El aroma del café flotaba en el aire del chalet, pero no era suficiente para disipar la tensión entre ellos. Rafael apoyó los codos sobre la mesa, con la mirada fija en Esmeralda. Había una calma extraña en ella, como si midiera cada una de sus palabras antes de hablar. —Ya que insististe en preguntarme por qué acepté casarme contigo… ahora quiero preguntarte algo. Rafael no se inmutó. —Pregunta. Esmeralda ladeó la cabeza, estudiándolo con una mirada aguda. —¿Por qué te casaste conmigo? Él sostuvo su mirada, sin apartarla ni un segundo. —Esmeralda… —¿Solo fue por dinero? El aire en la habitación pareció volverse más pesado. Ella esperó su respuesta con una mezcla de curiosidad y algo más peligroso… algo que Rafael no supo identificar de inmediato. Él abrió la boca para responde

