del pent-house. Rafael, aún con la mandíbula tensa por la conversación con Esmeralda, regresó al salón, tomó el dispositivo sin mirar la pantalla. Pero al ver el remitente, su irritación solo aumentó. Casimiro Landeros. Deslizó el dedo sobre la pantalla y leyó el mensaje. "Espero que hayas disfrutado de tu descanso. Ahora que todo está resuelto, es momento de hablar sobre lo que sigue." Rafael cerró los ojos por un segundo, exhalando con rabia contenida. Claro. Casimiro nunca enviaba mensajes sin una razón. Nunca daba algo sin esperar a cobrarlo después. Y ahora que el escándalo de las amenazas había sido “solucionado”, quería su parte del trato. Lo que más le jodía no era el mensaje en sí. Era el hecho de que, e

