Capítulo 4 El día de la boda.

1628 Words
Narra Anya. 3 meses después… Hoy es el día en que me caso con un hombre al cual ni siquiera conozco y ni mucho menos siento nada por él, pero ¿Qué se le puede hacer? Nada, así que no tengo de otra. Por otro lado, Cristóbal me ha estado buscando, no quiero saber nada de él, seguramente me saldrá que no es verdad y bla bla bla… es mejor así. Aunque… les confieso que me duele hacer esto, pero más me duele que ya tenga a otra persona y que no me lo haya dicho. Mi madre y la de Dónovan me estaban ayudando con el vestido, mientras que Lore, la estilista, le da los últimos retoques a mi peinado y maquillaje. Debería estar feliz y me siento lo contrario. – Mi niña, parece que vas a un funeral y no a tu boda. – dice mi madre con cierta preocupación – Si, voy a mi funeral. – digo con sarcasmo, Minerva, la madre de mi prometido me mira con el ceño fruncido, la verdad no me importa. – Él está enamorado de ti. – ja… lo dudo mucho. – Lo siento Minerva. – la miro fingiendo pena. – Descuida, con el tiempo lo conocerás mejor. – a decir verdad, no me interesa. Mi padre ya me estaba esperando afuera de la habitación para acompañarme al registro civil, mi boda me la imaginaba diferente, en una iglesia con el amor de mi vida, pero no es así, mi novio me engaña desde quien sabe cuándo, y estoy a punto de casarme con un perfecto desconocido. Ni hablar, no tengo de otra. – Entiendo que no es lo que querías. – dice mi padre sacándome de mis pensamientos. – No entiendo el por qué te puso esa condición. – digo de mal humor. – A mí también me sorprendió su propuesta. – dice un poco apenado. – Por cierto, seré su nueva asistente una vez casados. – digo y se sorprende. – ¿Por qué esa decisión tan de repente? – debe pensar que quiero cuidar de “mi esposo” – Ya que ninguno de los dos queremos que nadie sepa que estaremos casados, y como estaré aburrida en la casa, llegamos a ese acuerdo. – digo con tranquilidad. – Ya veo, me alegra que quieras trabajar. – a mí también, pero no deseaba hacerlo para ese hombre. – Así es. – es lo único que respondo Llegamos al registro civil y mi padre me ayuda a salir del carro, entramos al lugar y ya estaban ambas familias ahí, una figura femenina llama mi atención, veo a Dónovan y debo admitir que es un hombre muy imponente, pero guapísimo. – olvídate de él. – me dice mi conciencia. Me paro junto a él y me susurra lo hermosa que me veo. Preferí no responder. El juez a cargo comienza con la ceremonia, al terminar nos pasa el acta de matrimonio, los dos la firmamos, también nuestros testigos. El juez pide que nos demos un beso y se lo di corto y rápido, Dónovan sólo frunció el ceño, no lo iba a besar apasionadamente como el día que lo conocí. – Me debes un beso más largo. – dice y yo ruedo los ojos con fastidio. – Olvídate de eso. – digo molesta. – Mi amor, ya estamos casados. - ¡Dios! Es molesto. – ¡Ah! Y ni creas que habrá noche de bodas, vamos a dormir en habitaciones separadas. – digo y él se ríe. – ¿por qué eres así? – me mira fijamente. – Te dije que yo tengo novio y lo amo, y no le seré infiel sólo por haberme casado contigo. – tampoco dejo de mirarlo. – Tarde o temprano eso cambiara. – giña un ojo y me pongo furiosa. Ya quisiera, ja. Fuimos a la que va a ser “nuestra” casa, y la parte del jardín está decorada con rosas blancas, las mesas con manteles blancos y unos arreglos florales muy hermosos. – ¿te gusta? – dice cerca de mí. – Me es indiferente. – digo restándole importancia. – ¿segura? – lo miro y veo que no me cree. – Muy segura. – digo con seriedad y el sólo suspira. – Bien. – se enojó. Me toma de la mano y entramos fingiendo una sonrisa. – Sé que deseabas una boda mejor, pero… - interrumpo a mi ahora suegra sin ser grosera. – Descuida, es perfecto... - siento que le di una sonrisa sincera porque la suya es cálida. – Pasen. – nos guía hasta la mesa principal y a decir verdad todo es perfecto, sólo me gusta llevarle la contraria a mi “esposo”. El tiempo pasa y sigo sin dejar de pensar en Cris, y su traición, es decir, ¿desde cuándo me ha estado