Las pantallas de la sala de monitoreo del equipo de seguridad parpadearon al mismo tiempo. Un nuevo video había sido subido a redes. Uno de los técnicos lo reprodujo sin pensarlo demasiado. La imagen era oscura, temblorosa. Parecía haber sido grabada desde un celular. La calidad no era buena, pero lo suficiente como para mostrar el momento exacto en que Esmeralda era arrastrada fuera del auto. Gritaba, luchaba, intentaba soltarse. El rostro del escolta, cubierto de sangre, aparecía brevemente intentando intervenir… y luego, la camioneta negra acelerando entre gritos. —¡Señor Altamirano! —gritó uno de los técnicos. Rafael no había dormido nada, entró en la sala al instante. Vicente venía detrás de él, con el rostro fruncido, una mano sobre el hombro de su hijo. El video ya estaba corri

