El sol de la tarde se filtraba por las ventanas del chalet cuando Rafael entró a la habitación de Esmeralda sin siquiera tocar. El aroma a su perfume flotaba en el aire, y eso lo golpeó de inmediato. Ella estaba sentada en la cama, con el pie vendado sobre una almohada, mientras miraba por la ventana con una expresión ausente. Se veía delicada y frágil… pero Rafael sabía que Esmeralda Landeros no tenía nada de frágil. —Te necesito —dijo con tono firme. Esmeralda giró el rostro y frunció el ceño. —¿Para qué? —Tenemos una entrevista con Selena Saavedra en una hora. —Se cruzó de brazos, mirándola con impaciencia—. Debes estar presente. Ella arqueó una ceja con burla. —Claro, ya comprendo, la pareja perfecta… Rafael inclinó la cabeza, con su sonrisa apenas perceptible, pero sus ojos a

