Capítulo 5 Sin luna de miel.

1097 Words
Narra Dónovan Se supone que hoy me iría de luna de miel con mi esposa, pero la señorita se dignó en no aceptar, así que me iría yo sólo, seguramente pensará que me quedé de ver con alguna mujer, cosa que no es así, realmente deseaba estar con ella, realmente me enamoré de esa hermosa mujer, pero ¿Cómo se lo hago ver? Bueno, eso ya lo veré, supuestamente este matrimonio sería por dos años, pero no será así, ¡Oh no! Esto es para siempre, así deje de llamarme Dónovan Castle. Estoy empacando mis cosas en una maleta, me iré a Cancún, México, es un hermoso lugar, y siempre me gustó para una luna de miel para cuando algún día me casara, y ahora que lo estoy iré y sé que es absurdo ir sin mi esposa, pero que le puedo hacer. – Señora Delia, ¿Dónde está mi esposa? – le pregunto a mi ama de llaves por Anya, no la he visto desde ayer. – Debe estar en su habitación. Iré a ver. – se retira mientras que sigo guardando mi ropa. – Esta en su habitación. – dice y se vuelve a ir, le doy las gracias. Camino hasta la habitación de esa rebelde y entro sin tocar. – ¿Qué, no te enseñaron modales? – dice molesta. – Es mi casa y entro a donde yo desee. – digo y me mira con odio. – De eso no tengo duda, pero no te voy a permitir que invadas mi privacidad. - ¿Por qué se porta así? – Nos vamos. – digo y me mira con odio, debo tener una pequeña esperanza de que acepte, pero al verla así, eso termina. – ¡Olvídalo! No voy contigo a ningún lado. – se levanta de la cama y se encierra en el baño. Salgo de la habitación y me voy a la mía por mi maleta y salgo, subo a una de las camionetas y le digo al chofer que me lleve al aeropuerto. Subo al avión privado y una bella azafata me recibe con una linda sonrisa y coqueta. – Buenas tardes, sr. Castle. – dice sin dejar de mirarme. – Buenas tardes srita. – no está nada mal. – ¿quiere algo antes de despegar? - ¡Dios! Sino estuviese casado ahora mismo la haría mía, ahora que la veo mejor tiene una minifalda a mitad de sus muslos, y su blusa esta desabrochada los dos primeros botones. – Si, un whisky con hielo, por favor. – asiente y se va por un momento. Anya, a la que deseo hacer el amor es a ti, mi hermosa esposa, pero esta de un carácter insoportable, no deja que me le acerque, sé que metí el pie al pedir su mano a su padre y todo por negocios, debe pensar que sólo es un capricho, no así, créanme que me enamoré de ella desde ese día en la fiesta, antes de conocerla, era un mujeriego sin remedio, pero en espera de una mujer como Anya. – Aquí esta su bebida. – la azafata me entrega el vaso, pero rosa sus dedos con los míos. No sentí nada. – Gracias. – sonríe y se va. Abro mi laptop y veo cosas pendientes de la empresa, y en eso suena mi teléfono y es Alex, vicepresidente de la compañía y mi mejor amigo. – ¡Castle! – dice con alegría. Él es único que sabe que me casé. – Alex. – saludo cortésmente. – ¿ocupado? – dice con curiosidad. – Voy de viaje. – digo con sequedad. – Uy, que genio. ¿problemas en el paraíso? – dice con un tono de burla. – ¿Qué quieres? – comienzo a molestarme. – Quería invitarte a un antro. – lo supuse. – Estoy casado, eso ya no es para mí. - y es verdad. – No tiene nada de malo. – dice como si nada. – Además, como te dije, voy de viaje. – sin muchos ánimos. – ¿vas con tu mujer? – a él no le puedo mentir. – No. Esta de mal genio. – siento una molestia de sólo recordarlo. – No le diste oportunidad de conocerte. – tiene razón. – Lo sé. Me precipité. Pero es hermosa no quería perder la oportunidad. – y lucharé por ella. – Pues espero que todo salga bien. – igual yo. – Sr. Castle, ya vamos a despegar. – me dice la azafata y yo asiento. – Te dejo. – me despido y cuelgo. Me abrocho el cinturón y sigo concentrado en mi computadora, viendo las fotos de mi boda con ella, sé que no fue la boda de sus sueños, algún día la tendrá. Llego a Cancún y mi chofer me lleva a mi cabaña, todo estaba preparado para mi luna de miel con Anya, champaña, velas aromáticas, y un corazón en medio de la cama hecho con pétalos de rosas, y una cena romántica en la playa, pero todo se fue a la mi***a y todo es mi culpa, sólo no deseaba perder la oportunidad de estar al lado de una mujer como ella. La cena sería lasaña, gracias a su madre, lo supe. – Deseaba estar contigo, mi hermosa esposa. – digo para mí mismo. Subo a la habitación y tiro los pétalos de rosa de la cama, me odio a mí mismo por obligarla a casarse conmigo y más sabiendo que tenía novio, no me importó ni siquiera sus sentimientos. Me doy una ducha y al salir me pongo ropa fresca, ya que el calor es fuerte, bajo y busco mi whisky, me sirvo en un vaso y le pongo hielo, salgo a la playa y me pongo bajo una sombrilla, me quito la camisa dejando mi torso desnudo. Estaba tan hundido en mis pensamientos, cuando mi teléfono suena avisando un mensaje, lo tomo y veo que es de Jessica. Amor, te extraño, ¿Dónde estás? Deseo ignorarlo, no estoy para esto, sólo me importa mi esposa, espero que con el tiempo podamos amarnos sin obstáculos de por medio. (…) Yo: Discúlpame mi bella Anya, desde que te vi, me enamoré de ti. Anya … ¿de qué hablas? Yo: que no debí apresurarme en pedir tu mano. Anya: ya déjate de tus idioteces y déjame en paz. Decidí no escribir más, es evidente que no quiere nada conmigo. Quizás este matrimonio terminara antes del año, pero en verdad deseo luchar. Me termino media botella y me voy a la cabaña a descansar. Esto sin Anya no es luna de miel.
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