engañando? Tan sólo de pensar en eso siento una mezcla entre decepción, tristeza y furia, y para colmo, me casan con un mujeriego de primera. Aun no puedo olvidar a esa zo… mujercita quien estaba muy alegre en compañía de Dónovan. Celebramos con champaña de la mejor, cortando el pastel mientras nos tomaban fotos, algo que no será para el resto del mundo. – ¡Muchas felicidades! – dice la mujer del registro civil y ahora que la veo bien, es la misma de aquel día que quería visitar la empresa. – Gracias. – dice Dónovan dándole un fuerte abrazo y un beso en la mejilla. – Es muy hermosa tu esposa. – dice mirándome con una sonrisa y la miro sin comprender. – Ella es Marian, mi hermana mayor. – ¡¿Hermana?! – Mucho gusto. – digo un poco apenada y ella me abraza con amor. – El placer es mío. – dice sonriéndome. – Y tú… cuídala. – le advierte y él sólo asiente. Ya en la casa solos… Se supone que hoy tendría también mi noche de bodas, pero ¿Qué creen? ¡Exacto! No habrá y eso ya se lo había dejado muy en claro, simplemente no quiero estar con un hombre al que no conozco y aunque parezca masoquista y loca, aun deseo estar con el hombre que amo, Cristóbal, él había estado muy insistente en video llama y enviándome mensajes diciendo que deseaba hablar conmigo, aun me siento muy dolida por eso, pero algún día tendré que enfrentarlo y obviamente sin decirle que me he casado, no deseo perderlo nunca más. – Anya… - la voz de Dónovan me saca de mis pensamientos. – ¿Qué? – digo de mal humor. – ¿Por qué estás en esta habitación? – me mira con los brazos cruzados. – Es broma ¿verdad? – lo miro molesta. – Te dije que no… me… voy… a ... ir… contigo. – lo digo lentamente para a ver si así lo entiende. – Te recuerdo que ya eres mi esposa y tu deber es… - no lo dejo terminar de hablar. – Y yo te recuerdo que al casarnos no significaba que me iba a quedar contigo… - me levanto de la cama enfrentándolo. – Anya… - me dice de una manera amenazante, pero no le tengo miedo. – Además, quedamos en que sería tu asistente. – digo sin dejar de mirarlo – ¡Bien! Como quieras. – sale de mi habitación muy molesto. Para lo que me importa. No es más que un idiota. En eso suena mi teléfono y contesto sin ver quien es. – Diga… - digo en un tono molesto – Anya, amor. Soy yo, Cris. – lo que me faltaba. – ¿Qué quieres? – digo tratando de sonar calmada. – ¿es en serio? No respondes a mis llamadas. – dice furioso. Tiene que ser una broma. – Eres la persona más sínica que conozco. ¿ya se te olvidó que me dejaste por otra? – estoy que ni el sol me calienta. (en buen sentido) – ¿dis… disculpa? – dice nervioso. – Ay ¿sabes qué?… vete al diablo. – cuelgo la llamada. Ya sé, me estoy contradiciendo y más cuando dije que aun deseo estar con él, pero me ganan las dudas ¿Qué quieren que haga? Lo único que puedo hacer por el momento es ordenar mis pensamientos y descubrir que es lo que quiero realmente. Por el momento sólo me debo concentrar en mi nuevo trabajo a lado de mi esp… Dónovan y espero no ver a ninguna de sus amantes por la empresa, no es que sea celosa y sé que tampoco queremos que nadie sepa que soy su “esposa”, pero espero que por lo menos me dé mi lugar como tal, fuera de la empresa puede hacer lo que le venga en gana. A la mañana siguiente… Me levanté temprano, no podía dormir bien anoche de tanto pensar, además que se supone que hoy nos iríamos “de luna de miel” sólo espero que no se le ocurra porque no tengo ganas de salir con él. Salí de la habitación y bajé a desayunar, vi a Dónovan ya vestido y bebiendo su café, (es tan guapo) otra vez no. – ¿No te has cambiado? – dice un poco molesto. – No veo por qué. – digo sin importancia. – Hoy salimos a nuestra luna de miel. – Este hombre está loco si piensa que iré con él. – A ver sr. Castle, en primera no habrá tal cosa y en segunda no porque ya estemos casados lo vamos a tener. – digo más molesta. – Como quieras. – me ignora y se concentra en su teléfono. Al terminar su desayuno, toma su maleta y sale de la casa sin darme una mirada, no negaré que me sentí mal.
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